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Cómo lidiar con un jefe tóxico (y no morir en el intento)

Por Redacción Sinergia Empresarial · 26 de septiembre de 2026 · 5 min
Cómo lidiar con un jefe tóxico (y no morir en el intento)

El liderazgo autoritario está en boga. Estos son los pasos a dar cuando el trabajador se siente acosado sin tener que abandonar la empresa

Un profesor que brilla demasiado al que el responsable del departamento le aparta de los actos públicos para acudir él. Una periodista cuyas ideas son rechazadas por su superior, que las plantea como propias ante la dirección. Un ingeniero informático que ha abandonado la empresa en la que trabajaba para no aguantar los abusos de su mando directo. Los jefes tóxicos son una constante en la empresa, española y extranjera, actual o pretérita, aprecia Santiago Álvarez de Mon, experto en liderazgo de IESE Business School. "A lo largo de mi carrera, me he encontrado a muchos jefes autoritarios y abusivos. Están en toda la pirámide organizativa y en todo tipo de industrias y culturas empresariales. Aunque es cierto que el management ha mejorado mucho en los últimos años, este tipo de liderazgo es más fácil que progrese en las compañías en las donde prima mucho la jerarquía", explica.

La calificación de jefe tóxico no responde a un adjetivo, es un diagnóstico, subraya el psicólogo Rubén Fornell. Un diagnóstico exige un patrón que se repita, una conducta observable y un coste medible para las personas o el negocio afectados, sostiene el también ejecutivo y músico. "Sin ellos solo nos encontramos ante un mal jefe", precisa.

Para Marta Romo, directora general de la consultora de recursos humanos BeUp, este tipo de líderes producen un lastre en los trabajadores a los que gestionan: deterioran su desarrollo profesional, su seguridad y su capacidad de conducirse como un equipo. "Al final, impactan en la salud emocional o mental de sus subordinados", advierte. Algo que se traduce en insomnio, ansiedad, pérdida de concentración y desmotivación. Y, por supuesto, afecta gravemente al compromiso con la organización. Aunque eso sí, la profesora del departamento de Dirección de Personas y Organización de Esade, Laura Guillén, mantiene que estos mandos también necesitan seguidores que los toleren y de un entorno propicio para hacer de las suyas. "Cuanta más incertidumbre hay, más aceptamos a los directivos dominantes", afirma.

A su juicio, no hay un solo tipo de jefe tóxico. Están los maníaco-depresivos, que lanzan dardos a sus equipos que cuesta digerir; los pasivo-agresivos, que no diciendo hacen sentir culpables a sus subordinados o aquellos que son personas emocionalmente desconectadas, carentes de empatía, como los narcisistas.

Fornell señala que el jefe tóxico responde a cinco características psicológicas: tiene una forma de inseguridad convertida en control, pues no es capaz de sostener la autoridad con competencias. Critica a los miembros de su equipo sin dejarles una vía de salida (lo hace en público y se ceba en la persona en lugar de en su conducta). Considera todo el mérito propio mientras que la culpa la externaliza, es imprevisible y muestra una clara incoherencia entre lo que dice y lo que hace, lo cual es el caldo de cultivo de una cultura empresarial tóxica, prosigue. "Con un líder así la rotación del personal aumenta considerablemente".

Lidiar con un superior autoritario no es tarea fácil. Lo primero que hay que hacer, según aconsejan los expertos consultados, es estudiar su conducta y documentar los hechos concretos (por ejemplo, en la reunión de los martes grita y luego se va pegando un portazo). Después de reunir pruebas sobre sus abusos y dejar constancia por escrito, hemos de enfrentarnos a una conversación difícil con el superior, explicarle cómo nos hace sentir con sus comportamientos inapropiados y exponerle peticiones concretas que deben quedar registradas. Se trata de ponerle límites, pero unos límites observables y sostenidos en el tiempo (como por ejemplo: cuando alce la voz, voy a salir de la reunión y regresar minutos después), recomienda Fornell.

Cuando no nos atrevemos, aprecia Romo, vamos permitiéndole más cosas y la persona acosada se siente cada vez menos capaz en el trabajo. "Necesitamos autoprotegernos y no tomárnoslo como algo personal", aconseja Laura Guillén.

Si la reunión no da resultado, es conveniente no sufrir la situación en soledad y debemos buscar apoyos dentro de la compañía, pero no en torno a la máquina de café, recomienda Fernando Calvo, director de Personas y Cultura de Hays para el Sur de Europa. Y poner en conocimiento de los superiores jerárquicos o del departamento de recursos humanos la situación o bien seguir el protocolo antiabusos de la empresa. "Aunque la gente no suele ser muy dada a escalar el problema", reconoce Calvo. O, en su caso, acudir al psicólogo en busca de apoyo (el año pasado el 55% de los trabajadores españoles declararon sufrir burnout o síndrome del quemado, pero sólo el 12% se pusieron en manos de un psicólogo). Y si nada de esto funciona, es el momento de pensar en buscar un nuevo destino profesional.

Tan importante como saber qué hacer para lidiar con un superior tóxico es saber lo que no hay que hacer, según Fornell, a fin de evitar los errores que se cometen habitualmente. Y estos son tres: entrar en una guerra abierta con enfrentamientos públicos con el jefe, poner correos con copia a otros departamentos o gritar constantemente. Perpetuar lo que llama la queja de la máquina de café, es decir, la protesta abstracta que no conduce a nada. O estar a la espera de que algo cambie sin que haya una señal en ese sentido. No podemos hipotecar nuestra carrera profesional. "Porque no hay que olvidar que la gente no se va de las empresas, las abandona debido a los malos jefes", concluye Álvarez de Mon.

La creciente ola de populismo que vive el mundo está provocando el auge del jefe autoritario. "Es más probable que los líderes a los que recurrimos en busca de orientación en tiempos convulsos manifiesten altos niveles de narcisismo, psicopatía y maquiavelismo (lo que se conoce como la 'triada oscura' de la personalidad)", señala Laura Guillén, profesora de Esade. Los ejemplos son abundantes, no hay más que ver a gobernantes como Donald Trump o Vladímir Putin o a ejecutivos como Elon Musk o Marc Zuckerberg. Durante las crisis, la gente tiende a ser más afiliativa y sumisa, mientras que los individuos de la triada oscura mantienen sus ansias de poder y se aprovechan del caos e incluso lo generan. Manifiestan agresividad y dan sensación de tener derecho a todo, según la docente. Su ambición personal está por encima de cualquier cosa.