Cuánto aporta la rica provincia de Alberta a la economía de Canadá y qué pasaría si logra la independencia

Los habitantes de Alberta votan sobre si seguir siendo parte de Canadá o avanzar hacia un referendo vinculante de independencia.
Autor, Nadine YousifTítulo del autor, Reportera sénior, BBC NewsInforma desde, Canadá
Para Keith Wilson, partidario de la independencia de Alberta, esta provincia del oeste de Canadá es única en su clase.
Según Wilson, con sus abundantes reservas de petróleo y gas, un importante sector agrícola y una mano de obra joven y cualificada, su economía es una que se debe tener en cuenta.
La provincia celebrará un referendo este lunes 19 de octubre, en el que los residentes tendrán dos opciones: votar por permanecer en Canadá o votar por seguir adelante con un referéndum formal vinculante sobre la independencia en una fecha posterior.
Aunque la votación no será una decisión tajante de "quedarse o irse", sigue siendo una de las más trascendentales de la historia reciente de Canadá y una prueba significativa de la unidad nacional.
Una cuestión clave se ha convertido en el centro del debate: ¿sería Alberta más rica si se convirtiera en un país independiente?
"La economía de Alberta es única. Es fundamentalmente diferente a la del resto de Canadá: tenemos la gente, las instituciones y la infraestructura para sobresalir", afirma.
Los separatistas de Alberta han argumentado durante mucho tiempo que la provincia ha salido perjudicada al formar parte de Canadá, y que una mayor parte de la riqueza petrolera y gasística se mantendría dentro de sus fronteras en lugar de compartirse con Ottawa, lo que le reportaría Alberta un ahorro de decenas de miles de millones de dólares.
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Pero muchos no están de acuerdo con esa versión de los hechos.
La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, que se opone a la independencia, predice un desenlace más sobrio. Afirma que la provincia podría arriesgarse a pagar el equivalente a US$283.000 millones solo en costos de transición, además de perder miles de millones más en inversiones y comercio debido a la agitación política.
Un informe encargado por su gobierno y publicado a principios de este mes calculó que los costos de la separación oscilarían entre 50.000 y 170.000 millones de dólares canadienses (US$35.000 millones y US$120.000 millones) en un plazo de cinco años, con un panorama a largo plazo altamente impredecible.
El informe advierte que la lista de tareas pendientes para una Alberta recién independizada sería larga y costosa.
Tendría que crear agencias para gestionar los impuestos y la seguridad nacional, desarrollar su propia constitución, sistemas legales y judiciales, y planes de pensiones, y negociar la división de activos federales como parques nacionales y bases militares.
Lennie Kaplan, exfuncionario de finanzas de Alberta, afirma que se espera que la provincia asuma una parte de la deuda nacional de Canadá, entre muchos otros desafíos y responsabilidades fiscales.
Un informe sobre la independencia de Alberta elaborado por la Fundación CanadaWest, un centro de estudios sin ánimo de lucro con sede en la provincia, estima que Alberta podría verse abocada a una deuda adicional que oscila entre los 258.000 y los 333.000 millones de dólares canadienses (US$181.000 millones y US$234.000 millones).
Con el impacto previsto en el PIB de Alberta y los costos adicionales, el informe estima que la separación podría afectar la economía de los habitantes de Alberta y reducir sus ingresos disponibles en un 5,8% en promedio.
"¿Por qué tenemos que crear toda esta incertidumbre que podría afectar y perjudicar la situación fiscal de la provincia en el futuro? ¿Por qué no trabajamos dentro de Canadá para abordar estos problemas?", pregunta Kaplan.
Las encuestas de opinión indican que entre el 20% y el 25% de los habitantes de Alberta planean votar a favor de seguir adelante con un referendo vinculante sobre la separación, con un mayor apoyo entre los votantes más jóvenes, rurales y conservadores.
Detrás del movimiento separatista subyace la creencia de que Alberta es incomprendida y olvidada por quienes toman las decisiones en Ottawa. Durante décadas, este sentimiento alimentó una sensación de "alienación occidental" en la provincia de las praderas canadienses.
Lo que antes era un movimiento marginal, se convirtió en realidad gracias a una serie de factores que lo impulsaron a ocupar un lugar central en la política de Alberta.
Hubo indignación por la oposición ambiental y política que frustró los proyectos de construcción de oleoductos que conectarían la provincia de Alberta, que no tiene salida al mar, con las aguas costeras.
Una década de gobierno liberal en Ottawa también ha generado frustración en Alberta, una región tradicionalmente conservadora. Además, persiste la desconfianza hacia el gobierno federal debido a lo que algunos habitantes de Alberta consideraron excesivos los confinamientos durante la pandemia de covid.
Durante el último año, los organizadores separatistas celebraron asambleas ciudadanas en toda la provincia para medir el interés del público. Posteriormente, a principios de este año, lanzaron una petición ciudadana para la secesión, que obtuvo más de 300.000 firmas.
Smith, la primera ministra, decidió a principios de este año que autorizaría una votación.
Alberta alberga el sector petrolero y gasífero de Canadá, con reservas de petróleo que se estiman como las cuartas más grandes del mundo. El petróleo crudo es, por mucho, la materia prima más rentable de Canadá, con un valor de exportación de US$100.000 millones solo en 2025.
La provincia tiene el PIB per cápita más alto del país y aporta miles de millones al año a las arcas tributarias federales gracias a su sólida economía.
Desde 1965, no ha recibido ningún pago de "compensación"; dinero que las provincias consideradas "menos ricas" o con menos recursos reciben del gobierno federal.
Los cálculos realizados por Tegan Hill y Nathaniel Li, economistas del centro de estudios Fraser Institute, muestran que la contribución neta total de Alberta a Ottawa desde 2007 ha sido de 322.000 millones de dólares canadienses (US$226.000 millones), o un promedio de alrededor de 17.000 millones de dólares canadienses (US$12.000 millones) al año.
"Eso es casi cuatro veces más que en la Columbia Británica, y más de cuatro veces más que en Ontario", declaró Hill a la BBC. "Las otras siete provincias fueron receptoras netas, lo que significa que Ottawa gastó o transfirió más dinero a esas provincias del que recaudó".
Hill explica que la cantidad que Alberta aporta al resto de Canadá es una de las principales frustraciones citadas por quienes están a favor de la separación.
Según ella, la idea es la siguiente: "Estamos pagando para mantener a estas otras provincias, pero si siguiéramos nuestro propio camino, podríamos quedarnos con toda esa riqueza para nosotros".
Esta creencia constituye la base de las proyecciones económicas del Proyecto de Prosperidad de Alberta, uno de los principales grupos que se organizan a favor de la independencia.



