Las personas que se mudan de Occidente a Rusia en busca de valores tradicionales (y la realidad que encuentran)
La BBC preguntó a los occidentales que se mudaron a Rusia si la vida allí cumple con sus expectativas.

La BBC preguntó a los occidentales que se mudaron a Rusia si la vida allí cumple con sus expectativas.
Cuando Leo Hare se mudó de Texas a Rusia a finales de 2023, tras habérsele concedido el asilo, estaba convencido de que estaba construyendo un futuro mejor para su familia.
Este padre de tres hijos se volcó en su nueva vida: probando dumplings , ordeñando cabras en una granja y grabando videos sobre la vida en Rusia para sus seguidores en internet.
Leo es un cristiano devoto que se había sentido cada vez más desencantado con todo, desde la división política en Estados Unidos hasta los alimentos modificados genéticamente y lo que él percibe como el auge del movimiento LGBTQ.
En aquel entonces, creía que Rusia ofrecía una alternativa atractiva: una sociedad cimentada en la fe cristiana y los valores familiares, una visión promovida intensamente por el Estado ruso.
Sin embargo, con el paso del tiempo, también ha empezado a preocuparse cada vez más por aspectos como las restricciones al acceso a la información.
Mientras Rusia se enfrenta al aislamiento internacional, unos pocos miles de personas procedentes de países como Canadá, Reino Unido, Estados Unidos y diversas partes de Europa deciden trasladarse allí.
Su percepción de Rusia difiere radicalmente de la que quizás tengan muchas personas en Occidente: la de un país que invadió Ucrania y ocupa gran parte de su territorio, encarcela a opositores políticos, impone severas restricciones a las libertades civiles y afronta una batería de sanciones internacionales.
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Muchos de los posibles migrantes se sienten atraídos por el visado de "valores compartidos" de Rusia —a veces llamado visado "anti-woke"—, que se introdujo un mes después de que a Leo se le concediera el asilo.
Presentado por el presidente Vladimir Putin en 2024, este visado ofrece residencia temporal de hasta tres años a ciudadanos de 47 países que Rusia considera "no amistosos".
No existe límite en cuanto al número de personas que pueden pedirlo, y los solicitantes no necesitan superar las pruebas habituales de idioma, historia o legislación rusas.
En su lugar, deben declarar que comparten los valores espirituales y morales tradicionales de Rusia y rechazar lo que el gobierno ruso describe como la "ideología neoliberal destructiva" de sus países de origen.
Tras tres años, quienes tienen este visado deben convertirlo en un permiso de residencia permanente (PRP) o abandonar el país.
El PRP exige superar un examen de idioma e historia, así como presentar una documentación más exhaustiva.
A diferencia de otros programas de inmigración, el visado de valores compartidos no conlleva asistencia económica ni de vivienda por parte del gobierno ruso.
Los solicitantes deben abonar una tasa administrativa de 1.600 rublos (US$22) y superar controles médicos y de antecedentes penales.
Rusia afirma que cerca de 3.400 personas solicitaron acogerse al programa hasta la primavera boreal de 2026. Sin embargo, estas cifras son difíciles de verificar de forma independiente y no revelan cuántas solicitudes fueron aprobadas.
