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Los afortunados que van andando a trabajar: "Es de lo mejor que te puede pasar en la vida"

En torno al 12% de los ocupados se desplaza principalmente a pie, frente al 19% que usa el transporte público y el 64% que recurre al coche

Por Redacción Sinergia Empresarial · 20 de julio de 2026 · 9 min
Los afortunados que van andando a trabajar: "Es de lo mejor que te puede pasar en la vida"

En torno al 12% de los ocupados se desplaza principalmente a pie, frente al 19% que usa el transporte público y el 64% que recurre al coche

Luis Ródenas cree que su vida es "mejor" y "más fácil" ahora que el año pasado. "Este curso he ido andando a trabajar y llegaba en tres minutos. El anterior vivía lejos y me pasaba hasta dos horas al día en los trayectos en coche. Lo odiaba, era una mierda", dice este profesor de matemáticas en un instituto de Camarena , un pueblo de Toledo cercano a la frontera con la Comunidad de Madrid. El curso anterior trabajaba en el mismo pueblo, pero vivía en el barrio capitalino de Tetuán; ahora reside en Camarena, cerquísima de su instituto. "He ganado calidad de vida. Sé que la mayoría no tiene la posibilidad de ir andando al trabajo, pero la recomiendo muchísimo para el que sí pueda hacerlo. Ganas tanto tiempo...", agrega Ródenas.

Este albaceteño de 29 años forma parte del 11,8% de ocupados que dicen que su forma más frecuente de moverse es a pie, según cifras del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2025. El curso pasado Ródenas estaba en el grupo mayoritario, el que forman casi dos de cada tres trabajadores, el de los que normalmente se desplazan en coche. Ellos son el 64%, seguidos del 18,8% que recurre con más frecuencia al transporte público.

Laura Pérez, de 29 años, también va andando a trabajar. "Mis amigos y mi familia me dicen que tengo mucha suerte, y creo que tienen razón, que soy muy afortunada. Creo que es de lo mejor que te puede pasar en la vida", dice esta enfermera madrileña, que trabaja a unos tres minutos de su casa. Mientras que Ródenas se mudó para vivir cerca de su empleo, Pérez consiguió su puesto cerca de su vivienda. Sacó buena nota en la oposición municipal a la que se presentó y, al escoger posibles destinos, dio prioridad "absoluta" a la cercanía: "Había algunas plazas que me llamaban incluso más, pero preferí el privilegio de vivir tan cerca. Para mí el trayecto ya es tiempo de trabajo, y si es menor, mejor".

Otra forma de trabajar cerca de casa es montar un negocio y que el local esté lo más cerca posible, como en el caso de la granadina Patricia Delgado, de 35 años. "Tengo una droguería perfumería y está a cinco minutos de mi casa. Ya he vivido lo pesado que es tener que coger autobuses y pendiente de llegar a tiempo, sin saber cómo van a ir, y teniendo que salir con hasta una hora de antelación ", explica esta trabajadora. Esa imprevisibilidad, que caracteriza a muchos desplazamientos en transporte público y en coche, es uno de los factores que más intenta evitar Estefanía Martín, funcionaria del SEPE de 36 años: "Tardaría cinco minutos en coche, pero sin duda prefiero los 20 minutos que tardo andando. Luego tendría que aparcar y en la zona en la que está mi oficina es muy difícil. A mis compañeros que no les queda otro remedio les cuesta mucho".

Esa incertidumbre es un elemento clave en lo que los especialistas definen como "estrés por desplazamiento", un fenómeno que ha estudiado el psicólogo forense Víctor Fornís Marcos . "El estrés por desplazamiento aparece cuanto más largo, más saturado y más impredecible es el trayecto, cuando se vive con una menor capacidad de control", explica. Señala que los desplazamientos a pie suelen ser todo lo contrario: breves y, sobre todo, fiables. A la vez, los viajes en coche concentran los accidentes de trabajo in itinere , los que se dan de camino o de vuelta del trabajo. En 2025 hubo 90.548 accidentes laborales de este tipo, entre los que 949 fueron graves y 151 mortales.

