Zamora se pone en pie de guerra por la construcción de un macrocentro de datos: "Es una manera de echarnos"

El proyecto, ubicado en la localidad de Monfarracinos y orientado a la inteligencia artificial, generará más calor, más ruido y un elevado consumo energético, según un investigador del CSIC
Una enorme extensión de campo va camino de convertirse en un macrocentro de datos puntero para la gestión de la inteligencia artificial. Todo ello ocurre en Monfarracinos (1.000 habitantes, a poco más de 10 kilómetros de la capital, Zamora) y sus alrededores, integrados en una provincia en decadencia socioeconómica y demográfica. Los terrenos se usan con fines agrarios y ganaderos. Históricamente se ha labrado en esa tierra —especialmente trigo— y se cría ganadería intensiva, con abundantes vacas en el entorno del río Valderaduey, cerca del Duero. Esos terrenos han sido elegidos para ubicar allí unas instalaciones que requerirán un elevado consumo energético y que se prevé que generarán calor y ruido en sus proximidades. También empleos, aunque los críticos con el proyecto, avalado por la Junta de Castilla y León, afean que los beneficios distan mucho del impacto sobre el lugar. Una plataforma vecinal condena esta iniciativa y acusa al alcalde de Monfarracinos (PP) de "ocultismo", con ganaderos "asustados" por si pierden terrenos y se contaminan o sobrecalientan los entornos.
Las integrantes de la plataforma reparten panfletos con datos del proyecto a los paseantes que se acercan al lugar, varios de ellos habitantes de las nuevas urbanizaciones que han hecho crecer el censo de Monfarracinos en calidad de pueblo dormitorio de la ciudad de Zamora. La integrante de la plataforma vecinal contra el centro de datos Pilar Sánchez, que concentra las quejas de todos los vecinos, critica que "el Ayuntamiento ha negociado a espaldas de todo el mundo. Y añade: "Cuando en agosto salió el proyecto y pedimos información, ni contestó; el alcalde nos ha tomado el pelo". La vecina, a la que los obreros del polígono industrial fotografían y graban cuando la ven con otras críticas paseando por la zona, lamenta el "ocultismo" y estima que, si fuese un proyecto tan positivo, no se actuaría así. Los agricultores y ganaderos de este pueblo agrícola, añade, "están asustados" por la falta de claridad y los potenciales males para Monfarracinos en términos de contaminación, falta de agua o pérdida de pastos. El movimiento replica otros que han surgido en Estados Unidos en protesta por la instalación de centros de datos ruidosos y contaminantes en lugares despoblados.
Los detalles del plan se recogen en 2.256 páginas publicadas el pasado 5 de agosto y con un periodo de alegaciones hasta el 16 de septiembre, mes y medio en verano. Las empresas implicadas son filiales de las energéticas Edison/EDF y FRV y el proyecto estima la creación de 426 empleos, sin precisar las áreas o características, y reivindica su influencia como motor económico de la comarca porque "dinamiza sectores como la construcción, las telecomunicaciones y las energías renovables". Los documentos citan también un aporte fiscal, aunque sin precisarlo.
El investigador predoctoral del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Manuel García sí lo ha analizado. García, que ha escrito en EL PAÍS sobre uno de Extremadura y en Enfoque Zamora sobre el zamorano, desglosa el impacto del proyecto: probables aumentos de la temperatura y el ruido y un elevado consumo energético para el funcionamiento de esta instalación a 600 metros de Monfarracinos: 2.255 gigavatios por hora al año, el 330% del actual consumo eléctrico de la provincia de Zamora y hasta el 18% de toda Castilla y León. La obra abarcará 33 hectáreas, con cinco edificios nutridos por 978 hectáreas de paneles en un parque solar a 14 kilómetros de allí, que cubrirá el 18% del término municipal de Aspariegos y el 19% de Villalube, y de unos motores de gas natural. También se prevé una planta de hidrógeno verde. El proyecto requiere también una central térmica alimentada con gas natural, un consumo equivalente al de 300.000 hogares en un año en una provincia con 165.000 habitantes. Esta factoría, con una vida prevista de un cuarto de siglo, emitirá tanto dióxido de carbono anual como el 2% del total y el 10% directo de Castilla y León. "Este es, con seguridad, el daño más grave que acompaña a este centro de datos", observa García.
