Sinergia Empresarial
Internacional

El FMI teme una subida abrupta de las primas de riesgo por el deterioro de las cuentas públicas y la alta inflación

Por El País — Economía · 13 de octubre de 2026 · 5 min
El FMI teme una subida abrupta de las primas de riesgo por el deterioro de las cuentas públicas y la alta inflación

La elevada deuda de los gobiernos y las necesidades de refinanciación presionan los mercados de renta fija, mientras la banca afronta nuevos riesgos de solvencia

El deterioro de las cuentas públicas y el incremento de los precios están ejerciendo presión sobre los mercados de deuda. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido este martes en su Informe sobre la estabilidad financiera mundial de que "un resurgimiento de la inflación o las preocupaciones fiscales podrían provocar un aumento brusco de las rentabilidades de los bonos soberanos y desencadenar turbulencias de mayor alcance en los mercados", en un momento en el que las deudas de los gobiernos ya se encuentran en niveles récord y necesitan refinanciación.

Aunque los mercados financieros han resistido los embates geopolíticos del último año, la evolución de la renta fija en algunas de las principales economías avanzadas empieza a reflejar una mayor preocupación por las cuentas públicas. Francia es uno de los casos más visibles. La rentabilidad de sus bonos soberanos se encuentra en niveles que no se veían desde hace casi dos décadas (rozando el 5%), en un contexto marcado por el aumento del déficit y por el volumen de deuda que el Gobierno deberá emitir y refinanciar en los próximos años. Además, la falta de avances en la consolidación fiscal ha llevado a los inversores a exigir una mayor rentabilidad para comprar su deuda.

Pero Francia no es un caso aislado. Tras las emisiones realizadas durante la pandemia y la crisis energética, las economías desarrolladas mantienen una alta necesidad de crédito a la que se suma el riesgo de refinación ―conocido en la jerga económica con el anglicismo rollover risk―, derivado del gran número de vencimientos que se han acumulado y que deben ser renovados a día de hoy, en un momento en que los tipos de interés son mucho más altos que los que se registraban hace una década ―en 2016 el valor del dinero alcanzó mínimos históricos en Europa e incluso pasó a tasas negativas en el caso de los depósitos―. Algunos países han optado en los últimos años por emitir deuda a plazos más cortos para limitar el coste inicial de los intereses. Esa estrategia, llevada a cabo por Estados Unidos, Reino Unido, o Japón, reduce el coste en el corto plazo, pero deja más deuda expuesta a las condiciones del mercado cuando llega el momento de renovarla.

La compresión de los mercados de deuda pública también se ve condicionada por el auge de la inteligencia artificial y la transición energética, ramas que necesitan atraer grandes cantidades de dinero para poder financiarse. Las grandes tecnológicas han aumentado su participación en estos mercados de renta fija y ya representan cerca del 10% del total de emisiones corporativas globales con grado de inversión (bonos emitidos por empresas privadas con alta solvencia y bajo riesgo de impago). El organismo insiste en que "las crecientes emisiones de deuda vinculadas a la inteligencia artificial, que pueden competir con los bonos soberanos por la demanda de los inversores, son una fuente adicional de presión sobre los mercados de bonos".

Ante las tensiones en los mercados de deuda, el FMI analiza mecanismos para reducir el riesgo de una fragmentación financiera. El documento resalta como un caso positivo la emisión de deuda conjunta y la mutualización del riesgo fiscal en Europa, diseñadas durante la pandemia con los fondos Next Generation. Según el organismo, estos instrumentos han contribuido a reducir con fuerza las diferencias de rentabilidad entre el bono alemán y los de los países del sur de Europa (Grecia, Italia, Portugal y España). "Al introducir endeudamiento común y transferencias a los Estados miembros, estos programas han reforzado la percepción de riesgo fiscal compartido y han ayudado a reducir la preocupación sobre la sostenibilidad de la deuda y el riesgo de redenominación", se lee en el informe.

El caso español es paradigmático no solo porque el diferencial entre la deuda española y alemana a diez años apenas muestre cambios tras el anuncio del adelanto electoral (se sitúa en torno a los 61 puntos básicos), sino porque ha logrado mantenerse relativamente al margen del castigo que sufre la deuda soberana de otros países de la región. Esto gracias al dinamismo del crecimiento, la fortaleza del empleo y la reducción de la ratio de deuda pública por debajo del 100% del PIB por primera vez desde la pandemia.

El resultado general sugiere, según los expertos, que los instrumentos de deuda compartida pueden ser un cortafuegos ante futuras crisis, al menos en el caso de la Unión Europea. Esto gracias a que la emisión común contrarresta la vulnerabilidad presupuestaria de algunos de los socios comunitarios y limita el contagio entre países cuando aumentan las dudas sobre la solvencia de alguno de ellos. Eso sí, no sustituye la consolidación de las cuentas públicas.

Por otra parte, el organismo a cargo de Kristalina Georgieva considera que la banca mundial podría resistir una nueva crisis económica, aunque ha aumentado respecto a 2025 la proporción de entidades que verían en riesgo sus niveles de solvencia. En su opinión, una combinación de alzas en los tipos de interés durante un periodo prolongado, sumado a un encarecimiento de la energía, una elevada inflación y una caída en el valor de las empresas tecnológicas, elevaría la proporción de bancos vulnerables desde el 18% registrado el año pasado hasta el 22% para 2026.

El impacto no es homogéneo. Las economías que importan hidrocarburos serían las más afectadas, llegando a elevar la morosidad de empresas y hogares. Asia tendría las mayores pérdidas de capital, con una caída de nueve puntos porcentuales en la ratio de solvencia de sus bancos. Le seguiría Europa, donde el encarecimiento de los hidrocarburos, sumado a unos tipos de interés más altos, debilitaría las carteras de préstamos de la banca. En Estados Unidos y Canadá, las pérdidas vendrían por la caída del valor de los bonos en sus balances. En el escenario más adverso, las entidades sometidas a mayor presión representarían el 7% de los activos bancarios mundiales y necesitarían 68.000 millones de dólares para recuperar los niveles de capital exigidos. En cualquier caso, los colchones de capital y liquidez del sector permitirían absorber parte de las pérdidas sin provocar una crisis sistémica, creen los expertos del Fondo.