"Más que la forma de transporte en sí", abunda Fornís Marcos, "lo que estresa son las condiciones en que se da el trayecto". Es decir, aunque este especialista destaca el efecto positivo de ir andando a trabajar solo por el hecho de hacer ejercicio, destaca que el estrés por desplazamiento también se evita en un trayecto en coche corto y sin atascos o en un viaje en autobús puntual y no saturado. "Cuando los problemas son habituales, los estudios señalan que se dispara el riesgo de ansiedad, de depresión y se reduce el bienestar subjetivo. Es un desgaste acumulativo, no surge porque lo sufras un día aislado", dice el coatuor del estudio El estrés por desplazamiento, un análisis integral desde la perspectiva psicolegal y de la salud mental .

Como resaltan Fornís Marcos y varios de los afortunados que van andando a trabajar, esa posibilidad es un "privilegio", ya sea fruto del azar o de condiciones de clase: "¿Quién puede permitirse vivir cerca del trabajo si su puesto está en el centro de Madrid? Las condiciones económicas de la persona son decisivas en esta discusión", comenta este especialista, que ve un "empeoramiento" del problema por el alza de los precios de la vivienda ―y que hace que muchas personas vivan cada más lejos de donde se concentran los empleos―. Ante ese escenario, este experto indica que el trabajador pone los elementos en una balanza: "Pensamos qué nos compensa más, si sufrir una hora de viaje y ganar más, o trabajar de lo que nos gusta, o renunciar a estas cosas con tal de perder menos tiempo cada día. No tener que elegir, tener todo a la vez, es lo mejor, pero no lo común".

Martín, la trabajadora del SEPE, lo tiene claro: "Por mucho que me subieran el sueldo, no me iría a una oficina que me implique desplazamientos largos en coche". Ródenas ya tomó esa decisión: "Yo vivía con amigos en Madrid, compartiendo piso, y para mi ocio era mejor. Pero prefiero lo de ahora, llegar rápido al trabajo e ir a ver a mis amigos el día que pueda sin el atasco de hora punta". Además, paga 600 euros de alquiler en Camarena por un piso, el mismo precio que abonaba en Madrid por una sola habitación. "Lo que más me gusta de vivir tan cerca del trabajo y poder ir andando", dice Noelia Sánchez, peluquera granadina de 30 años, "es el tiempo que gano para conciliar y pasarlo con mis hijos. Así es todo más fácil".

Sánchez tarda menos de diez minutos en llegar a su puesto, lo que la coloca en el 26% de personas que dedica menos de 20 minutos en total a sus trayectos laborales o de estudios. La situación es peor para el 30% que gasta entre 20 y 40 minutos; para el 22% que tarda entre 40 y 59; o para el el 22% que se pasa más de una hora yendo o volviendo. Estos datos parten de una encuesta del INE con mucho decalaje, de 2021 y publicada en 2023 , y que no se actualizará hasta 2028. También están algo desfasados los últimos datos de Eurostat, de 2019 , pero tienen valor comparativo: los españoles dedicamos una media de 25 minutos por trayecto a llegar al puesto de trabajo o de estudio, lo mismo que la media de la Unión Europea. El INE muestra el tiempo total del camino de ida y vuelta, mientras que Eurostat detalla un promedio de cada viaje.

María Eugenia López-Lambas, especialista en transporte y profesora de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid, considera que los proyectos urbanísticos más pujantes en últimos años van en dirección contraria a los desplazamientos a pie y en transporte público. Habla de los denominados Programas de Actuación Urbanística (PAU) , esos barrios de anchas avenidas, bajísima densidad poblacional y sin apenas locales comerciales. "Este tipo de proyectos fomentan el uso del coche, en lo que se profundiza cuando ni siquiera se les dota del transporte público necesario, que es lo habitual, o cuando no está bien planificado. El coche lo absorbe todo", denuncia esta especialista.

