Tobias Gralke, promotor del referéndum de vivienda en Alemania: "En Berlín también tenemos muchas 'Maricármenes'"

El activista alemán, que impulsó la expropiación de viviendas en manos de grandes inmobiliarias, defiende la intervención del mercado para garantizar alquileres asequibles
Tobias Gralke (Wiesbaden, 35 años) fue uno de los impulsores de la campaña Deutsche Wohnen & Co. enteignen (Expropiemos a Deutsche Wohnen y compañía), el movimiento que llevó al referéndum de 2021 en el que una mayoría de berlineses respaldó la nacionalización (en alemán se refieren a ello como "socialización") de las viviendas en manos de grandes inmobiliarias. La iniciativa se ha convertido desde entonces en una de las principales banderas del partido Die Linke, que situó la vivienda en el centro del debate político durante las últimas elecciones regionales en las que logró la victoria. Filólogo, filósofo, dramaturgo y activista, Gralke ha participado en distintas movilizaciones sociales y recientemente ha colaborado con los Sindicatos de Inquilinas en varios actos organizados en España tras el desahucio de Maricamen.
Pregunta. Berlín fue una ciudad relativamente asequible durante décadas. ¿Cuándo empezaron los berlineses a sentir que el mercado de la vivienda ya no funcionaba?
Respuesta. Las raíces de los problemas de vivienda que sufren hoy los berlineses se remontan a muchos años atrás. En las décadas de 1990 y 2000, el Senado de Berlín entregó cientos de miles de viviendas públicas a fondos internacionales de inversión y grandes corporaciones. Desde entonces, los alquileres casi se han duplicado en Berlín y la ciudad ha perdido cerca de 250.000 viviendas sociales, que han pasado a manos privadas. Ahora solo quedan unas 100.000 viviendas sociales, mientras que más de un millón de personas tienen derecho a acceder a una de ellas. Además, no se construye suficiente vivienda nueva porque la hacen los actores privados y son completamente inaccesibles por su precio. Simplemente ya no hay suficiente vivienda asequible porque los políticos entregaron los hogares de cientos de miles de berlineses a corporaciones orientadas al beneficio, que las tratan como activos para sus accionistas.
P. ¿Cómo avanzan las negociaciones para formar gobierno en Berlín tras las elecciones del pasado día 20 en las que se impuso el partido de izquierda anticapitalista Die Linke?
R. Vamos a tener un nuevo gobierno en Berlín y, sea cual sea ese gobierno, tiene que aplicar el resultado favorable del referéndum que la mayoría de los berlineses votó hace cinco años. Como movimiento, hemos hecho el trabajo de la Administración redactando nosotros mismos la legislación necesaria; ahora el nuevo gobierno tendrá que aprobarla.
P. La CDU del canciller alemán, Friedrich Merz, y los socialdemócratas han planteado modificar la legislación federal para impedir la nacionalización de grandes carteras de vivienda mediante leyes regionales.
R. La resistencia que vemos, especialmente a escala nacional, proviene sobre todo de políticos centristas y de derechas, incluido nuestro canciller y antiguo directivo de BlackRock, que están intentando bloquear políticas progresistas en Berlín y en otros lugares, principalmente en interés del lobby inmobiliario y de sus aliados financieros. Pero lo que sí podemos decir es que cualquier intento de prohibir por ley federal la nacionalización de la vivienda sería muy probablemente inconstitucional. La Constitución alemana nos otorga el derecho a la nacionalización y el Gobierno federal no puede simplemente actuar en contra de ello y de la voluntad popular.
P. ¿Cómo explica que una medida como esta, que puede verse como una propuesta radical, acabara obteniendo el apoyo de una mayoría de votantes en Berlín?
R. Creo que, en realidad, no es una idea tan radical exigir que la gente pueda permanecer en sus hogares y permitirse vivir en la ciudad en la que ha vivido durante los últimos diez, 20 o 50 años. Lo que sí es radical es el nivel de destrucción que los fondos de inversión y las grandes corporaciones provocan en nuestras vidas, barrios y comunidades. Nuestra propuesta, en cambio, es algo que apoyaron más de un millón de personas, casi el 60% de los votantes de Berlín, porque es de sentido común que todo el mundo necesita una vivienda y debería poder permanecer en ella.
P. Si finalmente se lleva a cabo, ¿qué efectos concretos tendrá sobre los alquileres y el mercado de la vivienda de la ciudad?
R. La nacionalización de la vivienda es la mejor medida para mantener los alquileres asequibles a largo plazo. Y si nacionalizamos 240.000 viviendas en Berlín, eso también tendrá un efecto más amplio sobre el conjunto del mercado. Queremos poner fin a la espiral especulativa de los últimos 20 o 30 años, durante los cuales los alquileres han aumentado año tras año en interés de los accionistas, y mantener Berlín como una ciudad para todos.
