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Venezuela crece, pero la recuperación no llega a todos

Por Redacción Sinergia Empresarial · 01 de septiembre de 2026 · 4 min
Venezuela crece, pero la recuperación no llega a todos

El petróleo vuelve a impulsar la economía venezolana. El PIB crece y aumenta la producción de crudo, pero la inflación y los bajos salarios impiden que el repunte llegue por igual a la población.

La economía venezolana vuelve a ofrecer cifras que hace algunos años parecían difíciles de imaginar. El producto interno bruto ( PIB ) creció un 7,14 por ciento interanual en el segundo trimestre de 2026, una clara aceleración frente al 2,51 por ciento registrado en los primeros tres meses del año. El Banco Central de Venezuela (BCV) asegura que el país acumula ya 21 trimestres consecutivos de crecimiento.

Pero hablar de "recuperación" requiere cautela. Venezuela viene de uno de los mayores colapsos económicos registrados en América Latina en tiempos de paz y todavía está muy lejos de los niveles de actividad e ingreso anteriores a la crisis.

"Estamos frente a una economía que viene de una contracción extraordinaria y que todavía mantiene niveles de actividad y de ingreso por habitante muy inferiores a los que tenía antes de la crisis", explica a DW el economista venezolano Asdrúbal Oliveros. "Crecer a tasas relativamente altas no significa necesariamente haber recuperado lo perdido".

El principal motor del repunte es conocido: el petróleo. Según el BCV, la actividad petrolera creció un 9,1 por ciento interanual entre abril y junio. La actividad no petrolera también avanzó un 5,79 por ciento. Destacaron especialmente las actividades financieras y de seguros, con un 26,26 por ciento, y la construcción, con un 16,11 por ciento.

La evolución de la producción de crudo permite observar el cambio desde comienzos de año. Según las fuentes secundarias de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), recogidas en sus informes mensuales Monthly Oil Market Report (MOMR), Venezuela pasó de producir alrededor de 823.000 barriles diarios en enero a unos 1,12 millones en julio.

El petróleo no solo aporta directamente al PIB. También proporciona las divisas que necesita una economía que funciona en gran medida con dólares.

"El incremento de la producción y, especialmente, de las exportaciones ha permitido una mayor entrada de divisas, que termina permeando hacia otras actividades", señala Oliveros. Eso ha dado al Estado mayor capacidad para intervenir en el mercado cambiario y ha aumentado la disponibilidad de dólares para las empresas.

El economista identifica además una recuperación desigual del sector privado: comercio, servicios, tecnología, actividades financieras y algunos segmentos industriales muestran dinamismo, mientras que la situación es distinta en sectores que dependen principalmente del consumo masivo.

El economista José Manuel Puente introduce otro motivo de cautela: la calidad de los datos. El BCV volvió a divulgar recientemente cifras de crecimiento después de años de información incompleta, pero publica tasas de variación sin ofrecer todas las magnitudes necesarias para reconstruir adecuadamente las series.

"Hay un problema de opacidad y de transparencia desde hace muchos años", señala Puente a DW. Los datos muestran crecimiento, dice, pero "no son de toda la calidad que uno quisiera" y eso genera desconfianza.

Más importante aún es el punto de partida. Puente recuerda que, entre 2014 y 2020, Venezuela perdió alrededor del 73 por ciento de su PIB. Por eso, incluso varios años creciendo a tasas relativamente elevadas no bastan para regresar rápidamente al nivel anterior al colapso.

La incertidumbre institucional constituye además un freno para nuevas inversiones. El regreso o la permanencia de compañías extranjeras en el sector petrolero abre posibilidades de aumentar la producción, pero Puente advierte que para atraer inversiones a largo plazo también hacen falta seguridad jurídica, garantías a la propiedad e instituciones que generen confianza.

Oliveros coincide en la importancia de crear condiciones que permitan transformar el dinero del petróleo en algo más duradero: "El petróleo puede financiar una recuperación, pero no puede sustituir una estrategia de desarrollo". Para ello, enumera retos pendientes como: disciplina fiscal, estabilidad monetaria, seguridad jurídica, recuperación del crédito, mejores infraestructuras y reglas claras para la inversión privada.

La otra cara del repunte se encuentra en los precios y los ingresos. Venezuela sigue sufriendo una inflación extremadamente elevada. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta para 2026 un aumento de los precios al consumidor del 387,4 por ciento y un crecimiento real del PIB del 4 por ciento. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es más optimista respecto al crecimiento y calcula alrededor de un 6,5 por ciento, pero también prevé una inflación cercana al 385 por ciento.

Esa combinación ayuda a explicar una aparente contradicción: la economía crece con fuerza mientras muchos hogares apenas perciben la mejoría.

"Los salarios reales continúan siendo bajos para una parte muy importante de la población y la inflación sigue erosionando el poder adquisitivo", explica Oliveros. "Puede haber crecimiento del PIB sin que la mayoría de los venezolanos perciba todavía una mejora equivalente en su bienestar".

Puente pone el foco igualmente en los salarios y las pensiones. El crecimiento de algunos sectores, sostiene, todavía no compensa la pérdida de poder adquisitivo ni las deficiencias de servicios básicos como electricidad y agua. Y estas últimas también representan un obstáculo para la propia expansión de la economía: una industria que quisiera crecer sostenidamente necesitaría una infraestructura capaz de acompañarla.

Información con base en Redacción Sinergia Empresarial. Redacción y edición: Sinergia Empresarial.