Trabajadores enfermos que no están de baja por miedo al despido: "Es un dolor horroroso"
Un tercio de los empleados europeos acude enfermo a trabajar, el reverso del fenómeno sobre el que el PP ha puesto el foco esta semana, las bajas fraudulentas. Los médicos se quejan de escasez de medios para enfrentarse a ellas

Un tercio de los empleados europeos acude enfermo a trabajar, el reverso del fenómeno sobre el que el PP ha puesto el foco esta semana, las bajas fraudulentas. Los médicos se quejan de escasez de medios para enfrentarse a ellas
Manuela Hernández trabaja limpiando edificios, una tarea que desarrolla cada día "con mucho dolor". Entre otras dolencias, sufre tendinitis y rizartrosis, el desgaste de un cartílago de la mano. "Me duele mucho con casi todos los movimientos de mi trabajo, hasta para coger la fregona. También tengo problemas en el hombro. He llegado a ir con el brazo en cabestrillo y quitármelo para trabajar", cuenta esta vallisoletana, que atiende a EL PAÍS junto a su marido, trabajador de la construcción. "Tiene 63 años, vértigos, problemas de cadera y le están pidiendo que suba al andamio". Cuando se pregunta a Manuela por qué no está de baja para recuperarse, contesta: "Tengo 60 años. Imagínate que me echan a la calle, ¿qué hago? Me enfada y me frustra trabajar con dolor, pero me da miedo el despido".
El caso de Manuela es el reverso del que ha protagonizado el debate público en España esta semana. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, definió como " un cáncer " el aumento de las bajas laborales (cuya incidencia se ha duplicado en la última década), criticó los convenios que complementan el recorte salarial durante la incapacidad temporal y, como se esforzó en focalizar el PP después, denunció el fraude de los empleados que están de baja sin estar enfermos. Es un discurso en línea con el de CEOE, que incluso ha llegado a hablar de " bajaciones " y de " absentismo profesional ", un relato que enerva a los sindicatos. No niegan la existencia del fraude y piden que se persiga, pero a la vez consideran que es mucho más relevante el problema de los trabajadores que acuden a su puesto enfermos.
Maria del Mar Crespí, profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de les Illes Balears y autora de la tesis doctoral Incapacidad temporal y absentismo laboral: prevención, control y retorno al trabajo , subraya que estos fenómenos apenas están oficialmente cuantificados, pero que algunos estudios permiten dimensionar parcialmente cada problema. Empezando por el de los empleados enfermos que acuden a trabajar, conocido como "presentismo", Crespí hace referencia a la encuesta europea sobre condiciones de trabajo de Eurofound . Según los últimos datos disponibles, de 2024, un 31% de los empleados europeos acudieron en el año anterior en algún momento a su puesto de trabajo cuando no se encontraban bien. Incurren más en el presentismo las mujeres (34%) que los hombres (29%).
Crespí también menciona un estudio del Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Cataluña . Según ese análisis de 2024, el 81% de los empleados catalanes dicen haber estado enfermos en algún momento del año. Y dentro de esos ocho de cada diez, la mitad expresa haber incurrido en presentismo, un fenómeno más habitual entre los jóvenes (52,1% de 16 a 29 años) que entre los veteranos (48,8% en los mayores de 45 años) y entre aquellos con menor formación (56,1%) que con estudios superiores (49,3%).
Asunción García, panadera granadina de 52 años, es presentista. "Sufro vértigos, artrosis y me dan pinzamientos en las lumbares. También tengo una cervicalgia, de la que cada vez estoy peor por el mucho peso que cargo. Son muchas bandejas y cajas todos los días". Uno de los principales motivos por los que trabaja enferma es que cobra el salario mínimo y no quiere sufrir el recorte retributivo asociado a la baja. "Además, somos dos compañeras en la tienda. Si estoy de baja no me cubren y se lo come todo ella, que también está con hernias en la espalda". En periodos de incapacidad temporal de su compañera en los que ha trabajado el doble de lo habitual, dice que su jefe le ha planteado lo siguiente: "Ya te cubrirá ella cuando tú estés de baja, cuando no puedas más".
"Trabajar así", indica Crespí, "perjudica no solo a la salud del empleado, también a la productividad de la empresa". Dice que el presentismo dificulta la recuperación del empleado, lo que acaba redundando en mayor accidentabilidad, recaídas y potenciales procesos de baja más largos. La hermana de Asunción, Mercedes García, está en uno de esos extensos periodos de incapacidad temporal, debido a las múltiples lesiones que arrastra. "He estado mucho tiempo aguantando a base de antinflamatorios y diazepan", dice esta modista de 64 años. "Imagínate el dolor de tener las cervicales hechas polvo, y estar todo el día cosiendo con la cabeza para abajo. Te mareas. Es una angustia, un dolor horroroso".
Tras mucho aguantar, hace un año que Mercedes aceptó parar. Después, estando ya de baja, la empresa para la que trabajaba cerró y está pendiente de la llamada del tribunal médico , el órgano de supervisión que decidirá si le dan la incapacidad permanente, si prorrogan la baja o si está lista para volver. Si la decisión es la tercera, se irá al paro. " Estoy muy nerviosa . Creo que van a decirme que no puedo trabajar más, pero no lo sé", dice.
