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Que el diésel esté caro es una mala noticia para tu bolsillo, aunque no tengas auto

Por Expansión — Empresas · 27 de octubre de 2026 · 7 min
Que el diésel esté caro es una mala noticia para tu bolsillo, aunque no tengas auto

Los estímulos fiscales de Hacienda buscan contener el precio del diésel, pero no garantizan que los alimentos, los materiales de construcción y otros productos bajen cuando disminuyan los costos del combustible.

El diésel encarece algo más que llenar el tanque de un camión. Cuando sube el precio de este combustible, utilizado principalmente para transportar mercancías y operar parte de la maquinaria industrial, también aumentan los costos de llevar alimentos a los supermercados, materiales a las obras y productos a los puntos de venta. El resultado puede llegar hasta el bolsillo de los consumidores, incluso de quienes no tienen un vehículo.

Entre marzo y abril, el precio del diésel en México alcanzó niveles de entre 29 y 30 pesos por litro, frente a un promedio de 26.16 pesos al cierre de febrero, cuando comenzó el conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, de acuerdo con la plataforma PetroIntelligence. El encarecimiento, relacionado con las tensiones geopolíticas y las afectaciones a la oferta mundial de combustibles, obligó al gobierno a intervenir para contener los precios.

El problema va más allá de cuánto cuesta el combustible en las estaciones de servicio. Su impacto indirecto sobre los costos de producción, distribución y operación de las empresas puede trasladarse a los precios de los bienes y servicios que integran el consumo cotidiano de los mexicanos. Esto añade presión a la inflación y plantea un desafío para las medidas gubernamentales que buscan contenerla.

Jorge Cano, coordinador del programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de México Evalúa, explica que el primer efecto del encarecimiento de los combustibles se refleja directamente en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que mide la evolución de los precios de una canasta de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares.

Sin embargo, el impacto más amplio ocurre cuando las empresas enfrentan mayores gastos para producir y distribuir sus mercancías.

"Cuando esos costos incrementan sustancialmente, las empresas difícilmente pueden absorber ese incremento y los transfieren al consumidor mediante el aumento de los precios de alimentos, materiales de construcción, productos manufacturados e incluso servicios", expuso en entrevista con Expansión.

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El diésel ocupa un lugar central en la cadena de suministro porque es uno de los principales combustibles del transporte de carga. Su precio influye en el costo de trasladar productos desde los centros de producción hasta los almacenes, mercados, tiendas y hogares.

Cuando el combustible se encarece, las empresas transportistas enfrentan mayores gastos operativos. Si no pueden compensarlos con mejoras de eficiencia o absorberlos con sus márgenes, tienen incentivos para ajustar sus tarifas. Ese incremento puede propagarse por las distintas etapas de la cadena comercial hasta reflejarse en el precio final.

Los alimentos son uno de los ejemplos más claros. El traslado de productos agrícolas, cárnicos y procesados requiere combustible, al igual que la distribución refrigerada y el abastecimiento de tiendas. Un aumento en los costos logísticos puede repercutir tanto en los productos frescos como en los procesados.

La presión también puede alcanzar a la construcción, donde el diésel se utiliza en maquinaria y en el transporte de materiales. Si mover cemento, acero y otros insumos resulta más caro, las constructoras y sus proveedores enfrentan costos adicionales que pueden trasladarse a los precios de las obras.

Los productos manufacturados tampoco quedan al margen. Su fabricación requiere materias primas, maquinaria y transporte, actividades que pueden verse afectadas por el encarecimiento de la energía y los combustibles. Lo mismo ocurre con algunos servicios cuyos costos dependen de la movilidad de personas, mercancías o equipos.

Sin estas medidas, el precio del diésel podría alcanzar los 37 pesos por litro, según la estimación proporcionada. La diferencia muestra la magnitud del esfuerzo fiscal necesario para amortiguar el incremento de los precios internacionales y evitar que se traslade por completo a los consumidores.

