"Ya no quiero ser pediatra. La mirada de esos niños se queda con uno para siempre": el dolor de los médicos que asisten a los heridos del terremoto en Venezuela
Agotados por el volumen de pacientes y conmovidos por la severidad de los casos, los médicos venezolanos luchan por sobreponerse al desgaste de trabajar sin insumos ni equipos adecuados, mientras las donaciones mantienen a flote los hospitales.

Agotados por el volumen de pacientes y conmovidos por la severidad de los casos, los médicos venezolanos luchan por sobreponerse al desgaste de trabajar sin insumos ni equipos adecuados, mientras las donaciones mantienen a flote los hospitales.
Advertencia: las descripciones pueden afectar la sensibilidad de la audiencia.
El doctor X trató a decenas de niños aplastados por los escombros durante seis días seguidos.
Los primeros que llegaron a la sala de emergencias pediátrica gritaban y lloraban. Estaban adoloridos por los golpes que recibieron mientras sus padres los arrastraban fuera de los edificios, en medio del doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, el miércoles 24 de junio a las 18:04.
Pero a medida que pasaban las horas, los casos se volvían más graves: pacientes con las piernas necrosadas o inflamadas por la acumulación de sangre, en riesgo de shock o insuficiencia renal debido a las toxinas liberadas por los músculos bajo la presión de los escombros.
A diferencia de los primeros casos, estos niños no gritaban ni lloraban. Aparecían en el hospital inconscientes, sin identificación y sin padres ni familiares.
"El problema es el traslado en condiciones caóticas. No es lo que uno quisiera recibir, es decir, un paciente en ambulancia, con una vía tomada en el trayecto", explica el pediatra especializado en emergencias con la voz quebrada por el llanto.
"Me afecta mucho porque estos pacientes que hemos celebrado que los han rescatado vivos terminan falleciendo o en condiciones muy disminuidas, sobre todo con el tema de las amputaciones o con daño renal".
A sus 62 años, el doctor X siente "pena" de pedir anonimato, pero está convencido de que puede "lograr mucho más siendo discreto en este momento".
En el pasado le reventaron los vidrios de su auto tras negarse a prescribir un antibiótico.
En sus 34 años de experiencia, nunca había presenciado tanto caos como el que desencadenaron los terremotos, ni siquiera en las circunstancias de conmoción social más importantes que se han registrado en Venezuela y que ha presenciado como médico: El Caracazo (1989), el deslave de Vargas (1999) y la pandemia por el coronavirus (2020 y 2021).
"A veces siento que ya no quiero ser pediatra. La mirada de esos niños se queda con uno para siempre", dice mientras aparta la cámara durante una videollamada para llorar.
El doctor X asegura que esta vez cada niño que llega a sus manos le recuerda a sus nietos o a sus hijos cuando eran pequeños.
"Lo más duro es la incertidumbre de no saber qué decir cuando preguntan por sus padres o saber que ya fallecieron pero no poder decirles la verdad".
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Mientras al doctor X le preocupan los niños, el doctor R lamenta las secuelas psicológicas y emocionales en los ancianos.
A kilómetros de distancia, en otro hospital de Caracas, el doctor R inició su carrera como médico internista hace unos años. También pide preservar su nombre para evitar represalias.
"Muchos pacientes de la tercera edad se quedaron solos, sin ningún familiar ni apoyo. Muchos no recuerdan ni cómo se llaman, no saben nada, ningún dato relevante sobre su identidad… Digamos que han hecho amnesia de ese momento".