El investigador destaca también los ruidos: "En las inmediaciones supondría un aumento del 280% durante el día y del 900% durante la noche, equivalente a una nevera antigua o un ventilador grande". Las viviendas de Monfarracinos más cercanas sufrirían "un aumento del 12% durante el día y un 48% durante la noche, añadiendo poco ruido sobre el que pueda existir ya", aunque aumentaría si se construye más cerca del macrocentro. El mayor perjuicio recaería en "ecosistemas y espacios laborales y residenciales cercanos".
Más censura el impacto del calor debido a la energía consumida, si bien el informe ambiental no incluye estudios térmicos, "incomprensible" para él. El académico cita a la Universidad de Cambridge (Inglaterra) e informes sobre incrementos de entre dos y nueve grados; la Universidad de Arizona (Estados Unidos) calcula entre 0,9 y 2,2, aunque García los teme mayores porque esos análisis trabajan sobre centros menores y sin centrales térmicas.
Respecto a la demanda de agua, el experto considera que es "relativamente baja en relación a otros consumos industriales", aunque en Monfarracinos, productora de trigo y ganado, lo temen por el contexto de sequía frecuente. El académico evoca al decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Zamora, José Luis Hernández, con una reflexión: "No podemos oponernos a todo". El investigador señala la necesidad de industrias especialmente en una zona despoblada pero pide "pensar colectivamente qué tipo de desarrollo queremos y si un proyecto de este tipo es compatible".
El alcalde de Monfarracinos, Manuel Martín (PP), no ha respondido a numerosos contactos de teléfono y WhatsApp de EL PAÍS. En anteriores declaraciones rechazó "ir en contra del progreso" pero incidió en que no aceptará la inversión "a cualquier precio" porque "no todo vale": su Ayuntamiento "no va a apoyar ningún proyecto que vaya contra el bienestar y la salud de los vecinos". La Junta de Castilla y León (PP y Vox) lo ha declarado Proyecto Regional y el Ayuntamiento de Zamora (Izquierda Unida y PSOE), a 10 kilómetros, ha pedido retirar esa catalogación.
El motivo que esgrime el alcalde zamorano, Francisco Guarido (IU), es que se trata de "un modelo sobredimensionado que podría haberse planteado con una escala mucho menor" y pide "saber qué motivos llevan a esta declaración" autonómica. El regidor rechaza el proyecto y acusa a la Junta de "confundir el interés comercial de un promotor privado con el interés general de la ciudadanía". El PSOE autonómico ha instado a que la Junta garantice la "transparencia, la participación pública y el cumplimiento de la normativa". Portavoces autonómicos han declinado realizar comentarios "hasta que no se cierre el periodo de alegaciones y se estudien".
Los vecinos son los más beligerantes. "No va a favorecer a la zona, es todo destrucción", expone Sánchez, la portavoz vecinal, que niega impacto positivo en el empleo porque estos centros "solo contratan en su construcción, las empresas traen a sus equipos, y luego se mantienen desde lejos". La asociación vecinal ha organizado encuentros para informar a la comarca: el 5 de noviembre se verán en Torres del Carrizal, pues el Consistorio de Monfarracinos no les ha dejado el pabellón. "Es una manera de echarnos", suspira, molesta con las medidas hacia el medio rural y también hacia quien colabora en el proceso. "A alguno le han pagado las tierras por más de lo que valen y con ello se compra dos pisos y los pone en alquiler", critica, sin dar nombres. Por el contrario, "los agricultores que trabajan no están de acuerdo", concluye.



