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Economía por suscripción: Ya no pagas por tener un producto o servicio, pagas para que no te lo quiten

Por Merca 2.0 · 05 de octubre de 2026 · 5 min
Economía por suscripción: Ya no pagas por tener un producto o servicio, pagas para que no te lo quiten

De la noche a la mañana, todas las marcas, todas las agencias, todos los consultores y todos los gurús de la "transformación digital" amanecieron apocalípticos

(O cómo nos vendieron el apocalipsis artificial para subir el ticket)

Vamos a decirlo sin anestesia y sin el filtro de LinkedIn: nos están espantando con el petate del muerto. Y lo están haciendo de manera magistral.

Que la inteligencia artificial nos va a reemplazar. Que viene por tu trabajo. Que Skynet ya está instalada en la nube y solo espera el momento de apretar el botón. Que si no te actualizas YA, quedas fuera del juego. Y el Coco y Terminator…

Perdón, pero ¿no les suena terriblemente conocido? Es el mismo manual de siempre. Solo que esta vez el monstruo se llama IA y el producto que venden es "acompañamiento experto en la era de la inteligencia artificial".

Esto no es una revolución tecnológica pura. Es, ante todo, una campaña de relaciones públicas de altísimo nivel. Y es brillante.

El truco es viejo como el marketing mismo: crea el miedo, vende la cura. ¿Qué mejor manera de revalorizar tu agencia, tu consultoría, tu plataforma o tu servicio de "AI readiness" que decirle al cliente -con cara de preocupación genuina-: "Si no me contratas, la IA te va a comer vivo"?

Es el COVID del marketing contemporáneo: un virus invisible, omnipresente, que nadie entiende del todo, pero que justifica perfectamente que te cobren más caro el cubrebocas digital.

Te meten miedo para subir el ticket. Y funciona. Porque el miedo siempre vende más que el matiz.

Hablemos con números, porque sin datos esto se queda en puro chisme de pasillo.

Según Gartner, el 63 % de las organizaciones no tienen -o directamente no saben si tienen- las prácticas de gestión de datos adecuadas para implementar IA de forma seria.

La misma firma predice que, hasta 2026, las empresas abandonarán el 60% de los proyectos de inteligencia artificial que no estén respaldados por datos "AI-ready". O sea: ni siquiera dominan un Excel limpio, pero ya quieren "dominar el mundo" con modelos generativos.

Más reciente: en una encuesta de Gartner a 782 líderes de infraestructura y operaciones (noviembre-diciembre de 2025), solo el 28% de los casos de uso de IA cumplieron plenamente las expectativas de ROI. El 20 % fracasó de plano.

Entre quienes reportaron al menos un fracaso, el 38% apuntó a brechas de habilidades y otro 38% a mala calidad o disponibilidad de datos.

Gartner también documentó que, a finales del año pasado, al menos el 50% de los proyectos de IA generativa se abandonaron después de la prueba de concepto por mala calidad de datos, controles de riesgo insuficientes, costos que se disparan o valor de negocio poco claro.

McKinsey, en su State of AI 2025 (casi 2.000 ejecutivos en 105 países), revela que, aunque la adopción es casi universal, solo el 39% reporta algún impacto en EBIT a nivel empresarial. Y la mayoría de esos lo sitúan por debajo del 5%. Los "high performers" (impacto significativo de 5% o más en EBIT) son apenas alrededor del 6%.

Un estudio del MIT (Project NANDA, 2025) es todavía más crudo: el 95% de los pilotos de GenAI en empresas no genera impacto medible en la cuenta de resultados. S&P Global reportó que el 42% de las empresas abandonaron la mayoría de sus iniciativas de IA en 2025 (más del doble que en 2024).

RAND sitúa la tasa de fracaso de proyectos de IA por encima del 80%, aproximadamente el doble que otros proyectos de TI.

Las organizaciones que sí logran resultados reales invierten hasta cuatro veces más en calidad de datos, gobernanza y talento que las que fracasan estrepitosamente. Traducción libre: la mayoría está comprando humo y pagándolo a precio de oro.

El World Economic Forum, en su Future of Jobs Report 2025, estima que para 2030 se crearán 170 millones de nuevos empleos y se desplazarán 92 millones. Resultado neto: +78 millones de puestos de trabajo. ¿Catástrofe laboral?

No. Reconfiguración. Exactamente igual que cuando llegó internet, cuando llegó el smartphone o cuando llegó la automatización industrial. El miedo vende más que el matiz. Y el matiz, en este caso, es demoledor: no es el fin del trabajo, es el rediseño del trabajo.

Mientras tanto, el mercado de prompt engineering ya se mueve en cientos de millones. Estimaciones lo sitúan alrededor de 380 millones de dólares en 2024, con proyecciones de crecimiento a tasas anuales cercanas al 32-33% en la próxima década (algunas lo llevan a cifras multimillonarias hacia 2034).

Otras mediciones más conservadoras hablan de un mercado de prompts y marketplaces que también crece a doble dígito alto.

¿Por qué? Porque alguien descubrió lo obvio: la máquina sin humano es una licuadora sin fruta. Hace ruido, mueve aire, pero no hace jugo. El prompt se convirtió en el nuevo brief creativo. Y quien controla el brief, controla la historia.

Mi tesis (y la defiendo a muerte si es necesario). Mientras tengamos el control del prompt, como humanos, no pasa nada grave.

Mientras exista la orden humana, la coordenada humana, la intención humana, la IA es lo que siempre ha sido: una herramienta. Poderosa, sí. Impresionante, también. Divina, no.

El prompt es el nuevo brief. Y quien controle el brief, controla la narrativa, la marca y, en última instancia, el valor.

Yo soy un creyente ferviente del prompt humano. Porque la IA puede escribir un poema impecable, pero no sabe por qué te rompieron el corazón aquella tarde de octubre.

Puede generar un logo en tres segundos, pero no sabe qué se siente cuando tu marca le importa de verdad a alguien. Puede componer un jingle pegajoso, pero no entiende lo que es tararearlo en la regadera mientras el agua caliente te borra el día.

Puede predecir la siguiente palabra más probable… pero predecir no es pensar. Y mucho menos es sentir.

Nos quieren hacer creer que la máquina "piensa". No piensa. Predice patrones. Es un robot estadístico extremadamente sofisticado. Y punto. El día que confundamos predicción con conciencia, habremos perdido la batalla cultural antes de empezar.

Muy sencillo: estamos inflando una quimera para darle más valor a lo que vendemos. "Es que yo ya uso IA generativa en todos mis procesos".

Traducción al español de negocios: "Cóbrame más". "Tenemos un equipo de prompt engineers certificados". Traducción: "El ticket subió". "Si no te subes a esta ola, te va a aplastar". Traducción: "Firma el contrato antes de que se te pase el miedo".

PwC y otros estudios muestran que el valor real de la IA se concentra: el 20 % de las compañías captura alrededor del 74 % de los retornos.

El resto se pelea por las migajas mientras paga consultorías a precio de oro. Deloitte y otros reportan que muchos CEOs aún no ven ROI medible en ingresos o costos después de 12 meses.

La promesa de "transformación inmediata" choca con la realidad de 2 a 4 años para ver retornos serios en muchas implementaciones.