Los hijos de Warren Buffett y el marrón de heredar 150.000 millones de dólares: "Nadie debería disponer de tanto dinero, no es natural"

Tras distanciarse de Bill Gates por el caso Epstein, el mejor inversor de la historia ha delegado en sus vástagos la administración de la fortuna familiar cuando él muera con el objetivo de destinarla a causas sociales y benéficas. Todavía no tienen claro cómo hacerlo
Las puertas se cierran con un chasquido. Una luz estroboscópica parpadea y allí, en una nube de humo teatral, aparece un tren. La risa desquiciada del cantante de heavy metal Ozzy Osbourne inunda el almacén mientras Crazy Train retumba por los altavoces. Howard Buffett sí que sabe cómo hacer una entrada triunfal. El hijo mediano de Warren Buffett es quien ha conjurado este sueño delirante en Decatur, la pequeña ciudad de Illinois donde vive. Este decorado bizarro es una muestra de una de sus pasiones personales: un centro de formación policial que ha construido aquí con fondos benéficos de su padre, el Oráculo de Omaha.
En el bucólico valle del Hudson, al norte de la ciudad de Nueva York, Peter Buffett, el hermano menor, está convirtiendo, también con los fondos familiares, una antigua fábrica de muebles en un espacio comunitario de lo más moderno, que incluye un centro de fabricación y una biblioteca inspirada en Harry Potter.
Mientras tanto, en su ciudad natal de Omaha, la hermana mayor, Susan, más conocida como Susie, está destinando otra parte de la fortuna de los Buffett a diversas organizaciones benéficas: centros de educación infantil, programas extraescolares y un museo de ciencias. Sus oficinas están repletas de fotos, pósters e incluso peluches Squishmallows que rinden homenaje a la leyenda que lo hizo todo posible: el inimitable Warren Edward Buffett, la décima persona más rica del mundo y, para muchos, el rostro paternal del capitalismo estadounidense.
Así es como se decidirá el destino de una de las mayores fortunas del mundo: en manos de tres hermanos muy diferentes y que no esperaban ser —ni siquiera deseaban— quienes tomaran esa decisión. Y el tiempo apremia. Warren Buffett, presidente emérito de Berkshire Hathaway Inc., tiene 96 años y un patrimonio de 150.000 millones de dólares (133.000 millones de euros). Hasta hace poco, Bill Gates, se encargaba de donar la mayor parte del dinero a través de su fundación. Pero el pasado mes de julio, tras conocerse la relación de Gates con Jeffrey Epstein, seguida de su divorcio, y sin previo aviso, el para muchos mejor inversor de la historia dio un volantazo: Susie, Howard y Peter pasaron a ser los principales administradores de su fortuna.
Buffett es conocido por su perspicacia empresarial. Pero también es famoso por su compromiso de donar la mayor parte de su fortuna. Sin embargo, su patrimonio es tan inmenso, y sigue aumentando tan rápidamente, que se ha convertido en una extraña carga para sus hijos, a los que se les ha impuesto en el último momento el destino de la misma. Si los hermanos logran redistribuirlo todo, sería una hazaña sin precedentes, que reforzaría la insistencia de su padre en que es mejor destinar su fortuna a la caridad que utilizarla para reducir la deuda federal a través de los impuestos. Si fracasan, dejaría una mancha en el legado del Oráculo.
La decisión que tomen no solo afectará a la familia. Donar tanto dinero tiene el potencial de transformar el panorama de las organizaciones sin ánimo de lucro. Incluso MacKenzie Scott, exmujer del fundador de Amazon, con sus revolucionarios cheques de grandes cantidades y sin condiciones, solo cuenta con una fracción de los recursos de Buffett. Y, a diferencia de ella, los hermanos no son partidarios de donaciones a esa escala, y prefieren dedicar su energía a un puñado de causas que les motivan y aliados de confianza.
Eso significa que probablemente tendrán que dedicarse a ello durante el resto de sus vidas. Tienen, por orden descendente, 73, 71 y 68 años. Han llevado una vida relativamente modesta: cada uno ha cultivado sus propios intereses eclécticos y se ha dedicado a causas benéficas sin ninguna influencia por parte de su padre. Los tres esperan donar el dinero en vida. La pregunta es: ¿cómo? ¿Lo ponen todo en común? ¿Cada uno dona por su cuenta? "No lo sabemos", reconoce Susie Buffett. "Aún no lo sabemos".
