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México exporta más gracias a la IA, pero depende más en energía

Por MVS Noticias · 28 de octubre de 2026 · 5 min
México exporta más gracias a la IA, pero depende más en energía

México exporta más gracias a la IA, pero depende más en energía

México está encontrando en la inteligencia artificial un nuevo motor para sus exportaciones.

Las ventas de equipo de cómputo al exterior aumentan un 37% gracias a la demanda de centros de datos en Estados Unidos. El economista Luis Miguel González advierte, sin embargo, de los desequilibrios en el comercio de combustibles y de la dependencia de granos básicos importados.

Los datos más recientes de la balanza comercial muestran un crecimiento del 37% anual en las exportaciones de equipo de cómputo, impulsado principalmente por la expansión de los centros de datos en Estados Unidos. Al mismo tiempo, el país mantiene un considerable déficit en su comercio petrolero y una dependencia estructural de productos agrícolas como el maíz, el trigo y la soya.

Así lo explicó Luis Miguel González, director editorial general de El Economista, durante una entrevista con Ana Francisca Vega en MVS Noticias, en la que analizó las transformaciones de la economía mexicana y los desafíos que acompañan su integración con los mercados internacionales.

De acuerdo con González, las ventas de estos productos registran un incremento del 37% respecto al año anterior, una expansión estrechamente relacionada con las inversiones en infraestructura tecnológica que realizan las empresas estadounidenses.

"Hay un dato que no importa que venga mes con mes, es impresionante, y es el crecimiento de las exportaciones de equipo de cómputo", señaló.

El especialista destacó que México participa cada vez más en las cadenas de suministro necesarias para construir y equipar centros de datos, instalaciones fundamentales para el funcionamiento de los sistemas de inteligencia artificial.

A diferencia de las computadoras personales, los productos exportados corresponden principalmente a equipos de mayor tamaño y componentes destinados a la infraestructura tecnológica.

"Vamos a imaginarnos que fuera una especie de gran rompecabezas y son las piezas con las que se arma un centro de datos", explicó.

El país no fabrica todos los componentes necesarios para estas instalaciones, pero se ha consolidado como proveedor de una parte de los equipos que también producen empresas estadounidenses y europeas.

La actividad se concentra especialmente en tres estados: Jalisco, Chihuahua y Baja California, donde la industria electrónica y la manufactura de equipos tecnológicos tienen una presencia importante.

González mencionó exportaciones superiores a 50.000 millones de dólares mensuales dentro del rubro que estaba comentando. La cifra requiere distinguir entre el total de exportaciones no petroleras y no automotrices y las ventas específicas de equipo de cómputo, ya que durante la entrevista no se precisó ese desglose.

Más allá de esa distinción estadística, el economista destacó la velocidad con la que la demanda de infraestructura para inteligencia artificial está modificando la composición de las exportaciones mexicanas.

Según las cifras expuestas por González, México ha exportado alrededor de 16.000 millones de dólares en petróleo, mientras que sus importaciones de derivados alcanzan los 41.000 millones de dólares.

La diferencia equivale a un déficit aproximado de 25.000 millones de dólares en los conceptos mencionados.

Las compras incluyen principalmente gasolinas, diésel y turbosina, combustibles esenciales para el transporte, la actividad industrial y la economía nacional.

"Es un año atípico por los altos precios del petróleo, por la dislocación del mercado del diésel, pero tenemos un déficit impresionante", afirmó.

El especialista explicó que las condiciones internacionales del mercado energético han contribuido a ampliar el desequilibrio.

Sin embargo, el problema también refleja la persistente necesidad de importar combustibles refinados, pese a la capacidad de México para producir y exportar petróleo crudo.

Cuando Ana Francisca Vega preguntó si el país había conseguido equilibrar esa relación comercial, González respondió de manera contundente:

El contraste revela una de las particularidades de la economía mexicana: mientras algunas industrias se integran a sectores de alta tecnología y rápido crecimiento, otras continúan dependiendo de productos procesados en el extranjero.

El economista advirtió que México se ha acostumbrado a depender de proveedores internacionales para adquirir productos fundamentales para su alimentación y su actividad agroindustrial.

"Nos acostumbramos a depender de granos básicos de otros países", sostuvo.

El especialista aclaró que esa dependencia no implica necesariamente una amenaza inmediata de desabasto.

Su preocupación se centra en el carácter estructural de esa relación comercial y en la exposición del país a las condiciones de los mercados agrícolas internacionales.

Las importaciones permiten complementar la producción nacional y abastecer distintas cadenas productivas, pero también vinculan una parte del suministro de alimentos e insumos agroindustriales a factores externos, como los precios internacionales, los costos de transporte y las condiciones de producción de otros países.

Para González, la balanza comercial de granos merece mayor atención en el debate económico, especialmente porque sus implicaciones van más allá del valor monetario de las importaciones.

Los datos comentados por el director editorial de El Economista muestran una economía que avanza a distintas velocidades.

Por un lado, la demanda estadounidense de infraestructura para inteligencia artificial está creando oportunidades para la industria manufacturera mexicana, particularmente en los estados con mayor especialización tecnológica.

Por otro, el comercio energético continúa marcado por una diferencia significativa entre los ingresos por exportación de petróleo y el gasto en combustibles importados.

A ello se suma una dependencia de granos básicos que, aunque no supone un problema inmediato de abastecimiento según el especialista, plantea interrogantes sobre la estructura productiva del sector agroalimentario.

El contraste resulta especialmente relevante porque los tres fenómenos están vinculados con la relación comercial de México con el exterior, pero responden a dinámicas distintas.

La expansión de los centros de datos ofrece nuevas oportunidades industriales. Las importaciones de combustibles reflejan necesidades persistentes del sistema energético. Y las compras de granos ponen de manifiesto el papel de los mercados internacionales en el suministro alimentario.

En conjunto, el análisis de González plantea una cuestión central para la política económica mexicana: cómo aprovechar el crecimiento de las industrias tecnológicas sin perder de vista las dependencias estructurales que siguen condicionando la economía nacional.

México participa cada vez más en la construcción de la infraestructura que hará funcionar la inteligencia artificial del futuro. Al mismo tiempo, continúa recurriendo al exterior para abastecerse de combustibles y productos agrícolas esenciales. Esa combinación resume tanto las oportunidades como los desafíos de su comercio internacional.