Trump ultima un plan para prohibir las exportaciones de diésel durante 90 días

La medida, que trataría de frenar la escalada del combustible antes de las elecciones de medio mandato, genera división en la Casa Blanca
El Gobierno de Donald Trump prepara un plan para prohibir las exportaciones de diésel durante 90 días, según ha avanzado este miércoles Politico. La medida, que aún no está decidida, porque existen profundas diferencias en el seno de la Administración republicana, buscaría atajar la crisis del diésel en Estados Unidos, con los precios desbocados por la escasez de combustibles.
El precio del diésel está descontrolado en Estados Unidos, donde esta semana ha pulverizado un nuevo récord histórico al cotizar a 6,52 dólares el galón, casi un 80% más que hace un año y por encima de los niveles alcanzados en 2022, cuando estalló una crisis energética tras la invasión rusa de Ucrania.
La Casa Blanca ultima el diseño de la medida para tratar de atajar una nueva crisis a poco más de un mes para las elecciones de medio mandato, donde los republicanos se juegan gran parte de sus bazas políticas y el presidente estadounidense el alcance de su legado político.
El presidente republicano lleva varios días barajando la idea. Este martes reconoció que pidió a su equipo que analizara las opciones para prohibir o restringir las exportaciones de diésel. "Será una decisión que llegará rápidamente, de una forma u otra", manifestó Trump en un encuentro con el presidente ucranio Volodímir Zelenski durante la asamblea general de la ONU celebrada esta semana en Nueva York. "Es un duro golpe para los rusos. También es un duro golpe para el precio del diésel", apostilló mientras se refería a los últimos ataques con drones de Ucrania sobre las instalaciones petroleras rusas.
Pero las dudas crecen en el seno de su Gobierno. El secretario de Energía, Chris Wright, es contrario a la medida. Cree que no funcionaría y podría elevar los precios de la gasolina y el combustible para aviones, y a medio plazo resultaría contraproducente. "La medida drástica de prohibir las exportaciones de diésel definitivamente no funciona", manifestó Wright durante una conferencia organizada por The Economist.
"Si no se puede exportar el diésel que sale de nuestras refinerías, se agotan los lugares para almacenarlo y hay que reducir la refinación en Estados Unidos, lo que ejercería presión al alza sobre los precios de la gasolina y del combustible para aviones", declaró Wright. No obstante, reconoció que existe un problema con los precios del diésel y que la Administración está abierta a cualquier idea para combatir la crisis energética. El secretario de Energía, muy cercano a la industria petrolera y defensor de los combustibles fósiles, aseguró que se aprobarán medidas en los próximos días.
La prohibición para exportar gasóleo durante 90 días provocaría a corto plazo una caída de los precios en los Estados del centro de EE UU, aunque elevaría el precio en las dos costas, más dependientes de los mercados internacionales. La primera consecuencia de la prohibición es que la producción de los buques cisterna que transportaban el combustible a Europa o Asia se daría la vuelta para trasladar el diésel en el mercado estadounidense, que aumentaría su oferta y reduciría los precios. Pero, ante este aumento de la producción, que probablemente sobrepase temporalmente la demanda, llevaría a las refinerías a ajustar la producción en respuesta a la pérdida de un importante mercado de exportación, lo que provocaría un aumento de los precios.
La medida también genera inquietud en la industria petrolera, que ha advertido que cualquier beneficio a corto plazo se vería contrarrestado por el aumento de los precios del combustible en el futuro.
Si finalmente Trump decide dar luz verde a esta prohibición temporal de las exportaciones, supondría la primera restricción a las exportaciones de energía de Estados Unidos desde que el Gobierno de Barack Obama levantó en 2015 la prohibición que llevaba décadas vigente sobre las exportaciones de petróleo. Hasta entonces, el país era dependiente de las fuentes de energía del exterior, pero el impulso de técnicas de extracción del subsuelo, como el fracking, en el Golfo de México, lo ha convertido en el primer productor mundial de crudo.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, también ha mostrado cautela con la medida, conocedor de que podría conllevar efectos indeseados. "La Administración está examinando si es factible en términos de la capacidad de refino si una prohibición total o parcial funcionaría", explicó ayer a los periodistas.
Sin embargo, la guerra contra Irán y los ataques de Ucrania sobre las refinerías rusas han contribuido a avivar una espiral alcista en el mercado del diésel por la falta de existencias. Las secuelas del encarecimiento del gasóleo no las sufren los conductores estadounidenses, que en su mayoría tienen coches de combustión con gasolina, sino los agricultores, los transportistas, los empresarios de la construcción, barcos y compañías que necesiten generadores para prestar sus servicios.
La subida de este combustible es especialmente sensible entre los agricultores y ganaderos del Medio Oeste que necesitan tractores y otra maquinaria agrícola para sus labores. Por eso, varios senadores republicanos, conocedores de que las encuestas para las elecciones de noviembre no favorecen a su partido, reclaman medidas de apoyo.
Expertos y analistas recuerdan que la prohibición de las exportaciones de diésel sería una mala idea, que podría ser contraproducente al aumentar los precios de la gasolina, el combustible para aviones (queroseno) y otros carburantes. Además, a medio plazo conllevaría un aumento del precio del diésel en los mercados globales que terminaría repercutiendo en Estados Unidos.
A pesar de ello, Trump se inclina por aprobar una medida que tapone, aunque sea de forma temporal, una nueva vía de agua política para su Gobierno antes de las elecciones de medio mandato, cuyas perspectivas empiezan a ser sombrías. Asume que cualquier efecto contraproducente sería "un problema de diciembre" después de las elecciones, según Politico, que asegura que la medida podría aprobarse esta misma semana.
Cree que no funcionaría y podría elevar los precios de la gasolina y el combustible para aviones, y a medio plazo resultaría contraproducente. "La medida drástica de prohibir las exportaciones de diésel definitivamente no funciona", manifestó Wright durante una conferencia organizada por The Economist. "Si no se puede exportar el diésel que sale de nuestras refinerías, se agotan los lugares para almacenarlo y hay que reducir la refinación en Estados Unidos, lo que ejercería presión al alza sobre los precios de la gasolina y del combustible para aviones", declaró Wright.