Esa escasa dotación de redes de transporte público, subraya López-Lambas, también condiciona la movilidad en los pueblos. La desagregación de los datos del INE indica que solo el 7% de los ocupados acuden a sus puestos en autobús o tren en los municipios con menos de 10.000 habitantes. En esos pueblos, muchos condicionados por la escasez de empleos y la necesidad de acudir a localidades más pobladas para trabajar, también se da la menor proporción de viajeros a pie: solo el 7% de los ocupados se mueve normalmente andando, mientras que en los de más de 500.000 habitantes lo hace el 41%. Como un espejo, en esas megaurbes el 37% se suele desplazar en coche, frente al 83% que lo hace en los municipios pequeños.

Esa lógica empapa con claridad los datos por comunidades autónomas y por sectores. Las regiones con menos uso del coche para los desplazamientos son Madrid (51%), Cataluña (54%) y Euskadi (55%), que a la vez son las que más desplazamientos en transporte público registran entre los ocupados: 39% en Madrid, 27% en el País Vasco y 26% en Cataluña. Los empleos de más valor añadido se concentran en estas regiones, lo que hace poco sorprendente que los trabajadores que más uso dan a la red pública de transporte sean los de información y comunicaciones (26%), seguidos de ocupaciones científicas y técnicas (25%) y las finanzas (23%).

Con la misma lógica, las regiones en las que prima la actividad agraria (el sector con más desplazamientos en coche, 80%, y menos en transporte público, 9%) repiten este patrón: en Extremadura el coche es la forma de transporte más frecuente para el 78% de los ocupados y el transporte público, solo para el 4%.

Los datos del INE también permiten desagregar el medio de transporte más frecuente de los ocupados por sexo. Sara Moreno Colom, profesora del departamento de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona e investigadora del Centro de Estudios Sociológicos sobre la Vida Cotidiana y el Trabajo, cree que las cifras dan cuenta de un patrón consistente: los hombres se desplazan más en coche y las mujeres menos, lo que impulsa sus trayectos tanto a pie como en transporte público. Las cifras del INE de 2025 indican que el 70% de los ocupados se desplaza frecuentemente en coche, el 13% en transporte público y el 9% andando; mientras que entre las ocupadas los trayectos en vehículo privado son la norma para el 57%, en transporte público para el 25% y a pie para el 15%.

"Una de las razones por las que pasa esto", dice Moreno Colom, "es que cuando en un núcleo familiar hay un solo transporte privado, se suele priorizar la necesidad de movilidad del hombre". Subraya que, por construcción social, se considera "más importante, y por eso se da esa asignación de ese recurso familiar". En la misma línea, cree que en estos datos se aprecia que para más hombres que mujeres lo "central" es la jornada laboral y, por ello, "se puede trabajar más lejos, con más disponibilidad para ello gracias al coche". "A las mujeres se les sigue asignando la responsabilidad doméstica y de los cuidados, con menor disponibilidad laboral", añade Moreno Colom.

Por nacionalidad, el INE observa un mayor uso del coche entre los españoles que entre los extranjeros, con más desplazamientos en transporte público y a pie. Los especialistas consultados creen que en ese fenómeno confluyen varios factores, como el hecho de que sea más común que los foráneos vivan en las grandes ciudades (con mayor disponibilidad de empleos) que en los pueblos. Moreno Colom también apunta a la brecha de clase: "Para desplazarse en coche hay que poder pagarlo y mucho migrantes no pueden permitírselo". Sin un transporte público operativo, esta especialista incide en la limitación de opciones laborales que supone esta situación para este grupo de población.

Sinergia Empresarial continuará el seguimiento de esta información sobre los afortunados que van andando a trabajar: "Es de lo mejor que te puede pasar en la vida" y ampliará la cobertura conforme se confirmen nuevos elementos relevantes para el ecosistema empresarial.