Bruselas reabre el debate de los eurobonos para la emergencia climática

Tras un verano de pesadilla, la vicepresidenta Ribera plantea reactivar la agenda verde en el arranque del curso político: emitir deuda común y un impuesto europeo a las petroleras
Superincendios que han obligado a evacuar a centenares de miles de personas. Olas de calor desde Estocolmo, con su deshielo ártico, hasta Algeciras, con el aire caliente que viene del Sáhara. Sequías que dejan sin pasto al ganado en los ecosistemas más húmedos. Y distopías climáticas: el caudal del Danubio y del Rin se ha evaporado y los europeos, lejos de asustarse, han organizado fiestas en esos lechos resecos de esos grandes ríos, que dejan ver las carcasas de barcos hundidos en las guerras mundiales. Bruselas suele saltar como un resorte ante las grandes crisis financieras y geopolíticas, pero esta vez las alarmas se activan tras un verano extremo. La vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, planteará en los próximos días un acelerón en la agenda verde, que lleva dos años durmiendo el sueño de los justos , ante la emergencia climática. Ribera pondrá sobre la mesa dos opciones tan ambiciosas como políticamente espinosas: la emisión de deuda común para financiar inversiones y un impuesto a las petroleras .
La lección del verano europeo es una especie de ahora o nunca, a pesar de las reticencias del Norte a los eurobonos y de las reservas de la derecha hacia la agenda verde en general y hacia los impuestos en particular. Bruselas ha desandado parte de la agenda verde en los últimos tiempos, con la jefa de la Comisión, Ursula Von der Leyen, patrocinando una alianza entre el centroderecha y la ultraderecha en la Eurocámara para alargar los plazos de la transición a las energías renovables ante las dificultades que atraviesa la industria europea. Pero el verano de 2026 ha sido una bofetada de realidad para los negacionistas y los retardistas. Los estragos directos e indirectos de sequías, inundaciones, elevadísimas temperaturas e incendios se han disparado: edificios que se agrietan en Londres, ríos bajo mínimos, térmicas y nucleares que no pueden refrigerar (hasta el punto de tener que usar dinamita para que el agua llegue a las centrales), récords de mortalidad y colapsos en servicios esenciales. "Ese es el coste del cambio climático en el continente más rico del mundo: los datos acreditan la necesidad de acelerar la inversión en resiliencia y fortalecer nuestra capacidad de adaptación", asegura la vicepresidenta Ribera en declaraciones a EL PAÍS. "Eso no puede hacerse solamente con los recursos tradicionales, hace falta algo más", remacha.
Y ese algo más remite a la pista del dinero: deuda común e impuestos europeos, a la vista de que hasta los halcones –empezando por el comisario de Clima, el holandés Wopke Hoekstra — admiten ahora la necesidad de invertir en el corto plazo miles de millones para tratar de mitigar los daños. Ribera quiere aprovechar ese viento de cola desde el inicio del curso político, en la reunión de comisarios del próximo viernes para preparar el otoño bruselense, para que quede claro que tiene que haber un cambio de prioridades. "Este golpe de realidad requiere inversiones cuantiosas, públicas y privadas. Unas reglas fiscales que no contemplen la emergencia climática nos condenan al fracaso, pero hay lecciones que podemos extraer de la crisis del covid y su posterior plan de recuperación: el debate sobre la emisión de deuda conjunta como herramienta de seguridad y refugio para inversores y ciudadanos es pertinente", dispara Ribera. Ahí deja dos mensajes que van a levantar ampollas. Una: las reglas fiscales vuelven a ser un escollo . Y dos: los eurobonos, que Europa ha utilizado en sacudidas como la covid y la guerra de Ucrania , son una necesidad cada vez más apremiante.
