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¿Por qué las tandas son una mala idea? Esto pasa con 500 pesos si ahorras durante 12 semanas

Por altonivel.com.mx · 04 de septiembre de 2026 · 3 min
¿Por qué las tandas son una mala idea? Esto pasa con 500 pesos si ahorras durante 12 semanas

Las tandas ofrecen disciplina para ahorrar, pero tienen costos: cero rendimiento, poca flexibilidad y riesgo de incumplimiento.

Las tandas suelen presentarse como una forma sencilla y confiable de ahorrar: cada semana se entrega una cantidad fija y, cuando llega el turno, se recibe una bolsa de dinero. Pero esa aparente facilidad oculta varios problemas: el dinero no genera rendimiento, el participante queda obligado a pagar aunque tenga una emergencia y todo depende de que las demás personas cumplan.

La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 muestra que 56% de la población adulta reportó algún mecanismo de ahorro informal y que 19% dijo haber participado en una tanda. Además, 36.6% de los adultos declaró ahorrar exclusivamente de manera informal y 21.6% combinar mecanismos formales e informales.

La popularidad de las tandas no significa que sean una buena herramienta financiera. Muchas veces solo reflejan que las personas necesitan disciplina para ahorrar y confían más en su círculo cercano que en una institución.

Imaginemos a Mariana. Cada semana participa en una tanda con otras once personas. Son doce números y cada participante aporta 500 pesos por semana. Cada semana se reúnen:

La persona cuyo número corresponde recibe los 6,000 pesos y debe continuar pagando 500 pesos durante las semanas restantes. Al terminar las doce semanas, todos habrán aportado $6,000 y todos habrán recibido la misma cantidad. En términos nominales, nadie ganó dinero pero no todos recibieron el mismo beneficio.

Si Mariana obtiene el primer número, recibe 6,000 pesos antes de haber terminado sus aportaciones. En la práctica, obtiene un crédito sin intereses financiado por el resto del grupo. Si recibe el último, entrega dinero durante once semanas antes de recuperar el fondo.

La tanda, entonces, no es una inversión. Es una combinación de ahorro forzoso y crédito informal, sin contrato financiero, sin rendimiento y con una alta dependencia de la confianza personal.

Supongamos que Mariana deposita 500 pesos al final de cada semana durante doce semanas en un instrumento que mantiene la misma tasa anual.

En Cetes BONDDIA, con una tasa aproximada de 6.5% anual, acumularía alrededor de $6,023.

En Nu Cajita Turbo, con una tasa de 13% anual, tendría aproximadamente $6,046.

En Revolut, con una tasa de 15% anual, llegaría a unos $6,053.

El cálculo supone doce aportaciones semanales de $500 y capitalización semanal equivalente y no considera impuestos ni cambios de tasa.

La diferencia parece pequeña porque el plazo es corto y el dinero se deposita poco a poco. Pero el problema no es únicamente perder 23, 46 o 53 pesos. Es acostumbrarse a mantener el ahorro en un mecanismo que no genera ningún rendimiento, porque en el mismo lapso, el dinero perdió poder de compra por inflación.

Una tanda también puede fallar si alguien deja de pagar después de recibir su dinero. En ese caso, el resto del grupo debe absorber el faltante o enfrentar una disputa con una persona conocida. La confianza puede facilitar el acuerdo inicial, pero no sustituye un contrato ni garantiza la recuperación del dinero.

Además, quien recibe el último número queda especialmente expuesto: durante casi tres meses entrega sus aportaciones sin disponer del fondo. Si surge una emergencia, debe seguir pagando o arriesgarse a perjudicar a todo el grupo.

En las cuentas bancarias con rendimientos, o en bonos gubernamentales, existen reglas formales y condiciones explícitas. En una tanda, muchas veces todo depende de mensajes, acuerdos verbales y la voluntad de los participantes.

Las tandas sobreviven porque una hermana, una vecina o una compañera de trabajo puede parecer más confiable que una institución financiera. Sin embargo, esa confianza tiene límites, pues una persona conocida también puede perder el empleo, enfrentar una emergencia o simplemente decidir no pagar.

El sistema financiero formal funciona mediante contratos, procedimientos y mecanismos institucionales. No elimina todos los riesgos, pero establece reglas para administrar el dinero y enfrentar incumplimientos.

En cambio, la tanda ofrece disciplina, pero cobra un precio: cero rendimiento, poca flexibilidad y riesgo de incumplimiento

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