Por qué el riesgo país de Argentina no cede y qué drivers esperan los inversores

Si bien el Banco Central retomó la compra de reservas, el spread soberano está cerca de los 650 puntos.
Por qué el riesgo país de Argentina no cede y qué drivers esperan los inversores.Fotógrafo: Michael Nagle/Bloomberg(Bloomberg/Michael Nagle)
Buenos Aires — La aceleración de las compras de dólares del Banco Central de la República Argentina (BCRA todavía no se refleja en una baja significativa del riesgo país, que se mantiene cerca de los 650 puntos básicos. Para los analistas, la acumulación de reservas es una señal favorable, pero no resuelve por sí sola las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda en dólares ni garantiza el acceso al financiamiento.
Las necesidades de fondos del Tesoro, el perfil de vencimientos y las condiciones financieras internacionales siguen condicionando la percepción de riesgo de los bonos soberanos.
Los catalizadores que esperan los inversores para que el indicador baje de manera sostenida varían según el diagnóstico de cada analista. Entre ellos, aparecen avances en la cobertura de los vencimientos de deuda, la continuidad de la estabilidad macroeconómica, una mayor claridad sobre el escenario electoral de 2027 y la ejecución de desembolsos de organismos multilaterales. A esos factores se suman las diferencias de opinión sobre la política monetaria y el impacto de las tasas internacionales en los activos emergentes.
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La acumulación de reservas debe traducirse en capacidad de pago
Gustavo Araujo, head of research de Criteria, considera que la aceleración de las compras del BCRA es una señal positiva pero insuficiente por sí sola para reducir el riesgo país. Los inversores necesitan comprobar que la acumulación de reservas sea sostenible y que se traduzca en una mejora de la capacidad de pago de la deuda en dólares.
En ese sentido, el analista señala que todavía pesan la disponibilidad efectiva de divisas, las necesidades de financiamiento del Tesoro y la capacidad de refinanciar los vencimientos, además de la incertidumbre política y regulatoria.
Para quebrar esa dinámica, Araujo identifica dos señales concretas. La primera es avanzar en la cobertura de los próximos vencimientos de deuda, de modo de reducir las necesidades de financiamiento y las dudas sobre su cumplimiento. La segunda es sostener la estabilidad macroeconómica más allá de las próximas elecciones presidenciales, para reducir la incertidumbre sobre el régimen cambiario y la sostenibilidad fiscal.
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Andrés Azicri, presidente de Vector Investments, sostiene que los spreads de los bonos en dólares bajo legislación de Nueva York asignan a la Argentina una probabilidad acumulada de default superior al 50% en los próximos diez años. Según su interpretación, esa probabilidad refleja una percepción de riesgo elevada incluso para la baja calificación crediticia del país e incorpora claramente la incertidumbre electoral de 2027.
El analista atribuye esa prima a una combinación del deterioro de la imagen del Gobierno y de la ambigüedad o los discursos "incendiarios" de algunos sectores de la oposición. A su juicio, esas declaraciones pueden perjudicar la estabilidad de la demanda de dinero. Advierte que, si se repitieran las tensiones que observó en 2025, podrían aumentar las tasas de interés, reducirse el crédito y el nivel de actividad y ampliarse los spreads de los bonos en dólares. Esa dinámica, agrega, alejaría al Gobierno de los mercados voluntarios de deuda.
Aunque considera adecuada y fundamental la estrategia de acumular reservas, el presidente de Vector Investments cuestiona la política de esterilización monetaria que acompaña las compras de divisas. En particular, critica que la contracción monetaria supere la expansión asociada a esas adquisiciones, como entiende que ocurrió en la última licitación de letras.
Su argumento es que, en un contexto de fuerte superávit de cuenta corriente, estaría justificado un aumento de la cantidad de dinero, en lugar de una contracción en términos reales como la que observa actualmente.
La incertidumbre electoral y las condiciones financieras externas
Juan Barboza, gerente de Research Mariva, identifica dos factores detrás de la prima de riesgo país. Por un lado, señala que las encuestas de sentimiento muestran un deterioro de la imagen del Gobierno y que existe incertidumbre sobre el proceso y el resultado electoral de 2027, ante la percepción de un riesgo de reversión de las políticas económicas.
Por otro lado, apunta a las condiciones financieras internacionales, que describe como muy ajustadas. En ese contexto, cuando los inversores desarman posiciones en mercados emergentes, los bonos argentinos pueden resultar más castigados debido a su elevada liquidez y a la facilidad con la que pueden venderse.
Los vencimientos de 2027 y los desembolsos del FMI, entre los catalizadores
Lorenzo Delhon, portfolio manager de Mills Capital Asset Management, explica la desconexión entre las compras de dólares y el riesgo país a partir de una diferencia entre los factores que observa cada mercado. Mientras que el cambiario sigue la dinámica de las divisas, el de bonos se concentra en la percepción de crédito soberano.
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En el frente externo, Delhon señala un endurecimiento de las condiciones financieras. Entre otras cuestiones, menciona que la inflación de Estados Unidos se aceleró al 3,7% interanual en septiembre, por encima de lo esperado, mientras que el mercado asignaba una probabilidad superior al 90% a una nueva suba de tasas de la Reserva Federal antes de fin de año. También destaca que el rendimiento del Treasury a diez años se mantenía por encima del 5% y que el Dollar Index había alcanzado máximos desde 2025.
El mecanismo, explica, es directo: cuando aumenta la tasa libre de riesgo, también sube el rendimiento que los inversores exigen a los activos emergentes. La Argentina no queda al margen de ese efecto.
Delhon señala que la Argentina enfrenta vencimientos por casi US$25.000 millones en 2027 y que la emisión del bono AO29 se encontraba en pausa, ante tasas del orden del 12% en el mercado secundario. Esos factores, sostiene, conviven con la aceleración de las compras de reservas y limitan su efecto sobre la deuda soberana.
Para quebrar esa dinámica, el portfolio manager identifica tres catalizadores concretos: la aprobación del desembolso correspondiente a la tercera revisión del FMI, la ejecución efectiva de los préstamos multilaterales y una señal sostenida de que se mantiene el ritmo de acumulación de reservas.
Además, agrega que esos avances deben acompañarse de la continuidad del superávit fiscal, una recuperación más firme de la actividad económica y una mayor claridad sobre el escenario electoral de 2027. La combinación de esos factores locales será, según su óptica, determinante para reducir la prima de riesgo en un contexto en el que las tasas internacionales siguen condicionando el rendimiento exigido a los bonos argentinos.
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