¿Qué enseñan los Nobel de Economía 2026 sobre el gasto público, la inflación y el crecimiento de México?

Los trabajos de Robert Hall y Michael Woodford ayudan a explicar por qué las transferencias públicas no siempre impulsan el consumo y cómo las expectativas influyen en la inflación y las decisiones de Banxico.
Durante las décadas posteriores a la publicación de La teoría general del empleo, el interés y el dinero, del economista británico John Maynard Keynes, en 1936, numerosos macroeconomistas confiaron cada vez más en la capacidad de los gobiernos para estabilizar la economía mediante políticas fiscales y monetarias. Los ganadores del Premio Nobel de Economía de 2026, Robert Hall, profesor emérito de la Universidad de Stanford, y Michael Woodford, profesor de la Universidad de Columbia, contribuyeron a reconstruir la macroeconomía sobre bases más sólidas. Sus aportaciones ofrecen lecciones especialmente pertinentes para México, cuya economía enfrenta un crecimiento débil, presiones fiscales y una inflación todavía superior a la meta del banco central.
De Keynes a la crítica de Lucas: ¿por qué importan las expectativas?
Hacia la década de 1960, la macroeconomía keynesiana dependía en buena medida de relaciones estadísticas entre variables agregadas. Los gobiernos creían poder estimar cómo respondía el consumo al ingreso y anticipar los efectos de sus políticas.
Sin embargo, las personas representadas en aquellos modelos se comportaban de manera extrañamente mecánica. ¿Gastarías un bono extraordinario con la misma facilidad con la que gastas tu salario habitual? ¿Y si supieras que no volverás a recibirlo? Las funciones keynesianas de consumo, empleadas para modelar el comportamiento de los hogares y hacer diagnósticos de política pública, prestaban poca atención a esa diferencia.
Milton Friedman, economista de la Universidad de Chicago y ganador del Nobel en 1976, cuestionó esa visión. Su hipótesis del ingreso permanente sostenía que las familias toman decisiones considerando los recursos que esperan recibir durante buena parte de su vida. Un aumento transitorio del ingreso debería provocar una respuesta distinta de la que produciría una mejora permanente.
Robert Lucas, también de Chicago y galardonado en 1995, llevó la crítica todavía más lejos: cuando cambian las políticas, las personas modifican sus expectativas y, con ellas, su comportamiento. Las relaciones estadísticas observadas bajo determinadas reglas del juego pueden dejar de ser válidas cuando esas reglas cambian. Los hogares y las empresas responden a cambios en el entorno institucional y político; los parámetros estimados para un entorno no son fácilmente transferibles a otro.
La llamada crítica de Lucas obligó a los macroeconomistas a prestar mayor atención a las decisiones individuales. Los consumidores anticipan acontecimientos económicos; las empresas responden a incentivos y las expectativas sobre el futuro influyen en las decisiones del presente. Los modelos keynesianos presuponían consumidores y empresarios miopes o backward-looking; Lucas llamaba a considerar comportamientos más realistas, forward-looking.
Robert Hall y los límites del multiplicador del gasto público
Robert Hall, uno de los premiados este año, contribuyó a someter una parte de esta nueva perspectiva al escrutinio empírico. En un influyente artículo publicado en 1978, mostró que el consumo agregado se comportaba aproximadamente como un paseo aleatorio: la información que ya estaba disponible difícilmente permitía predecir sus cambios, pues las familias la habían incorporado a sus planes. Importaba, sobre todo, la llegada de información nueva sobre sus ingresos futuros.
Este hallazgo de Hall debilita una de las premisas del pensamiento keynesiano: la idea de que el gasto público, al incrementar el ingreso disponible de los hogares, incrementará automáticamente el consumo y detonará un efecto multiplicador.
Pensemos en el caso mexicano, en el cual las transferencias han tenido un papel preponderante en la política de Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador. Una transferencia anunciada con anticipación puede modificar las decisiones de las familias antes de que reciban el dinero; una transferencia temporal puede destinarse en parte al ahorro. Las investigaciones de Hall aconsejan estudiar estas circunstancias antes de atribuir a un programa un multiplicador fiscal extraordinario.
