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Crecimiento sin inversión privada: cómo la economía española mejora con menos recursos

Por El País — Economía · 31 de octubre de 2026 · 5 min
Crecimiento sin inversión privada: cómo la economía española mejora con menos recursos

Los datos del PIB español muestran fortaleza aunque la productividad genera dudas en un contexto de avance de la digitalización que los indicadores no terminan de capturar

La economía de 2026 sigue dando señales de muy buena salud, aunque sus signos vitales estén a medio gas. El PIB creció un 2,7% anual en el tercer trimestre, según los datos divulgados este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), creando menos empleo y con una inversión muy modesta. La llegada de mano de obra abundante ha explicado al menos la mitad del crecimiento de los últimos años, pero esa capacidad de expandirse a través del trabajo puede haber encontrado su límite. Entonces, ¿cómo se explica el crecimiento español, el mayor de las economías desarrolladas?

Para entender por qué crece la economía, Matilde Mas, catedrática emérita de la Universidad de Valencia, recurre a una metáfora ideada por el Nobel de Economía Paul Krugman, al señalar que hay que ver si se crece por inspiración (con mejoras de eficiencia) o por transpiración, esto es, a base de exceso de inversión y de empleo. "Con los datos que hemos conocido, una parte del incremento no se explica ni por el trabajo, ni por la inversión, entonces se crece por la eficiencia", concluye Mas. "Los datos dicen que has reducido el esfuerzo necesario para crecer".

Así, aunque el empleo comience a crecer menos en cantidad y haya registros muy tímidos de inversión, la calidad de los dos factores es mejor. La fuerza laboral sin cualificar de la que se ha nutrido tradicionalmente España ha dado un cambio en los últimos años y el empleo que se está generando es de mejor calidad. "Lo que importa no es la cuantía, sino en lo que estás invirtiendo", explica la valenciana, directora de proyectos internacionales del instituto IVIE. Así, España ha pasado de invertir en sectores tradicionales como la construcción y ha virado a las actividades del conocimiento, con inversión en software, en I+D+i y, en los últimos tiempos, en inteligencia artificial.

Jorge Uxó, profesor de Economía en la Universidad Complutense, cree que detrás de esta "pregunta del millón" también puede haber una inercia del periodo anterior. La economía tiene un exceso de capacidad, y la va gastando hasta que ya no le quede más colchón. Además de que algunas empresas han priorizado desendeudarse.

El responsable de Análisis Económico de BBVA, Rafael Doménech, es algo más cauto con su visión y advierte de que "si la inversión privada se mantiene débil, las mejoras tecnológicas no se extienden por el conjunto de la economía y la productividad avanza poco, el patrón de crecimiento es más extensivo que intensivo: depende más de sumar trabajo". Para el economista, este patrón "condiciona el aumento y la distribución de las rentas". Aunque la productividad crece, un 0,4% según los datos del INE, no es suficiente para converger con el resto de las economías de la UE, y España se queda en un 74% de la media, según sus cálculos. De esta forma, "cuesta que la actividad se traduzca en aumentos generalizados y sostenidos del salario real y de la renta per cápita".

Pero no está tan claro que la inversión tecnológica en España no se esté dando ya, e incluso a buen ritmo. Los indicadores como el PIB no están preparados para capturar estas inversiones llamadas intangibles propias de la nueva economía. El diseño o el marketing se computan como gastos, cuando son inversiones capitales para el desarrollo de las empresas. Y las inversiones en IA, como suscripciones a aplicaciones, apenas tienen hueco en las estadísticas tradicionales. Además, desde que se realiza la inversión (cuente o no en los indicadores públicos) hasta que se le saca partido, hay un periodo de adaptación. "Lo que sabemos sobre difusión de innovaciones tecnológicas radicales, como la IA, es que primero la productividad disminuye antes de que empiece a aumentar", describe Juan Francisco Jimeno, presidente del Consejo de Productividad de España. Los economistas son muy dados a convertir los gráficos en sopas de letras y en este caso el impacto de una innovación como la IA tiene forma de J.

"Las empresas no están capacitadas para aprovechar la IA como fuente de crecimiento en un primer momento", explica Mas. "Se tiene que reorganizar alrededor de la nueva inversión y tienen que tener los trabajadores que sepan usarla", dice. Esta teoría es una de las más apoyadas por el Nobel de Economía Daron Acemoglu sobre el impacto de la IA. Naciones Unidas, que es el organismo que estandariza la construcción de la estadística, lleva ya un largo tiempo consensuando una nueva forma de medir estas partidas innovadoras. Un desafío va a ser, por ejemplo, medir correctamente la inversión en centros de datos. En un primer momento, un elevado consumo energético se va a contabilizar como más actividad económica. Pero dependiendo del uso y las fuentes de la energía, este gasto intensivo puede tener externalidades negativas.

Nacho Álvarez, profesor de Economía de la Universidad Autónoma, concuerda con Mas en que no se puede afirmar que el crecimiento económico actual "se explique solo por mejoras en la cantidad de horas trabajadas, y no por ganancias de eficiencia". Aunque reconoce que incrementos de productividad mayores serían deseables, remarca que una de las características de la fase de expansión actual es que la productividad crece más que en expansiones anteriores. "Esto está siendo compatible con una rápida creación de empleo, objetivo crucial en un país que tiene tasas de paro tradicionalmente altas como el nuestro", concluye.

Lo cierto es que la productividad es el mantra que todos los economistas aspiran a mejorar para distribuir más riqueza, pero la academia no concuerda en cómo medirlo. Álvarez, por ejemplo, dice que si en lugar de tomar el PIB en su conjunto para calcular la productividad por hora trabajada, se toma el Valor Añadido Bruto de la economía, esto es, el valor de lo que se produce descontando los consumos intermedios, el dato daría un 0,7% anual de media. Desde CaixaBank Research también dicen que, si lo que se toma es la productividad por trabajador, el dato avanzó un 0,8% interanual, y un 0,5% con respecto al 2025.

Con todo, para que los datos de crecimiento a corto plazo se conviertan en un sólido crecimiento a la larga, "va a ser muy importante que el crecimiento proceda de acumulación de capital", indica María García, analista de AFI. También dice que habrá que "invertir mejor". Mas coincide en que si hubiera "otra clase empresarial" que no fuera la dominante e invirtiera en activos más innovadores, se ganaría en productividad y en calidad de la economía.

Si se perpetúa el patrón de crecer por mano de obra, Doménech teme que "la renta por habitante y la riqueza potencial quedarán por debajo de lo que permitiría una senda con más inversión productiva". "Ese menor potencial", añade el economista, "estrecha el margen para elevar los salarios reales, financiar servicios públicos y sostener la convergencia con la UE".