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Alejandro Corona se multiplica

Por Merca 2.0 · 04 de noviembre de 2026 · 3 min
Alejandro Corona se multiplica

Recientemente me puse a contar cuántos especialistas me acompañan cuando trabajo con inteligencia artificial.

No los incorporé de golpe. Empecé explorando una idea. Después quise ordenar una propuesta, comparar escenarios, desarrollar una presentación. Una cosa llevó a la otra y, cuando me di cuenta, ya tenía un pequeño equipo personal. Sin haber publicado una sola vacante.

Después de tantos años trabajando en agencias, del lado de cliente, dirigiendo equipos y participando en proyectos, me resulta fascinante encontrarme con esta posibilidad. Muchas cosas que antes se quedaban en "necesitaría a alguien que me ayudara con esto" hoy ya tienen una primera versión sobre la mesa.

Y entonces me entró una duda: ¿cuánto habrá crecido realmente mi capacidad de trabajo?

Porque contar funciones es relativamente fácil. Saber a cuántas personas equivale lo que hago es otra historia. Tener apoyo para revisar números no significa tener un director financiero de tiempo completo. Pero poder explorar un presupuesto sin detener todo lo demás sí cambia mi manera de trabajar.

Yo sigo siendo uno. Eso creo. Pero puedo explorar distintas rutas de una idea, revisar una estructura comercial y trabajar un concepto visual durante el mismo día, sin tener que ejecutar personalmente cada especialidad.

Hay un Alejandro que piensa en imágenes. Otro que organiza pendientes. Uno que se emociona con las ideas y un financiero que llega a preguntar cuánto van a costar y cuánto vamos a vender. Ese último siempre aparece cuando mejor nos la estamos pasando.

Claro que llamarlos "Alejandros" tiene algo de vanidad y bastante de responsabilidad. Porque todos parten de lo que yo les doy: mis preguntas, mis referencias, mi experiencia, mis ocurrencias. Y también mis confusiones, que ahora pueden desarrollarse a una velocidad verdaderamente impresionante.

Si no sé qué quiero, puedo conseguir veinte versiones de mi indecisión. Todas muy bien presentadas.

Eso me hace pensar en lo que significa tener experiencia hoy. Durante buena parte de mi vida profesional, mi capacidad para llevar una idea más lejos dependía también de los recursos y del equipo que pudiera reunir. Ahora puedo poner a trabajar mucho de lo que he aprendido con una velocidad que antes me habría parecido exagerada.

Aunque esas manos requieren dirección. El diseñador puede producir algo atractivo y aun así no haber entendido el problema. El financiero puede entregar una tabla impecable construida sobre un supuesto equivocado. Y el project manager puede organizar perfectamente un proyecto que desde el principio no tenía mucho sentido.

Ahí sigo estando yo. Revisando, preguntando, descartando y decidiendo qué merece salir con mi nombre. Mi equipo podrá crecer, pero el que da la cara sigue siendo el original.

Lo curioso es que todavía no sé dónde termina este crecimiento. Hoy identifico nueve posiciones de apoyo. Mañana seguramente descubriré alguna más. Quizá muchas personas ya traigan detrás funciones que antes habrían requerido varios departamentos, mientras siguen presentándose como "consultor independiente".

Yo, por lo pronto, ya estoy pensando en organizar el brindis de fin de año. Pienso invitar a esas nueve o veinte personas adicionales que siento que hoy trabajan conmigo.

Lo bueno es que todos queremos ir al mismo lugar. Y con una sola copa brindamos todos.

Un director de ventas, un director de marketing, su jefe el VP comercial, un par de diseñadores, un project manager, un planner, un financiero y un investigador.

Nueve posiciones de apoyo y un solo Alejandro Corona dando instrucciones.

Aunque, por la cantidad de pendientes, a veces siento que ya somos veinte.