Los economistas ante la gran insatisfacción

La economía y sobre todo la 'policy' no son ajenas a la polarización y guerra cultural que invaden todo.
La economa y sobre todo la 'policy' no son ajenas a la polarizacin y guerra cultural que invaden todo. Son tiempos que exigen rigor y responsabilidad.
Los economistas nos debemos a una sociedad confusa y exhausta ante la proliferacin de tanta mentira y desinformacin, una sociedad que nos exige explicaciones y respuestas. Daniel Fuentes lo hace con la presentacin de su libro Nadie elige cundo nace, con el que examina estadstica y empricamente, desde los fundamentos de la ciencia econmica, el origen del gran malestar que nos corroe. As, la gran insatisfaccin no nace de una simple confrontacin entre jvenes y mayores sino de la forma en que trabajo, proteccin social, finanzas pblicas y patrimonio se combinan para generar oportunidades, seguridad y riqueza en diferentes cohortes.
Aunque ese malestar tiene un componente generacional, en gran medida surge de la ruptura de la expectativa de progreso que impregna nuestra cultura y que consista en la confianza en que el paso a la vida adulta -trabajo, crecimiento econmico...- permita lograr un nivel de vida igual o mejor que el de quienes nos precedan. Fuentes identifica la crisis de 2008 y la transformacin demogrfica de largo alcance como origen de la prdida de esa expectativa, mostrando que el problema no es que unas generaciones estn arrebatando recursos a otras, sino que los mecanismos que permitan convertir el progreso colectivo en oportunidades individuales funcionan hoy de manera ms desigual. Un momento en el que adems occidente ha perdido todas las ventajas comparativas tecnolgicas y geopolticas que monopoliz durante ms de dos siglos tras revolucin industrial y que le permiti someter al resto del planeta.
Como demuestra Fuentes, no todas las personas vivieron la Gran Recesin en la misma situacin: para los que tenan empleo estable, vivienda o patrimonio fue muy diferente que para los que entonces comenzaban su vida laboral. Una misma crisis puede dejar consecuencias duraderas diferentes segn la edad a la que se atraviesa, pero ello no implica una contraposicin mecnica y simplista entre generaciones. Ni todos los mayores son propietarios acomodados ni todos los jvenes afrontan las mismas dificultades. La vivienda revela el verdadero alcance del problema, y empricamente permite comprender por qu una diferencia de oportunidades al comienzo de la vida adulta puede prolongarse durante dcadas. La explicacin se hace ms compleja al incorporar cambio demogrfico y finanzas pblicas. La menor fecundidad y el aumento de la longevidad plantean desafos reales y es legtimo discutir cmo repartir esos costes. Lo que no resulta convincente es presentar a los pensionistas como responsables de las dificultades de emancipacin de los jvenes. El conflicto distributivo existe, pero no coincide necesariamente con una frontera entre generaciones. Una poltica que mejora la sostenibilidad de las pensiones no construye por s misma viviendas, ni una poltica de vivienda eficaz elimina los desafos del envejecimiento.
El libro presenta argumentos contundentes sobre salarios y pensiones, deuda pblica y polticas de gasto, vivienda y patrimonio, formulando las propuestas que se esperan de la ciencia econmica, porque no se trata de elegir entre proteccin social y creacin de oportunidades, sino de reconocer que ambas cumplen funciones diferentes y complementarias.
Pablo Hernndez de Cos prorroga este trabajo sobre la gran insatisfaccin, destacando su propuesta de fondo que consiste en crear oportunidades, actuando antes de que la desigualdad imponga una realidad cuyas consecuencias queremos evitar. Las oportunidades no deben depender del patrimonio familiar o del momento histrico en que se nace. Hernndez de Cos hace un llamamiento a la accin que, para las pensiones en un marco de longevidad, exige definir cmo adaptar su suficiencia, algo para lo que s sirve la inmigracin si se acompaa de empleo, formacin y vivienda.
Problemas complejos exigen soluciones complejas, algo harto difcil hoy en un tiempo en el que la guerra cultural contamina tambin el anlisis econmico, una guerra macrocultural econmica de la que no cabe esperar resultados.
En este marco, Antn Costas citaba a Gustave Flaubert y su "rabia de querer concluir" -rage de vouloir conclure-, para recordar a Albert O. Hirschman cuando seal que la generalizacin de la insatisfaccin impulsaba la adopcin de medidas simplistas en marcos totalitarios, llevando a la aprobacin de polticas precipitadas sin comprender las causas de los problemas que se pretende resolver.
Y est sucediendo en este tiempo de auge del populismo de derechas, algo que es a la economa lo que los antivacunas son a la salud. Algo cotidiano como los anlisis parciales que slo miran una parte del problema, la intoxicacin con fines ideolgicos, o la desacreditacin de los indicadores econmicos y fuentes estadsticas. Abundan los antiguos neoliberales ortodoxos que niegan cualquier efecto econmico pernicioso al proteccionismo e irresponsabilidad arancelaria, a la falta de competencia o al intervencionismo cuando se trata de los EEUU de Donald Trump. Abominan de la poltica monetaria clsica y de la independencia de los bancos centrales, no ven efecto negativo alguno en la subida de los precios del petrleo provocado por la guerra de Irn, y callan ante actividades predatorias y corruptas en las finanzas y los negocios internacionales.
Y cuesta explicar verdades. En Espaa se eleva el ruido a niveles ensordecedores para tapar nuestra mejor situacin econmica. Poco importa que nuestra economa creciera un 2,8% en 2025 frente al 1,5% de la Eurozona, o un 2,5% frente a un 0,9 este ao, un 8,5% acumulado desde 2020 frente al 2,6% de la Zona euro. O que lo haga mientras se reduce la deuda de los hogares, la de las empresas, la exterior, la posicin deudora neta, y la deuda pblica (desde el 119% del PIB en 2020 al 100,4% en 2025, con un dficit del 2,4%). Exportamos ms de lo que importamos, y ms servicios no tursticos que turismo, un hito histrico. Muy atrs quedan Alemania, Francia e Italia, y no digamos el Reino Unido tras los estragos generados por el Brexit que jale y se anot como xito el mismo populismo que nos acecha.
No hay respuestas fciles. Hay mil ejemplos. Francia se hundi porque las bajadas fiscales de Emmanuel Macron no reactivaron la economa -nunca pasa, es un mito- mientras reventaban el ascensor social. En Espaa omos cosas as todos los das. Se va a atrever alguien a decir que para construir un milln de viviendas necesitaremos otros tantos inmigrantes? En Chile las previsiones del FMI son las peores de la regin despus de Bolivia; en Argentina la emigracin sigue siendo la opcin preferida para el 40% de los jvenes; veremos en los EEUU...
Es suficiente? Pues claro que no. La deuda pblica sigue alta y aunque la posicin exterior ha mejorado 35 puntos, sigue siendo deudora. La productividad y la vivienda son asignaturas pendientes. Europa no reacciona... Lo sabemos. Economistas, a las cosas!