El momento de enfrentar el tribunal médico también alteró a Lorena (nombre ficticio), empleada en una agencia de publicidad de 36 años. "Tengo depresión desde hace muchos años y un trastorno de ansiedad provocado por el trabajo. En 2021 me intenté suicidar dos veces, pero como acababa de empezar fui al día siguiente a trabajar igualmente. Me daba miedo que me despidiesen". Lamenta que en el centro sanitario en el que la atendieron no le plantearon la baja, que le hicieron un lavado de estómago y la mandaron a casa.
En el siguiente capítulo de la historia de esta joven opera una clave que estos días subrayan no solo los sindicatos, también las patronales: el atasco de la sanidad pública alarga innecesariamente muchos procesos. "Después de aquello, cuando conseguí una cita, la psiquiatra me dio la baja. Me ofreció ingresar en recursos especializados, que me habrían ayudado muchísimo, y me pusieron en la lista de espera. Para cuando me llamaron, meses después, ya había vuelto a trabajar porque me puso muy nerviosa enfrentarme al tribunal médico". El broche es que poco después de la reincorporación la compañía prescindió de ella .
Crespí sostiene que la inspección médica es una herramienta más en una estructura de control, en teoría, más fuerte que la de otros países. "No en todos los sitios la empresa puede ordenar un reconocimiento médico, ni la mutua puede intervenir tanto si difiere del diagnóstico del médico de la Seguridad Social. Y hay un sistema electrónico al que puede acceder la mutua y por el que los inspectores reciben avisos cuando un proceso se alarga de más, respecto al promedio de lo que correspondería a esa dolencia". Pero Crespí subraya que " la falta de personal " lastra el sistema, idea en la que abunda Eva Vaquerizo, subsecretaria general del Sindicato de Médicos Inspectores del Cuerpo de la Inspección Sanitaria.
"Somos 450 inspectores médicos activos en toda España [sin contar Cataluña, con su propio sistema]. Somos menos que en 2013, pese al incremento exponencial de la incapacidad temporal desde entonces", lamenta esta profesional. "Esta situación", en referencia al atasco derivado del aumento de las bajas laborales, "era previsible y no nos han hecho caso, pese a los paros que hemos hecho . Nos llegan las alertas de procesos que debemos revisar, y lo intentamos hacer, pero no llegamos a todo porque estamos desbordados". Subraya que desde 2023, tras un cambio reglamentario, es habitual que la revisión que el tribunal debe desarrollar a los 12 meses se atrase hasta los 18. Entonces se decreta la reincorporación al empleo , otra prórroga de seis meses si hay perspectivas de mejora o la concesión de la incapacidad permanente en alguno de sus grados.
"Al ser un comportamiento ilícito que sus protagonistas tratan de ocultar activamente", dice Crespí sobre los episodios de fraude en su tesis, "su cuantificación exacta resulta extremadamente difícil, si no imposible, aunque es necesario proporcionar datos que permitan hacerse una idea de la situación". Menciona un estudio de 2017 , a partir de una encuesta realizada a 90 médicos inspectores del Instituto Nacional de Seguridad Social, que de media consideraban que un 27% de los procesos por incapacidad que revisan eran simulados. Cabe destacar que a ellos llegan, normalmente, los casos que se alargan.
A la vez, cada vez es más habitual que las empresas que dudan de la veracidad de las bajas recurran a detectives. Antonio Labrador, presidente de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, dice que este es un servicio que las compañías reclaman más a su sector en los últimos años, en consonancia con el aumento de los índices de incapacidad temporal. "Las empresas nos dan unos datos y nosotros hacemos un seguimiento lo más pormenorizado posible del investigado, siempre respetando sus derechos fundamentales. Lo que averiguamos se presenta ante los tribunales o en las instancias que correspondan".
Distintas sentencias judiciales han documentado abusos de trabajadores: en mayo de 2025 , el Tribunal Superior de Justicia de Asturias reconoció la procedencia del despido de un empleado que tocaba en una banda de música pese a tener una lesión de rodilla; y en febrero del mismo año , la justicia murciana hizo lo mismo con un hombre que impartía clases de artes marciales durante una baja por ansiedad.
Ese tipo de fraude, en el que el empleado de baja trabaja para otra empresa, es el que más se repite en las sentencias que condenan al trabajador. Según los datos de Inspección de Trabajo de 2024 , a lo largo del año hubo 688 infracciones por este motivo y 403 ocasiones en que se interrumpió el proceso de baja laboral. "Son personas que han realizado actuaciones incompatibles con su proceso de incapacidad temporal", explica José Antonio Amate, portavoz de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo.
Labrador destaca que las empresas recurren a los detectives cuando ya tienen serias sospechas de que puede haber un fraude, de manera que cifra entre "el 80% y el 90%" las investigaciones que acaban descubriendo un engaño. A la vez, no precisa una estimación de cuántos investigaciones de este tipo desarrolla su sector cada año y sí explica que cada vez más están relacionadas con la salud mental.
Angelina Martín, camarera de piso de 53 años, cree que en este debate también juega un papel central la dinámica entre compañeros. "Lo escuchas en los comedores, en los corrillos, lo mucho que le molesta a mucha gente cuando alguien está de baja. Siempre hay alguien que piensa que son mentira todas las bajas. Y se enfadan por el trabajo extra que suponen, cuando es responsabilidad de la empresa encontrar una sustituta", lamenta esta tinerfeña, que dice trabajar "medicada desde hace 18 años" por los dolores que sufre. "Por las mañanas, enantyum y café".

