Las siete vidas de la loza fina y aristocrática de La Cartuja de Sevilla

Casi dos siglos después de que Charles Pickman la fundara, la empresa sevillana de vajillas renace con el objetivo de resucitar la marca y situarla en el top del lujo Leer
Casi dos siglos despus de que Charles Pickman la fundara, la empresa sevillana de vajillas renace con el objetivo de resucitar la marca y situarla en el top del lujo
La historia de La Cartuja de Sevilla est llena de platos rotos. Desde que el ingls Guillermo Pickman desembarcase en Cdiz en 1822 y, 19 aos despus, fundase la compaa de loza en un antiguo convento desamortizado por Mendizbal, sus aristocrticas vajillas de refinados motivos han estado en el centro de escndalos, duelos, quiebras y una inestabilidad continua , especialmente en las ltimas dcadas, con cambios en la propiedad que a punto han estado de estrellar la marca ms de una vez. Y ms de dos. Y ms de tres. Pero casi 200 aos despus, La Cartuja de Sevilla resurge de sus fragmentos.
Cuenta Javier Targhetta, presidente de la renacida compaa, que el primer da que entr en la gigantesca nave donde se han fabricado las vajillas sevillanas desde 1980 se le cay el alma a los pies. La fbrica de la que salieron los platos en los que se sirvi el banquete de bodas de la Infanta Elena era un enorme palomar cubierto de excrementos.
La planta haba estado ms de seis meses cerrada y abandonada , sin siquiera vigilancia, desde que, a mediados del ao pasado, ces en su actividad ahogada en deudas y sus trabajadores, alrededor de una treintena, se tuvieron que refugiar en un ERTE de incierto desenlace. Los intentos de reflotar la empresa haban fracasado una y otra vez y La Cartuja pareca abocada a desaparecer, ahora s, definitivamente.
De aquella primera visita, entre excrementos, de Targhetta han pasado ya meses, aunque parecieran aos. La actividad ha vuelto a la nave de Salteras, los hornos -que hubo que poner a punto tras el parn- estn a pleno rendimiento y los platos, tazas, fuentes, soperas y dems elementos de sus mticas colecciones vuelven a estar a la venta. A travs de la pgina web, primero, pero no tardarn en regresar a las tiendas, este mismo mes de julio se podrn adquirir en los establecimientos de El Corte Ingls tras un reciente acuerdo con los grandes almacenes.
Y se, cuenta el mximo responsable de La Cartuja, es solo el principio .
Los nuevos propietarios -el propio Targhetta y su mujer, Mar Madrid, y las hermanas Gabriela y Paola Luksic- tienen grandes planes para las vajillas sevillanas que van mucho ms all salvar el legado de Pickman.
Convencidos como estn, afirma Targhetta, de que la loza fina tiene un hueco en el mercado del lujo, la apuesta es vestir las mesas ms exclusivas no solo en Espaa, sino tambin fuera del pas. Que La Cartuja sea sinnimo de luxury .
Mientras eso sucede, se van cumpliendo hitos. El primero fue la reanudacin de las ventas, el pasado 16 de mayo , una vez que la produccin ya estaba en marcha y solo despus de que se almacenara suficiente stock de productos como para atender, en tiempo y forma, los pedidos.
En estos momentos, explica Targhetta, de los hornos de La Cartuja salen cada da en torno a 500 piezas , que ya es mucho ms de lo que lleg a producir la fbrica en los ltimos aos.
Pero el objetivo es duplicar esa produccin de aqu a final de ao, alcanzando las mil piezas al da. El plan es incrementar la fabricacin -que, por cierto, es casi completamente artesanal- a razn de cien piezas ms cada dos meses, hasta llegar al millar en diciembre.
Si se cumple esta hoja de ruta, la facturacin de la compaa sera de seis millones de euros ya a finales de 2027. Y en dos aos queremos llegar a las 2.000 piezas al da, apostilla el CEO de La Cartuja.
El panorama que dibujan Targhetta y sus socias no tiene nada que ver con el que vislumbraba la compaa hace menos de un ao, antes de que fraguase la operacin que la ha devuelto a la vida. El rescate de La Cartuja es, en realidad, fruto del azar o el destino . Al menos, en parte.
El que hizo que el t que dos amigas tomaban en un hotel de lujo de Jerez de la Frontera lo sirvieran en tazas de La Cartuja. Las dos amigas eran Mar Madrid, esposa de Targhetta, y Gabriela Luksic, heredera de una de las familias ms ricas de Chile. Ambas se quedaron prendas de las tazas de loza fina y el camarero les cont entonces que la centenaria marca corra peligro cierto de desaparecer.
Una mirada despus, La Cartuja empezaba a resucitar de la mano de las dos amigas, que convencieron a Targhetta y a la hermana de Gabriela, Paola Luksic, para presentar una oferta por la compaa , entonces en concurso de acreedores y en manos de un juez. Eso fue un 22 de diciembre y el 22 de enero, justo al mes, la oferta fue aceptada. Javier Targhetta y Mar Madrid se hicieron con el 20% de la sociedad y las dos hermanas Luksic, con el 80% restante.
La inversin inicial de los cuatro socios rond los 1,6 millones de euros, incluida la deuda con la Seguridad Social. A esa cantidad le aadieron otros 600.000 euros para poner en marcha de nuevo la cadena de produccin y la hoja de ruta en la que estn embarcados contempla entre uno y dos millones de euros, con los que quieren renovar parte de la maquinaria y abordar una decisin trascedental, adquirir las actuales instalaciones y reformarlas por completo o buscar un nuevo y ms moderno emplazamiento, acorde con sus necesidades y con sus previsiones de actividad.
Asimismo, pretenden introducir cierto grado de robotizacin en la fabricacin de las vajillas, pero de forma muy limitada, pues tienen claro, hace hincapi Targhetta, que una de las seas de identidad de La Cartuja es su carcter artesanal, adems de adquirir nuevos hornos que sean ms eficientes.
Información con base en Redacción Sinergia Empresarial. Redacción y edición: Sinergia Empresarial.



