Qué hay tras el afán de Trump por rebautizar la IA como superinteligencia

El presidente estadounidense impulsa un cambio de nombre para la IA, que pasaría a llamarse "superinteligencia". Expertos sostienen que la tecnología actual está lejos de serlo.
¿Por qué Donald Trump insiste en renombrar las cosas? Primero, el Golfo de México pasó a llamarse "Golfo de América", al menos en los documentos federales de Estados Unidos, aunque no a nivel internacional. Después, el lago Ontario se convirtió en "Lago América". Ahora quiere rebautizar la tecnología más emblemática de nuestra época: la inteligencia artificial (IA).
A principios de este mes, el presidente estadounidense afirmó en su plataforma Truth Social que el término "inteligencia artificial" es "inexacto" y "poco elegante". Según él, expresiones como "inteligencia superior", "inteligencia extrema" o "inteligencia suprema" serían alternativas más adecuadas.
En una encuesta realizada durante tres días en redes sociales, los seguidores de Trump eligieron "Super Intelligence" (SI, o "superinteligencia") frente a "Superior Intelligence" ("inteligencia superior"), con un resultado aproximado del 65 frente al 35 por ciwento. Esto le permitió anunciar la semana pasada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que los documentos federales estadounidenses utilizarán en adelante la nueva denominación.
El nuevo término aún no ha sido adoptado por la industria tecnológica. Académicos y expertos advierten de que "superinteligencia" es un concepto reservado para un escenario futuro en el que las máquinas superen a los seres humanos en prácticamente todos los ámbitos. Según ellos, los modelos actuales de IA todavía están lejos de alcanzar ese nivel.
"La mayor parte de la IA no es superinteligencia, sino simplemente una inteligencia diferente", explica a DW Pedro Domingos, profesor de Ciencias de la Computación de la Universidad de Washington. "La IA realiza tareas distintas a las que hacen los humanos, por lo que llamarla superinteligencia resulta engañoso".
El término "inteligencia artificial" fue acuñado en 1956 por científicos de la computación y matemáticos en Dartmouth College, en el estado de New Hampshire, EE.UU. La palabra "artificial" simplemente indicaba que se trataba de una inteligencia creada por seres humanos, en contraste con la inteligencia natural.
Para los críticos, cambiar el nombre no reducirá los temores asociados a esta tecnología, como la pérdida de empleos frente a las máquinas o la posibilidad de que la tecnología escape del control humano.
"El cambio de nombre más bien alimenta esos miedos: 'Oh, esto es superinteligencia y va a volver obsoletos a los seres humanos, quitarles el trabajo o rebelarse contra ellos'", advierte Domingos.
Estas preocupaciones ya han llegado al Congreso de Estados Unidos. La semana pasada, el senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, presentó junto a otros legisladores un proyecto de ley destinado a "prohibir permanentemente el desarrollo de una superinteligencia artificial que los seres humanos no puedan controlar".
La iniciativa también propone ralentizar el desarrollo de sistemas avanzados de IA hasta que existan mecanismos federales de evaluación y supervisión adecuados.
El nuevo nombre que impulsa Trump puede ser atractivo para destacar el nivel de sofisticación de los modelos que desarrollan las principales empresas estadounidenses. Estos sistemas ya superan a los humanos en numerosas tareas especializadas y, hasta hace poco, mantenían una clara ventaja frente a China.
Quizá por ello las empresas tecnológicas estadounidenses valoran positivamente cualquier iniciativa que promueva la percepción de que siguen liderando la carrera global de la inteligencia artificial. "Los laboratorios estadounidenses tienen todo el interés en llamarla superinteligencia, hiperinteligencia o inteligencia superior, porque eso magnifica sus capacidades. Es puro marketing", opina Domingos, autor del libro The Master Algorithm.
Aunque los modelos actuales continúan mejorando y ya pueden realizar varias tareas de forma autónoma, el siguiente paso que muchos laboratorios contemplan es el desarrollo de sistemas capaces de mejorarse a sí mismos.
Este concepto se conoce como recursive self-improvement (RSI), o automejoras recursivas y podrían surgir tan pronto como 2027, aunque OpenAI cree que ocurra tal vez algo más tarde. En cualquier caso, incluso cuando eso suceda, los sistemas seguirían sin ser plenamente recursivos.
En otras palabras, una verdadera superinteligencia requiere poder diseñar y fabricar chips, robots humanoides e incluso construir o sustituir fábricas enteras sin intervención humana. Las máquinas capaces de mejorarse completamente sin ayuda humana probablemente sigan estando a décadas de distancia.
Más allá de los avances que pueda alcanzar la IA, quizá sea la política lo que determine si el término "superinteligencia" logra imponerse.
Aunque Trump asegura que el nuevo nombre le ha gustado al presidente chino, Xi Jinping, Pekín aún no ha mostrado indicios de que vaya a abandonar el término IA.
Durante una cumbre tecnológica con destacados líderes del sector, Trump firmó una orden ejecutiva para usar la sigla SI oficialmente. Aunque algunas empresas del Big Tech han obedecido la orden, los expertos consideran poco probable que se generalice.
"Conociendo la orientación política de gran parte de las personas que trabajan en este sector, es más probable que reaccionen en sentido contrario y digan: 'Al diablo con eso. Vamos a seguir llamándola inteligencia artificial, incluso más que antes '", concluye Domingos.
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