Howard, desde septiembre, presidente de Berkshire, tiene una larga lista de tareas pendientes que quiere revisar. Hasta finales del año pasado, ya había donado más de 1.200 millones de dólares a Ucrania; casi 167 millones de dólares a la República Democrática del Congo, asolada por los conflictos; 497 millones de dólares a Ruanda y otros 287 millones de dólares a Colombia, entre otras cosas. Peter, el hermano pequeño que conduce un Subaru, no tiene muy claro qué hacer. Hace un par de años le dijo a su padre que no quería tener nada que ver con todo esto. "Yo tampoco querría", le respondió el patriarca del clan. "No creo que nadie deba tener tanto dinero a su disposición", afirma Peter. "Simplemente no es natural".
El Óraculo posee el 38,5% de las acciones de clase A (las que concentran los derechos de voto) de Berkshire. Mientras viva, cuatro fundaciones —una fundada en 1964 y que ahora lleva el nombre de su difunta esposa, Susan Thompson Buffett, más una para cada uno de sus tres hijos— heredarán de hecho una parte cada vez mayor de sus acciones de Berkshire hasta que el patrimonio se agote. La mayor parte irá a parar a la primera. No se sabe con certeza cuántas acciones se transferirán en un año determinado; ni siquiera Susie, Howard y Peter lo saben. Los tres esperan conocer la próxima asignación en noviembre, en torno al Día de Acción de Gracias.
Cuando Warren Buffett fallezca, todo lo que quede pasará a manos de sus hijos, quienes tendrán que ponerse de acuerdo por unanimidad sobre cómo gastarlo: "No hay precedentes para la magnitud de esta donación, porque no hay precedentes para la magnitud de la fortuna", afirma Elizabeth Dale, directora ejecutiva en funciones del Dorothy A. Johnson Center for Philanthropy.
Warren y su mujer Susan empujaron en 1999 a sus hijos a dedicarse de verdad a la labor filantrópica (Susan, activista por los derechos civiles y los derechos reproductivos de las mujeres, falleció inesperadamente en 2004 a causa de un ictus. Tenía 72 años). Por aquel entonces, su hija Susie era ama de casa y trabajaba como voluntaria en organizaciones sin ánimo de lucro de Omaha. Howard era, y sigue siendo, un agricultor de maíz y soja que se siente como en casa en la cabina de un tractor. Peter era músico y compositor. Sus padres crearon fundaciones benéficas que llevan el nombre de cada uno de sus hijos y las dotaron con unos 30 millones de dólares cada una.
Desde el principio, la esposa activista de Warren había sido su guía en materia de filantropía. Tras su fallecimiento, Buffett necesitaba un plan. Ahí entraron en escena los Gates. En 2006, con una vertiginosa gira de prensa, Warren, Bill y Melinda presentaron su visión de una nueva y brillante era de la filantropía. Buffett tenía un patrimonio de 44.000 millones de dólares en aquel momento. Prometió que la mayor parte de esa cantidad se destinaría a la Fundación Bill y Melinda Gates, que ahora se llama simplemente Fundación Gates. Por entonces, se trataba de una organización filantrópica en rápido crecimiento con ideas de gran envergadura: erradicar la malaria, controlar el Sida e invertir en educación en Estados Unidos. Cuatro años más tarde, el trío puso en marcha Giving Pledge, una campaña benéfica para animar a los más ricos a contribuir a la sociedad. Sin embargo, la relación de Buffett con Gates a veces molestaba a sus hijos, según cuenta Peter. "Mi padre estuvo un tiempo encariñado con Bill", recuerda.
La iniciativa Giving Pledge ha perdido popularidad últimamente. Son menos los multimillonarios que se suman a ella que en sus inicios, a pesar de que las filas de los superricos no dejan de crecer, y los críticos con el lavado de imagen de las grandes fortunas a través de la filantropía han cuestionado cuántos firmantes están cumpliendo de verdad sus compromisos de donar sus fortunas.
