Milei, el campeón de la libre empresa

¿ Ha logrado Javier Milei revitalizar la economía en Argentina?
Javier Milei regresa a Washington, su quinta visita a Estados Unidos en 2026, con una agenda que dice más de la estrategia que del protocolo. Hablará ante la Cámara de Comercio estadounidense sobre el desafío de crecer tras décadas de populismo, se reunirá con empresarios y recibirá el premio de Campeón Mundial de la Libre Empresa. En una época de competencia feroz por el capital, un galardón no es adorno: es un mensaje. Los gobiernos también se mercadean, y Argentina lo hace con una marca nítida: estabilidad, desregulación y alineamiento con Washington.
El calendario no es casual. El viaje ocurre en la recta final de las elecciones de medio término en Estados Unidos, a pocos días del balotaje brasileño y antes de una escala en Madrid. Argentina quiere ser la puerta de entrada del giro regional hacia el capital norteamericano: Vaca Muerta, litio, cobre, energía. Para un país que durante décadas estuvo en la periferia de la agenda inversora, la visibilidad es un activo estratégico.
Conviene darle su valor al marketing de gobierno. La confianza es un bien económico. El inversor decide con información incompleta, y las señales claras, como la defensa de la propiedad, el respeto a los contratos y una moneda previsible, reducen el costo de la incertidumbre.
Un marco de libertades beneficia al ciudadano porque el emprendedor local también compite mejor cuando las reglas dejan de cambiar. La inversión trae empleo, proveedores, impuestos y tecnología. Ese argumento de fondo es sólido: sin inversión no hay desarrollo sostenible, y un gobierno que lo entiende parte con ventaja.
Pero la pregunta de esta columna es otra: ¿ha logrado Milei reavivar el espíritu emprendedor en Argentina? La respuesta honesta es que cambió el clima, aunque todavía no el censo.
En el haber hay una inflación mensual muy lejos de los niveles de 2023, una apertura comercial, una reforma laboral reglamentada en abril y un régimen de grandes inversiones con compromisos por decenas de miles de millones de dólares. En el debe, el número de empleadores registrados ha caído cerca de 6% desde fines de 2023, con el golpe concentrado en las pymes, y buena parte de los proyectos de energía y minería son de largo plazo y de pocos sectores.
Es una economía de dos velocidades: la de los grandes capitales que miran el horizonte y la de los negocios pequeños que sufren el presente.
Ahí está la prueba. El espíritu emprendedor no se mide en galas, sino donde vive: en el taller, el comercio de barrio y la startup que apenas arranca. Se mide en creación neta de empresas, en empleo formal y en crédito accesible. Un premio externo valida la estrategia ante los inversores; el veredicto final lo dan quienes levantan la persiana cada mañana.
El reto institucional del gobierno es trasladar la confianza ganada en el escenario internacional a la economía de a pie. Si lo logra, el marketing habrá sido la antesala de un ciclo de inversión real. Si no, quedará como una narrativa brillante con audiencia equivocada.
Por eso la pregunta sigue abierta: ¿revivió el espíritu emprendedor argentino, o solo cambió la audiencia ante la que se presenta?



