México no ha perdido el grado de inversión, pero su deuda ya cotiza como si fueran bonos basura

El mercado trata a México como si hubiera perdido el grado de inversión a 10 años, mientras Pemex cotiza con un riesgo aún mayor.
México no ha perdido el grado de inversión, pero una parte del mercado financiero ya parece estar cobrando como si lo hubiera hecho.
Según reporta Bloomberg , los credit default swaps (CDS) de México a 10 años (instrumentos que funcionan como una referencia del costo de asegurar la deuda frente a un incumplimiento) cotizan en niveles más propios de una calificación BB+ que del BBB- que todavía conserva el país. La señal es todavía más extrema en Pemex: la petrolera estatal tiene una calificación de BB+, pero el mercado está valuando su riesgo a largo plazo como si perteneciera a la categoría B+ o incluso B.
Por su parte, Luis Gonzali, vicepresidente y codirector de inversiones de renta fija en Franklin Templeton México, comparó los CDS a 10 años de distintos emisores con sus respectivas calificaciones crediticias. La gráfica (presentada en el tuit mostrado abajo) revela una paradoja: México y Pemex aparecen por debajo de donde deberían cotizar si el mercado siguiera estrictamente la escala de las agencias calificadoras.
Efectivamente, los bonos de 10 años en USD de México están cotizando como si fueran BB+ (a pesar de que son BBB-), es decir, como si hubiesen pérdido el grado de inversión. El caso de Pemex es aún más visible. Pemex es BB+, y está cotizando como si fuera B+ o B. Eso es usando… pic.twitter.com/YjTgTykF8E
Aún así, Gonzali matiza que el CDS mexicano a 10 años se encuentra cerca de sus niveles más bajos de la última década, por lo que el problema no es tanto que el riesgo de México haya empeorado dramáticamente frente a su propia historia, sino que otros países emergentes mejoraron y México no logró subirse a ese tren.
Para Gonzali, la distorsión cambia dependiendo del plazo. A cinco años, México todavía cotiza de forma congruente con su calificación de BBB-, con una prima de riesgo propia de un país con grado de inversión. Pero a 10 años la historia cambia: México cotiza como si tuviera una calificación de BB+, un escalón por debajo del grado de inversión.
Tenemos una 'curva híbrida' en términos de riesgo país, con el nodo de cinco años cotizando de acuerdo con su calificación crediticia, y el de 10 años cotizando un nivel abajo", explica Gonzali.
La diferencia es relevante porque sugiere que el mercado no está anticipando un problema inmediato de solvencia. La preocupación está más adelante: a corto y mediano plazo, los inversionistas todavía parecen cómodos con la capacidad de pago del gobierno mexicano, pero cuando extienden el horizonte a una década, exigen una prima adicional para compensar los riesgos asociados con la trayectoria de las finanzas públicas.
El caso de Pemex resulta más visible en la comparación. La empresa estatal tiene una calificación de BB+, ya dentro del grado especulativo, pero sus CDS a 10 años se ubican en una zona correspondiente a emisores con calificaciones de B+ o B: el mercado le está asignando un riesgo varios escalones mayor al que sugiere su propia calificación.
Esta desconexión entre las agencias y el mercado de deuda aparece justo cuando la relación financiera entre Pemex y el gobierno federal se ha convertido en uno de los principales focos de atención para los inversionistas.
El respaldo estatal acumulado a la petrolera supera ya los 130,000 millones de dólares, repartidos entre 80,000 millones otorgados durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y más de 50,000 millones canalizados por la administración de Claudia Sheinbaum. El dinero ha permitido evitar una crisis inmediata en la petrolera, pero también ha trasladado una parte creciente de su riesgo financiero hacia las cuentas del gobierno federal.
Esa es precisamente una de las contradicciones que destacó Arturo Porzecanski, investigador de American University y exanalista de Wall Street especializado durante décadas en América Latina en declaraciones para Bloomberg . Según su lectura, la preocupación por un eventual incumplimiento de Pemex ha disminuido gracias al respaldo del gobierno, lo que ayudó a reducir los rendimientos exigidos a la deuda de la empresa y contribuyó a mejorar sus calificaciones.
Pero hubo una transferencia de riesgo: el soberano mexicano terminó pagando parte del costo. Porzecanski describió una relación "parasitaria" entre Pemex y el gobierno, en la que el rescate financiero de la empresa se produce a costa de una mayor presión sobre las finanzas públicas y mayores rendimientos para la deuda soberana.
El deterioro no es menor: hace apenas unos años México tenía una calificación crediticia de grado A en el mercado de bonos; hoy se encuentra al borde de perder el grado de inversión y paga tasas de interés más altas que vecinos con calificaciones inferiores a la suya, como Guatemala y Panamá.
Pemex mantiene una deuda superior a 70,000 millones de dólares, mientras su producción ha caído por debajo de 1.7 millones de barriles diarios, aproximadamente la mitad de su nivel máximo de hace dos décadas.
Esa lectura también coincide con Tina Vandersteel, responsable de deuda de mercados emergentes en GMO, quien señaló a Bloomberg que tanto su firma como las agencias calificadoras han observado un deterioro gradual de los fundamentales crediticios autónomos de México.
Según las métricas de GMO, México se ubica por debajo de países como Guatemala y Uzbekistán, ambos con calificaciones especulativas por parte de las principales agencias.
Información con base en Redacción Sinergia Empresarial. Redacción y edición: Sinergia Empresarial.



