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Consultorios vacíos en un país que necesita médicos

Por Merca 2.0 · 28 de octubre de 2026 · 6 min
Consultorios vacíos en un país que necesita médicos

Mientras algunos especialistas pierden pacientes, las farmacias y la inteligencia artificial transforman el mercado de la atención médica.

Algo extraño sucede en México. Conseguir una cita médica puede convertirse en una carrera de obstáculos, pero hay consultorios particulares donde las salas de espera comienzan a quedarse vacías. No hablamos de médicos recién egresados, sino de especialistas con décadas de experiencia y miles de pacientes atendidos. ¿Cómo explicar semejante contradicción en un país donde millones de personas necesitan mejores servicios de salud?

Hace unos días conversé con el doctor Armando Garduño Espinosa, pediatra al que conozco desde 2004 y que ha sido médico de mis tres hijos. Desde 2005 encabeza el Departamento de Medicina del Dolor y Soporte para Calidad de Vida del Instituto Nacional de Pediatría (INP), donde acompaña a familias que enfrentan circunstancias difíciles.

Nuestra conversación tomó un rumbo inesperado cuando abordamos la situación económica de los médicos independientes. Según su experiencia y la de algunos colegas, las consultas privadas de pediatría, medicina interna y medicina general han disminuido alrededor de 60%, incluso más en ciertos casos. No es una estadística nacional, sino una estimación que refleja lo observado en su práctica profesional.

Detrás de ese porcentaje aparece una transformación del mercado sanitario que merece atención. Durante décadas, acudir al pediatra particular representaba mucho más que pagar una consulta. Las familias buscaban a alguien que conociera los antecedentes de sus hijos, recordara sus enfermedades y ofreciera orientación cuando las preocupaciones parecían rebasarlas.

Ese modelo enfrenta ahora competidores que cambiaron las reglas del juego. Los consultorios adyacentes a farmacias ofrecen cercanía, horarios accesibles, atención sin demasiados trámites y precios al alcance de muchas familias. Para quien necesita atención médica y tiene poco dinero en el bolsillo, la decisión suele ser sencilla: acudir al establecimiento más cercano, pagar menos y regresar pronto a casa.

Sería injusto descalificar estos servicios, pues representan una alternativa real para millones de mexicanos. El problema aparece cuando el precio se convierte en el único criterio para elegir dónde atender una enfermedad que quizá requiere conocimientos especializados. No es lo mismo resolver una infección respiratoria sin complicaciones que dar seguimiento a un niño con padecimientos crónicos.

Competir solo mediante tarifas puede convertirse en una batalla perdida para los médicos independientes. Un consultorio tradicional debe cubrir renta, personal, mantenimiento y otros gastos, aun cuando la agenda tenga espacios vacíos. Las cadenas farmacéuticas, en cambio, operan bajo modelos comerciales donde la consulta forma parte de una oferta más amplia de productos y servicios.

A esta transformación se suma un competidor que hace pocos años parecía improbable: la inteligencia artificial. Hoy basta escribir algunos síntomas en una plataforma digital para recibir posibles diagnósticos y recomendaciones en segundos. Cada vez más personas buscan orientación en estas herramientas antes de acudir al médico.

Sin embargo, obtener información no equivale a recibir atención médica. Un algoritmo puede describir enfermedades y sugerir preguntas, pero no sustituye la exploración física, el juicio clínico ni la responsabilidad profesional. La tecnología ofrece oportunidades para mejorar el seguimiento y la comunicación con los pacientes, aunque también obliga a los médicos a adaptar sus servicios a nuevos hábitos de consumo.

Conocí al doctor Garduño durante un congreso de pediatría en Cancún. Yo editaba un periódico bilingüe para los asistentes y él colaboraba en la revisión de contenidos científicos. Aquella relación profesional terminó por convertirse en una historia familiar. Durante más de dos décadas lo he visto atender a mis hijos, explicar enfermedades y ofrecer tranquilidad cuando las preocupaciones de cualquier padre parecen multiplicarse.