P. ¿Por qué cree que la vivienda se ha convertido en una cuestión capaz de unir a Berlín de una manera que otras demandas sociales igualmente importantes no han logrado?
R. En Berlín, el 85% de la población vive de alquiler, por lo que estar enfadado con tu casero y tener miedo de perder tu hogar es realmente una experiencia compartida y unificadora. Da igual si llevas toda la vida viviendo en Berlín o acabas de llegar, pagar cada mes una gran parte de tus ingresos a corporaciones es una de las experiencias más comunes. Y la falta de asequibilidad de la vivienda en general es ahora mismo el problema más importante para los berlineses.
P. En España existe un intenso debate entre quienes atribuyen la crisis de la vivienda a la falta de oferta y quienes ponen el foco en que la vivienda se haya convertido en un activo financiero.
R. Necesitamos sin duda más vivienda asequible. No estamos en contra de construir nuevas viviendas. Pero, como decía antes, los actores privados rara vez construyen viviendas asequibles, si es que construyen alguna, porque no les resulta rentable alquilarlas a precios que la mayoría de la gente pueda permitirse. Como campaña, nos centramos en sacar la vivienda de las manos de los fondos de inversión y las grandes corporaciones, pero también estamos a favor de construir nuevas viviendas asequibles. Pero estas deben ser públicas y no estar impulsadas por la especulación.
P. ¿Cree que la crisis de la vivienda se está convirtiendo en una amenaza para la democracia y la estabilidad social en las ciudades europeas?
R. Sí. Esto forma parte de un problema más amplio de asequibilidad y coste de la vida que vemos en todo el mundo. Cuando las personas que trabajan todos los días sienten que aun así necesitan ayuda para vivir, y que el Estado no hace nada por ellas o incluso bloquea activamente medidas que podrían aliviar la situación, eso se convierte en un problema. En Berlín la gente ha hablado con una mayoría clara y, aun así, muchos gobiernos y políticos han decidido bloquear el referéndum durante años.
P. A estas alturas, ¿tienen más influencia sobre el futuro de una ciudad las instituciones democráticas o los grandes propietarios inmobiliarios?
R. Es una pregunta complicada. Nos gustaría que fuera cierto que la gente y las instituciones democráticas tienen el poder. Pero lo que hemos visto durante los últimos cinco años es diferente. Hemos visto gobiernos que se han negado a seguir la voluntad de la gente y que, en cambio, han escuchado más al lobby inmobiliario que a las personas a las que deberían representar. Ahora tenemos una nueva oportunidad con un nuevo gobierno que puede actuar de acuerdo con la voluntad popular y nosotros nos aseguraremos de exigirle responsabilidades.
P. Visto desde fuera de España, ¿qué aspectos de la crisis de la vivienda española le llaman más la atención?
R. Lo que hemos visto durante los últimos años, y estos días con Maricarmen, es realmente desgarrador e impactante. En Berlín también tenemos muchas Maricármenes. Sé que este es un caso entre muchos, muchísimos otros, pero destaca porque conecta con muchísima gente de distintos ámbitos que se opone a este tipo de prácticas corporativas y a los políticos que las permiten. Así que existe un enorme potencial para un auténtico movimiento de masas por el derecho a la vivienda, y los sindicatos de inquilinos aquí ya están haciendo un trabajo increíble. Su lucha es la misma que estamos librando en Berlín y en otros lugares, y apoyo plenamente sus reivindicaciones de contratos de alquiler indefinidos y del fin de los desahucios forzosos.
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¿Cómo avanzan las negociaciones para formar gobierno en Berlín tras las elecciones del pasado día 20 en las que se impuso el partido de izquierda anticapitalista Die Linke?
La CDU del canciller alemán, Friedrich Merz, y los socialdemócratas han planteado modificar la legislación federal para impedir la nacionalización de grandes carteras de vivienda mediante leyes regionales.
¿Cómo explica que una medida como esta, que puede verse como una propuesta radical, acabara obteniendo el apoyo de una mayoría de votantes en Berlín?
Si finalmente se lleva a cabo, ¿qué efectos concretos tendrá sobre los alquileres y el mercado de la vivienda de la ciudad?
¿Por qué cree que la vivienda se ha convertido en una cuestión capaz de unir a Berlín de una manera que otras demandas sociales igualmente importantes no han logrado?
En España existe un intenso debate entre quienes atribuyen la crisis de la vivienda a la falta de oferta y quienes ponen el foco en que la vivienda se haya convertido en un activo financiero.
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