Aaron Horvath, fundador de Private Wealth and the Public Good, un grupo de investigación centrado en la filantropía y en exigir responsabilidades a quienes poseen una riqueza extrema, afirma que el mundo no puede contar con la generosidad de los multimillonarios. "Hay mucha preocupación en torno a la pregunta: '¿Son los ricos lo suficientemente generosos?", se cuestiona este experto.
Susie es la única de los hermanos que se ha establecido en Omaha, donde ha mantenido una sensación de normalidad formando parte de una sólida red de fundaciones benéficas. El impacto de Sherwood, su fundación, es visible por toda la ciudad. Ha contribuido al museo de ciencias situado cerca de la ribera del río, al Museo de Arte Joslyn y a Ooh De Lally, un restaurante que da empleo a personas que han estado en prisión.
Desde el principio, Susie se ha centrado sobre todo en la educación infantil. Después de que un director de escuela le comentara que muchos niños llegaban al jardín de infancia con un retraso en el aprendizaje, Sherwood (con el apoyo inicial de NoVo, la fundación de Peter) creó el Buffett Early Childhood Fund. En la actualidad, invierte en diversas iniciativas y respalda una red de 25 centros de educación infantil bajo el nombre de Educare, en colaboración con el programa federal Head Start.
Todos los domingos después de comer, Susie, Howard y Peter se llaman por teléfono. La conversación acaba girando inevitablemente en torno a su padre. Susie, que vive cerca, ha estado echando una mano con su cuidado (se recupera de la fractura de una pierna). Los hermanos están empezando a pensar en cómo rendirán homenaje a su padre cuando llegue el momento. A veces, también intercambian ideas sobre cómo gastar la fortuna de Buffett.
Susie prefiere esperar antes de dar más detalles, pero se plantea destinar más fondos a su causa favorita: la educación infantil. Howard está pensando en la asistencia sanitaria en las zonas rurales de Nebraska e intenta mediar para lograr la paz en la República Democrática del Congo. Peter se pregunta si se podría ampliar a mayor escala parte de su trabajo en torno a la renta básica universal, esa idea tan debatida de repartir dinero gratis a todo el mundo para suavizar los aspectos más duros del capitalismo. Tiene algunas dudas.
Las solicitudes de dinero no dejan de llegar, pero ellos quieren evitar dar cantidades muy voluminosas a una sola organización. Al igual que muchos grandes filántropos, sostienen que las donaciones enormes, como las que hace la exmujer de Jeff Bezos, pueden abrumar a las ONG que las reciben. El hecho de que la infraestructura de los tres hermanos aún no sea muy grande tampoco ayuda a que se lancen a megaproyectos.
Nadie, ni siquiera Buffett y su extraordinaria genética, puede llevar la batuta para siempre. Puede que hoy comparta la visión de tal o cual organización sin ánimo de lucro, pero mañana quizá ya no. "Algún día habrá un líder diferente, una junta directiva diferente", dice Susie para explicar su reticencia a crear fondos de dotación. "¿Y si resulta que no es tan buena idea aquella por la que apostaste en su momento?".
Si viven tanto como su padre, los Buffett aún tienen tiempo de repartir su patrimonio. Pero, por ahora, ninguno de ellos parece especialmente seguro de que vayan a poder distribuir la fortuna familiar en vida. "Espero que sí", dice Susie. "Es mucho dinero. Vamos a hacer todo lo posible". Puede que eso no sea suficiente. Warren Buffett no se ha acercado ni de lejos a cumplir la promesa que hizo junto a Bill Gates hace tantos años. Su patrimonio ascendía a 44.000 millones de dólares cuando hizo su promesa en 2006. Hoy es más de 100.000 millones de dólares más rico, incluso después de haber donado más de 70.000 millones.
Warren Buffett prometió donarlo todo y dejó que fueran Bill Gates y, ahora, sus hijos quienes se encargaran del resto. "Ni siquiera un multimillonario de buen corazón puede hacer frente a las fuerzas económicas que no dejan de llenarle los bolsillos de dinero", afirma Horvath. "Simplemente está pasando la pelota de una generación a otra".



