Muere la exministra Fátima Báñez, que viajaba en uno de los trenes siniestrados

La titular de Trabajo entre 2011 y 2018 estuvo vinculada en los últimos años a la CEOE
Fátima Báñez (San Juan del Puerto, Huelva, 1967) se encuentra entre las víctimas que han fallecido en el accidente ferroviario de Toledo, según ha confirmado este jueves el portavoz del PP, Borja Sémper. "Te vamos a echar mucho de menos, querida Fátima, amiga. DEP Fátima Báñez", ha escrito en redes sociales, aunque luego ha borrado el mensaje. Miguel Garrido, vicepresidente de CEOE y presidente de la patronal madrileña, también lo ha señalado en redes sociales.
La exministra de Trabajo con el Partido Popular habría cumplido 60 años el próximo 6 de enero. Una fecha que, durante los siete años que fue responsable de Empleo y Seguridad Social (2011-2018), le gustaba celebrar con su equipo y con los periodistas que seguían la información laboral, invitando a Roscón de Reyes en el ministerio. Ese día, y otros muchos —porque era una persona cercana y jovial— salía la Fátima que siempre tenía una anécdota que contar de sus hijos o de algún adversario político. Lo hacía con humor, que para eso presumía constantemente de su origen onubense.
Báñez, vinculada desde 2020 a la patronal CEOE, viajaba en uno de los trenes accidentados en Urda (Toledo) y está entre los al menos 69 fallecidos que ha causado el siniestro. Fue la primera mujer en ocupar la dirección del Ministerio de Empleo y Seguridad Social y fue también la que más tiempo estuvo al frente de esa cartera. Siete años que empezó con fuerza, ya que le tocó gestionar el mercado laboral en pleno desastre económico causado por la Gran Recesión, después del crash de 2008.
Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por Icade y con un máster en Gestión Pública de la escuela de negocios IESE, fue una de las colaboradoras más estrechas de Rajoy antes y durante todo su mandato, con un carácter dialogante. Y junto al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, fueron quienes le ayudaron a construir y desplegar la política económica.
La exministra comenzó su gestión cumpliendo un encargo del presidente del Gobierno, su amigo y compañero de filas, Mariano Rajoy: hacer una reforma laboral que reparara el maltrecho mercado laboral. En 2008 el paro rondaba el 9% y escaló hasta el 23% a finales de 2011, cuando Rajoy tomó las riendas del Ejecutivo y nombró a Báñez ministra de Empleo y Seguridad Social. La tasa siguió creciendo hasta 2013 (hasta el 27%) y entonces inició una caída hasta situarse en el entorno del 15%, cuando los populares abandonaron el poder fruto de la moción de censura.
Báñez aprobó esa reforma sin el consenso de los sindicatos, lo que le acarreó no pocos dolores de cabeza. Pero siempre defendió su proyecto con uñas y dientes. Ese cambio, que salió adelante en 2012, durante lo peor de la crisis económica, generalizó a 33 días por año trabajado (con un tope máximo que bajó de 42 a 24 mensualidades) la indemnización por despido improcedente. Eso hizo desaparecer la histórica compensación de 45 días por año y un tope de 42 mensualidades.
Solo un año después, otra reforma, esta vez de pensiones, volvió a suscitar polémica, a pesar de que encargó el diseño de los cambios a un nutrido grupo de expertos de múltiples sensibilidades. En esa ocasión, Báñez se puso al frente de dos modificaciones muy polémicas del sistema de pensiones: aprobó un factor de revalorización que limitaba la actualización de las pensiones al 0,25% anual, mientras que el sistema fuera deficitario, y otro factor de sostenibilidad que vinculaba las futuras pensiones a la esperanza de vida. Este último, tras el frontal rechazo mostrado por que se conoció "el 0,25% de las pensiones", primero se aplazó y luego se derogó. Nunca llegó a materializarse.
Tras estos siete intensos años en Empleo solo aguantó uno más en su escaño, que abandonó en 2019. Después, de la mano de quien había sido uno de sus interlocutores en el ministerio y también amigo, el presidente de la patronal, Antonio Garamendi, se puso al frente de la Fundación CEOE. Compaginó este cargo siendo miembro de varios consejos de administración, entre ellos, de la farmacéutica Rovi. Y en los últimos tiempos solo tenía clara una cosa: que a ella "no la volvían a pillar al frente de un ministerio". Si bien tampoco tenía en mente retirarse de la actividad y, aunque decía que ahora veía la política desde la barrera, seguía conectada a su partido y dispuesta a asesorar a quien se lo pidiese.