Queda lo más difícil, convencer a Alemania y sus satélites, que acaban de anunciar que quieren recortes de miles de millones de euros en el presupuesto europeo y cheques como los que consiguió en su día Margaret Thatcher. Europa está obligada a gastar en tres pilares: defensa, revolución tecnológica y cambio climático. Los números simplemente no cuadran; los Estados miembros apenas tienen margen fiscal. Y la política tampoco termina de cuadrar, con la marea ultra recelosa de Bruselas y partidaria de las ya famosas "prioridades nacionales": los españoles primero (Vox), los franceses primero (Le Pen, que lidera las encuestas), y sobre todo los alemanes primero (AfD, también al frente de los sondeos).
Ribera pretende que la Comisión Von der Leyen desoiga los remilgos alemanes ("no habrá deuda común mientras yo viva", llegó a decir en su día Angela Merkel ). Pero además plantea una segunda vía de ingresos: más impuestos a las energéticas, una vía que ya exploraron en el pasado varios Gobiernos, entre ellos el español. "Hay que abrir un debate sobre la desproporción entre los amplísimos beneficios privados declarados por las petroleras frente a la carga desproporcionada que genera el cambio climático", apunta. "Las políticas para reducir a cero el uso de combustibles fósiles y la literatura en torno a una fiscalidad global (y por qué no europea) sobre el petróleo merecen un debate político de altura", asegura a este diario.
Media docena de ministros de Economía, entre ellos el español Carlos Cuerpo, enviaron a Bruselas una carta hace unas semanas para poner en marcha un impuesto a los beneficios extraordinarios de las petroleras. Junto con España, apoyan esa posición Alemania, Italia, Austria, Polonia y Portugal. Pero la número dos del Ejecutivo comunitario quiere más ambición que la mostrada por esos seis países: "No hablamos solo de windfall profits [la elevada rentabilidad por la escasez de determinados productos ante la guerra en Irán , por ejemplo], sino de unos beneficios "a secas" a los que acceden unos pocos y están en el origen de los inmensos costes soportados por todos".
Demografía, Inteligencia Artificial y cambio climático darán forma al futuro de Europa, junto con la necesidad de dotarse de una mayor autonomía estratégica, en especial en defensa. Vienen malas cartas en demografía, con la tasa de natalidad europea hundida y la política migratoria endureciéndose. Para la revolución tecnológica, la agenda verde y la defensa las soluciones están tan sobrediagnosticadas como infraejecutadas : se trata de invertir más y aprovechar el exceso de ahorro europeo, y el hecho de que el mundo entero está diversificando sus inversiones en dólares por la inestabilidad de los EE UU de Trump.
"Hay un caso claro para la emisión de deuda común, pero hay que convencer a los frugales del Norte", afirma Federico Steinberg, del Elcano . "Los eurobonos llegarán, pero paso a paso, no a la velocidad necesaria. Y van a financiar la defensa, el medio ambiente y la política industrial", subraya Steinberg. En el caso de la defensa, Europa ya gasta mucho (el triple que Rusia), pero siempre a nivel nacional, con duplicidades y sin ponerse de acuerdo en las capacidades comunes: las diferencias por el caza europeo entre Alemania y Francia son un ejemplo paradigmático de las dificultades en esa área. Por el lado industrial, el déficit comercial europeo con China asciende a 1.000 millones de euros al día, y la UE va muy rezagada en lo relativo a la revolución tecnológica, por detrás de EE UU y China; sin músculo empresarial ni el potencial regulador de antaño. A la altura de esos dos retos, el verano deja claro que Europa es la zona cero de la emergencia climática. Tras la reunión del próximo viernes del colegio de comisarios, el discurso de Von der Leyen sobre el Estado de la Unión marcará las prioridades a mediados de septiembre. El marco integrado de resiliencia frente al cambio climático llegará en octubre: ese será el primer examen serio. Y el acuerdo para el presupuesto europeo debería llegar a fin de año, antes de las elecciones francesas: ahí se verá si Bruselas sigue con su inercia hacia ninguna parte o es consciente de que vuelve a estar en algo parecido a un momento fundacional.
Información con base en Redacción Sinergia Empresarial. Redacción y edición: Sinergia Empresarial.