Por eso, cuando escuché sus reflexiones sobre la disminución de pacientes, pensé en una pregunta que también interesa al mundo de los negocios: ¿cuánto vale una relación de confianza construida durante años?

En marketing hablamos de fidelización, experiencia del cliente, reputación y valor de marca. Son conceptos útiles, aunque adquieren otra dimensión cuando se aplican a la medicina. La relación entre un médico y sus pacientes no puede reducirse a una transacción comercial.

Tener experiencia ya no basta para conservar una consulta privada. Las nuevas generaciones buscan disponibilidad, información clara, facilidad para programar citas y canales de comunicación acordes con sus hábitos. Quizá ahí se encuentre una de las claves para los médicos independientes: preservar la confianza que los distingue y adaptar sus servicios a una sociedad que cambió sus prioridades.

Garduño contempla fortalecer un proyecto dedicado a los cuidados paliativos pediátricos, campo en el que ha trabajado durante más de veinte años. Su experiencia recuerda que la medicina también puede encontrar nuevos caminos cuando cambian las circunstancias.

México necesita médicos preparados, accesibles y cercanos, así como modelos de atención que respondan a las posibilidades económicas de las familias. El desafío consiste en lograr que el precio, la tecnología y la experiencia profesional se complementen, en lugar de competir hasta dejar fuera a quienes más pueden aportar.

Porque una consulta puede durar veinte minutos, pero la confianza que nace de ella puede acompañar a una familia durante toda la vida.

Menopausia: el mercado que durante años prefirió mirar hacia otro lado

Durante demasiado tiempo, la menopausia fue tratada como un asunto incómodo, casi privado, que las mujeres debían enfrentar con resignación. Hoy comienza a ocupar el lugar que merece en la conversación médica, social y empresarial.

En una entrevista reciente para Mundo Farma, el doctor José Efraín Vázquez Martínez de Velasco, ginecólogo y obstetra del Hospital Español de México, me recordó que una mujer puede pasar más de un tercio de su vida después de la menopausia. Cuesta comprender que una etapa tan prolongada haya recibido durante años una atención insuficiente.

El especialista advierte que los bochornos y las alteraciones del sueño representan apenas una parte del problema. La salud ósea, cardiovascular, metabólica y sexual también requiere seguimiento, prevención y decisiones médicas sustentadas en evidencia.

Merece atención especial la discusión sobre la terapia hormonal. Los temores surgidos hace más de dos décadas modificaron su utilización, aunque investigaciones posteriores permitieron precisar mejor sus beneficios, riesgos e indicaciones. No todas las mujeres son candidatas y cada tratamiento exige una evaluación individual.

Para la industria farmacéutica y los servicios de salud, esta transformación representa una oportunidad que va mucho más allá de vender medicamentos: desarrollar alternativas terapéuticas, fortalecer la educación médica y contribuir a que millones de mujeres reciban atención adecuada.

También exige responsabilidad en la comunicación. Prometer soluciones universales o presentar productos como naturales y, por ello, seguros puede alimentar los mismos prejuicios que se pretende combatir.

La menopausia no es una enfermedad, pero tampoco debería ser una etapa de abandono médico. Entender esa diferencia constituye un avance sanitario y una oportunidad para construir mejores servicios.

Resulta que el IMSS necesita 120 días para atender problemas que llevan años esperando solución. Zoé Robledo presentó este martes un programa de 12 acciones, con una inversión anunciada de 11 mil 745 millones de pesos, que incluye más especialistas, mejor equipamiento, reducción del rezago quirúrgico y surtimiento completo de medicamentos. Nada extraordinario para una institución que debería ofrecer eso todos los días. El anuncio llega en medio de protestas de trabajadores que reclaman mejores condiciones laborales. Habrá que esperar hasta febrero de 2027 para conocer los resultados. Por lo pronto, el Seguro Social estrena otro calendario de compromisos. Ojalá que esta vez también incluya una fecha cierta para los pacientes.

La experiencia y la confianza enfrentan una prueba que va mucho más allá del precio de una consulta.