La prudencia importa especialmente ante las presiones fiscales. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento de apenas 1.5% para México en 2026 y advierte que serán necesarios mayores esfuerzos para colocar la deuda pública en una trayectoria descendente. En estas condiciones, financiar nuevos estímulos mediante endeudamiento exige evaluar cuidadosamente sus beneficios esperados y sus costos futuros.
Michael Woodford y el papel de las expectativas en la inflación
El otro premiado, Michael Woodford, ayudó a desarrollar otra rama de esta reconstrucción intelectual: la macroeconomía neokeynesiana moderna. Pese a su nombre, se encuentra mucho más cerca del legado metodológico de Friedman y Lucas de lo que suele suponerse.
Como observó John Cochrane, economista de la Institución Hoover de Stanford, el premio de este año se sitúa «mucho más a la sombra de Milton Friedman y Bob Lucas que de Keynes». Woodford conservó una preocupación asociada al keynesianismo —la lentitud con la que pueden ajustarse precios y salarios—, pero la incorporó a modelos de hogares y empresas cuyas decisiones incorporan expectativas sobre el futuro.
En esos modelos, el consumo depende de las tasas de interés y de las expectativas sobre los ingresos futuros; las empresas fijan precios considerando los costos que esperan enfrentar, y los bancos centrales deciden sus tasas siguiendo reglas que el público procura anticipar. Una señal creíble acerca de la política monetaria del próximo año puede influir sobre el consumo, la inversión y los precios desde hoy.
También explica por qué importan los compromisos asumidos por el banco central: si las empresas sospechan que un banco central tolerará más inflación cuando enfrente presiones políticas o económicas, pueden incorporar esa expectativa a sus precios antes de que ocurra cualquier cambio de política.
La influencia de esta manera de pensar es reconocible en la práctica de diversos bancos centrales, incluyendo el Banco de México. En septiembre de 2026, Banxico mantuvo su tasa de referencia en 6.50% y subrayó que las decisiones futuras dependerían de las perspectivas inflacionarias, las condiciones de holgura económica y las expectativas. También señaló que su política monetaria no tiene por qué responder mecánicamente a los movimientos de la Reserva Federal estadounidense.
En la primera quincena de octubre, la inflación anual se ubicó en 3.62%, mientras que la subyacente alcanzó 3.78%. Banxico anticipaba en septiembre que la inflación general convergería a su meta de 3% durante el último trimestre de 2027. El FMI, por su parte, consideraba que un retorno duradero podría demorarse hasta principios de 2028. Una disminución prematura de las tasas podría alterar las expectativas y dificultar la convergencia; mantenerlas demasiado elevadas también impone costos a una economía de crecimiento débil. La credibilidad y la información disponible son esenciales para ponderar esos riesgos.
Desde luego, el marco neokeynesiano admite críticas. Economistas austriacos, monetaristas y especialistas en ciclos económicos reales cuestionan sus distintos supuestos sobre rigideces de precios, el papel de los mercados financieros o la capacidad de intervención de los bancos centrales.
Estas controversias se desarrollan, sin embargo, dentro de una disciplina profundamente transformada por la exigencia de explicar los fenómenos agregados a partir de las decisiones individuales. El viejo keynesianismo, con sus relaciones ad hoc entre variables agregadas, ha quedado en el pasado para la macroeconomía moderna.
Hall y Woodford ofrecen, así, dos lecciones complementarias para México. La política fiscal afecta a personas que distinguen entre ingresos transitorios y permanentes, anticipan medidas y ajustan sus planes. La política monetaria influye en hogares y empresas que forman expectativas sobre los precios y las decisiones futuras del banco central. Ambas políticas deben examinarse con rigor y modestia frente a lo que realmente pueden conseguir.
Como expresó el economista austriaco Roger Garrison: «Hay preguntas macroeconómicas, pero solo respuestas microeconómicas».
¿Habrá megapuente por Día de Muertos? Estas son las fechas del calendario SEP 2026
Microsoft supera las expectativas con un alza de 32% en sus ganancias
S&P 500 y Nasdaq suben 0.28% tras pausa de la Fed; Dow Jones gana 0.19%
Google presenta Gemini 4 Carbon, mientras las ganancias de Alphabet caen 25%
The post ¿Qué enseñan los Nobel de Economía 2026 sobre el gasto público, la inflación y el crecimiento de México? appeared first on Alto Nivel .



