La UE importará como máximo 350.000 coches híbridos chinos al año

El compromiso alcanzado entre Bruselas y Pekín prevé reducir más de la mitad la cantidad de vehículos de este tipo que llegan desde el gigante asiático
Los detalles del primer compromiso alcanzado en las negociaciones comerciales entre la UE y China empiezan a concretarse. Y lo más llamativo es el cupo fijado para los vehículos híbrido e híbridos enchufables que la potencia asiática podrá exportar a Europa: 350.000 al año, apuntan fuentes de la Comisión Europea. Esta cifra supone una rebaja significativa sobre las importaciones que llegan ahora a la UE, unos 800.000 coches de este tipo, según la estimación del Ejecutivo comunitario para este año. No obstante, el compromiso no frena los planes de Bruselas de preparar varios instrumentos de defensa comercial, como se verá en el Consejo Europeo de esta semana.
El borrador con las conclusiones de la cumbre de líderes de la UE ya deja claro que las cuestiones con China no están resueltas. "El Consejo Europeo ha analizado los desequilibrios macroeconómicos mundiales e invita a la Comisión a reforzar el conjunto de instrumentos de la UE para hacer frente de manera más eficaz a dichos desequilibrios", puede leerse en el texto con las fórmulas de redacción habitual, en la que no se menciona expresamente al gigante asiático pero no queda duda de que se habla de él con esa referencia a los "desequilibrios" y las nuevas herramientas de corrección.
Que todavía hay mucho que reequilibrar en las relaciones comerciales entre la UE y China lo expresa uno de los números que maneja la Comisión Europea: cada día el saldo negativo para Europa entre importaciones y exportaciones del gigante asiático es de 1.000 millones, apuntan fuentes del propio Ejecutivo comunitario. A este paso, el déficit se encamina a máximos históricos. Y por eso, en los últimos meses, Bruselas ha abierto una doble estrategia hacia el gran socio comercial: por un lado, negociación para corregir la situación sin abrir una guerra en la que las dos partes tienen mucho que perder (aunque más Europa); por otro, preparar varias herramientas legales que permitan a la UE actuar si se llega a un escenario en el que las conversaciones no tienen resultados.
En esto último, el reciente cambio de postura de Alemania ha sido muy importante. Berlín se ha aliado con París —tradicionalmente halcón proteccionista en asuntos arancelarios— hasta el punto de que ambos países han remitido a la Comisión Europea un documento reclamándole un instrumento comercial que permita a la UE aplicar "medidas contundentes que lleguen incluso a una desconexión inmediata del mercado interior si fuera necesario" cuando se da una relación desequilibrada. Ambos países también están avanzando para lograr un acuerdo "para proteger mejor la industria automovilística" europea, según ha anunciado el presidente francés, Emmanuel Macron, este lunes.
Ese documento llegó apenas un poco antes de que el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, viajara a China para avanzar en las negociaciones que abrió con Pekín hace unos meses. La cita era importante porque Bruselas había marcado en rojo octubre como el momento en que estos contactos debían empezar a dar resultados. El objetivo no era resolver ya la situación, pero sí saber si había intención en China de reequilibrar la relación comercial.
Por ahora se ha dado "un paso importante", apuntan fuentes europeas, que añaden que "no debe quedarse ahí". Ese paso consiste en fijar esa cuota de 350.000 coches híbridos o híbridos enchufables al año desde el próximo diciembre, cifra que irá actualizándose con un incremento del 6% cada año durante un cuatrienio. También se rebajan los aranceles en el gigante asiático a exportaciones europeas por valor de 4.000 millones, lo que supone un ahorro de unos 225 millones para las empresas de la UE y una oportunidad de ganar algo de cuota de mercado.
Lo que no aborda este compromiso son otras preocupaciones europeas como las importaciones de coches totalmente eléctricos desde China, que están creciendo de forma exponencial y que provocó una investigación que acabó con aranceles adicionales a los vehículos asiáticos. No queda claro que pasará con el sector químico, uno de los que han sonado en los últimas semanas como posible destinario de una investigación de la Comisión.
En todo caso, la intención del Ejecutivo de la UE es no detener su estrategia pese a este paso. En las próximas semanas, apuntan fuentes de la Comisión, se presentará un texto legal que obligue a las empresas a diversificar sus proveedores para no depender en exceso de productos procedentes de un solo país (es decir, China). También se propone lanzar un fondo de solidaridad que llegado el caso de una guerra comercial pueda compensar a países o sectores afectados por las represalias desde un país tercero.
Ambas se sumarían a esa herramienta que ha planteado el eje francoalemán y que complementaría a otra cuyo uso se barajó durante la batalla arancelaria con Estados Unidos: el instrumento anticoerción. Esta última opción da un abanico amplio de respuestas, pero tiene varios problemas a la hora de activarse. Primero hay que demostrar la coerción económica y después debe contar con la mayoría cualificada de los Estados miembros, algo que siempre dificulta su aprobación. La propuesta de París y Berlín, en cambio, plantea un mecanismo mucho más fácil para ponerla en marcha.