Los estímulos, sin embargo, no eliminan el costo económico del encarecimiento. En lugar de reflejarse íntegramente en el precio que pagan los automovilistas y transportistas, una parte se compensa mediante una menor recaudación tributaria.

Esta intervención busca limitar el impacto inmediato del combustible sobre las empresas y los hogares, pero también implica un costo para las finanzas públicas. Su efectividad para contener la inflación depende, además, de cuánto del aumento de los costos logre evitarse y de cómo reaccionen las empresas en el resto de la cadena de suministro.

"Cuando empiezan a incrementarse los precios, se generan expectativas dentro de los diferentes agentes económicos, quienes se van a acostumbrando a aumentar poco a poco los precios de forma recurrente para no perder valor en el mercado y de sus ventas", precisó Cano.

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El especialista identifica este comportamiento como inflación tendencial, un proceso en el que los aumentos de precios pueden continuar incluso cuando el combustible que contribuyó a detonarlos comienza a abaratarse.

"A eso se le conoce como inflación tendencial, y se vuelve un ciclo donde es difícil que la inflación se controle y puede seguir aumentando los precios aunque el precio de los combustibles ya se haya reducido", añadió.

Cano advierte que no existe necesariamente un incentivo para que los agentes económicos reviertan los aumentos una vez que los costos disminuyen. En cambio, las empresas pueden mantener sus precios para proteger sus ingresos.

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Diana Gante Periodista especializada en temas de Energía, Minería, Transición Energética y Cambio Climático. Estudió Comunicación y Periodismo en FES Aragón - UNAM. @DianaGante @dianagante

El resultado puede llegar hasta el bolsillo de los consumidores, incluso de quienes no tienen un vehículo.Entre marzo y abril, el precio del diésel en México alcanzó niveles de entre 29 y 30 pesos por litro, frente a un promedio de 26.16 pesos al cierre de febrero, cuando comenzó el conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, de acuerdo con la plataforma PetroIntelligence.

Ese incremento puede propagarse por las distintas etapas de la cadena comercial hasta reflejarse en el precio final.Los alimentos son uno de los ejemplos más claros.

Un aumento en los costos logísticos puede repercutir tanto en los productos frescos como en los procesados.La presión también puede alcanzar a la construcción, donde el diésel se utiliza en maquinaria y en el transporte de materiales.

Lo mismo ocurre con algunos servicios cuyos costos dependen de la movilidad de personas, mercancías o equipos.Por ello, aunque el precio del diésel no se refleje de manera directa en todos los productos que compra una familia, sí puede influir en una amplia variedad de precios de la economía.Hacienda absorbe parte del encarecimientoEl aumento del diésel llevó al gobierno mexicano a implementar medidas para limitar su precio en las estaciones de servicio.

Una de ellas fue convocar al sector gasolinero a mantener el combustible en un máximo de 27 pesos por litro.A esta estrategia se sumaron los estímulos fiscales aplicados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que reducen la carga fiscal sobre cada litro vendido.De acuerdo con la información proporcionada, el diésel acumulaba siete semanas consecutivas con un estímulo de 100% al IEPS.

Esto significa que el gobierno dejó de cobrar los 7.36 pesos por litro correspondientes a ese impuesto.Además, para la semana del 24 al 30 de octubre, Hacienda estableció un estímulo complementario de 2.63 pesos por litro, con el objetivo de contener el precio del combustible.Sin estas medidas, el precio del diésel podría alcanzar los 37 pesos por litro, según la estimación proporcionada.

En lugar de reflejarse íntegramente en el precio que pagan los automovilistas y transportistas, una parte se compensa mediante una menor recaudación tributaria.Esta intervención busca limitar el impacto inmediato del combustible sobre las empresas y los hogares, pero también implica un costo para las finanzas públicas.

Su efectividad para contener la inflación depende, además, de cuánto del aumento de los costos logre evitarse y de cómo reaccionen las empresas en el resto de la cadena de suministro.Cuando los precios suben, no necesariamente regresanEl encarecimiento de los combustibles también puede dejar efectos que persisten después de que desaparece el factor que provocó el aumento inicial.