Por qué Daniel Ortega quiere abolir las elecciones y qué queda de la oposición dentro de Nicaragua
La oposición política interna ha sido prácticamente eliminada, pero dentro del país persisten pequeños focos de resistencia silenciosa.

La oposición política interna ha sido prácticamente eliminada, pero dentro del país persisten pequeños focos de resistencia silenciosa.
Así se pronunció el presidente Daniel Ortega durante el acto por el 47º aniversario de la Revolución Sandinista el pasado domingo en Managua.
El mandatario nicaragüense de 80 años aseguró que no permitirá nuevos comicios para que la oposición intente "atrapar el gobierno, atrapar el poder", sin ofrecer más detalles.
Nicaragua debía elegir presidente en 2027, después de que una reforma constitucional aplazara las elecciones inicialmente previstas para finales de este año.
Esa misma reforma ascendió a Rosario Murillo, esposa de Ortega, de vicepresidenta a "copresidenta", amplió el mandato presidencial y reforzó aún más el control de la pareja sobre las instituciones del Estado.
El nuevo anuncio de Ortega supone, según analistas y organismos internacionales, un paso más en el desmantelamiento democrático de un país que ya desde hace años carece de elecciones libres.
El líder sandinista ganó las últimas presidenciales de 2021 tras encarcelar a los aspirantes de los partidos opositores, en una ola represiva que se extendió a políticos, empresarios, activistas y periodistas.
En los años siguientes ilegalizó partidos y organizaciones civiles, además de expulsar del país y privar de la nacionalidad a prácticamente todas las figuras disidentes, vaciando a Nicaragua de oposición organizada y medios independientes.
Entonces, ¿por qué Ortega necesita abolir unas elecciones cuando controla el sistema electoral, acapara todos los poderes del Estado y ha eliminado a sus posibles competidores?
Y, después de años de cárcel, persecución, exilios forzados y desnacionalizaciones, ¿queda todavía oposición dentro de Nicaragua?
BBC Mundo habló con dos de los más destacados opositores nicaragüenses en el exilio para tratar de responder a ambas preguntas.
Dora María Téllez es historiadora y dirigente histórica de la Revolución Sandinista posteriormente represaliada por Ortega; Félix Maradiaga dirige la Red Liberal de América Latina y es uno de los aspirantes presidenciales encarcelados antes de las elecciones de 2021
Ambos coinciden en que abolir las elecciones estaría lejos de ser una demostración de fortaleza.
"Ya en 2021 Ortega tuvo muchísimo miedo a ir a una elección, por lo que barrió con todo hasta que él quedó solito. Cinco años después, el miedo se ha elevado muchísimo más", afirma Téllez.
El nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico
La abolición de las elecciones, a su juicio, indica que el mandatario nicaragüense "ya no tiene confianza ni en su propia gente, pese a que controla totalmente el sistema electoral, el sistema de justicia, el Ejército, la Policía y la totalidad de las instituciones".
Según Maradiaga, Ortega podría temer que unos comicios —aunque sean amañados— canalicen en las urnas el rechazo acumulado hacia su gobierno.
"Ortega vio el ejemplo de Nicolás Maduro abriendo un proceso que creía controlar totalmente tras inhibir a opositores como María Corina Machado, y de repente una figura inesperada como Edmundo González Urrutia agrupa el voto de protesta", indica.


