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Las barreras invisibles que frenan a las empresas españolas en el mercado único de Europa

Bruselas advierte de que España está por debajo de la media en intercambio de bienes y servicios e inversión en I+D, aunque mantiene su ventaja en costes energéticos

Por Redacción Sinergia Empresarial · 16 de julio de 2026 · 5 min
Las barreras invisibles que frenan a las empresas españolas en el mercado único de Europa

Bruselas advierte de que España está por debajo de la media en intercambio de bienes y servicios e inversión en I+D, aunque mantiene su ventaja en costes energéticos

El mercado único es el gran activo económico de la Unión Europea desde hace 30 años: un espacio común por el que personas, mercancías, servicios y capitales circulan libremente. En teoría, permite que todos los países miembros funcionen económicamente como uno solo, sin barreras para vender productos, servicios o invertir. En la práctica, esas barreras —burocráticas, administrativas y legales— persisten. Dentro del ecosistema europeo, las empresas españolas figuran entre las que más obstáculos afrontan, según un reciente análisis de la Comisión Europea, que sin embargo otorga a España una ventaja competitiva en energía.

La UE está trabajando en decenas de medidas para que las empresas del continente puedan rivalizar con las de China y Estados Unidos . El punto de partida es que reducir esas barreras sería, según aseguran en Bruselas, la mejor manera de reconducir la pérdida de competitividad europea. Las condiciones para ello son propicias: la UE tiene 450 millones de consumidores, alberga unos 26 millones de empresas y genera un producto interior bruto de alrededor de 18 billones de euros, el equivalente al 18% de la economía mundial.

"Creo que el relato ha estado desequilibrado; nos hemos centrado demasiado en aquello en lo que vamos por detrás en lugar de fijarnos también en nuestras fortalezas", aseguraba hace unos días la comisaria de Empresas emergentes, Investigación e Innovación, Ekaterina Zaharieva. "Tenemos todo lo necesario para liderar", insistía en un encuentro en la capital belga, al que acudió por invitación EL PAÍS.

Los expertos de la UE han identificado las 10 barreras que más contribuyen a la fragmentación del mercado común —las llamadas Terrible ten , las diez terribles en español—. La Comisión, el Parlamento y el Consejo están decididos a trabajar conjuntamente para derribarlas durante los próximos años. "Es muy positivo ver una coordinación entre las tres instituciones para definir las prioridades y trabajar con objetivos muy claros", resumía la portavoz del Parlamento Europeo, Delphine Colard.

Aun así, el Ejecutivo comunitario insiste en que gran parte de la responsabilidad recae en la administración de cada país y en cómo decida aplicar la normativa europea. Así es como España puntúa en su gestión de las Terrible ten :

La economía española está menos integrada que la media europea en el comercio intracomunitario. España intercambia menos bienes y menos servicios con sus socios que muchos de sus vecinos de la Unión Europea, según los datos del último informe de competitividad de la Comisión.

El intercambio de productos con otros socios de la UE equivale al 15,3% del PIB español, frente al 22% de media comunitaria. El de servicios, al 4,5%, frente al 7,9%. Esa distancia es especialmente relevante porque los servicios —desde la ingeniería y la arquitectura hasta la consultoría, la construcción, el transporte, el turismo o los servicios digitales— son precisamente uno de los ámbitos donde el mercado único avanza con más dificultad . Es, por lo tanto, uno de los mayores márgenes de mejora para las empresas españolas.

Otro de los pilares en los que más flojean muchos de los Estados miembros es la burocracia . La propia UE se ha puesto como objetivo simplificar su normativa, eliminar las duplicidades en los trámites y agilizar la legislación, tres de los problemas administrativos que más lastran la capacidad de expansión de las compañías europeas —y que la Comisión calcula que le cuesta a la economía europea unos 150 billones de euros—. El objetivo de Bruselas es reducir la burocracia en al menos un 25% —equivalente a 37.500 millones de euros— para todas las empresas y en al menos un 35% para las pymes.

Para el informe, la UE preguntó a las empresas españolas cuánta carga administrativa perciben que existe en su país para cumplir con la regulación nacional. Respondieron que mucha. En una escala del uno al siete —siendo el siete muy fácil y el uno extremadamente complicado—, las compañías puntuaron a España con un 2,74. Es decir, que consideran que se exige una gran cantidad de documentación, que los procedimientos son muy lentos y que la falta de digitalización y coordinación entre Administraciones lastra sus procesos y operaciones. La complejidad normativa para crear y gestionar empresas es una de las Ten Terrible .

La capacidad innovadora es otro de los puntos donde España aún tiene recorrido. El análisis sitúa el gasto español en investigación y desarrollo (I+D) en el 1,5% del PIB, bastante por debajo del 2,24% de media de la Unión, y todavía lejos del objetivo comunitario de alcanzar el 3% para 2030.

A pesar de que España ha ido incrementando su esfuerzo en este ámbito durante los últimos años, todavía está a bastante distancia de las economías más innovadoras, que son los países del norte de Europa, principalmente.

De la mano va la generación de innovación. España registra 45 solicitudes de patentes europeas por cada millón de habitantes, frente a una media comunitaria de 152, según los datos recogidos en el informe.

La energía es uno de los ámbitos del escenario comunitario en los que España aparece mejor situada que la media europea. La mayor ventaja de las compañías españolas frente al resto es lo que gastan en electricidad. Los consumidores industriales pagan en España una media de 0,13 euros por kilovatio hora, frente a los 0,16 euros de media comunitaria.

Aunque la energía no forma parte de las Terrible Ten , se ha convertido en uno de los principales frentes de la estrategia europea para recuperar competitividad. El encarecimiento de la electricidad y del gas tras la invasión rusa de Ucrania elevó los costes de producción de la industria europea y redujo su capacidad para competir con Estados Unidos o China, donde la energía es considerablemente más barata. De ahí que una de las prioridades políticas de Bruselas sea el impulso a las energías renovables , además de la electrificación.

A España no le va mal en esto. El peso de las renovables en el consumo final de energía se sitúa en el 25,4%, prácticamente en línea con la media europea (25,2%). Además, el informe señala que el grado de electrificación de la economía española alcanza el 24,7%, por encima del 23% del conjunto de la UE.

Uno de los últimos retos que identifica Bruselas para mejorar la competitividad en Europa es estimular la inversión privada para impulsar, a su vez, el crecimiento empresarial. El documento ubica a España en la media europea, con una inversión privada equivalente al 17,6% del PIB, exactamente el mismo porcentaje que el conjunto de la Unión.

Sin embargo, la fotografía cambia cuando se analiza el esfuerzo público . España invierte menos que muchos de sus países vecinos en sus administraciones y recursos públicos: en concreto, un 2,7% del PIB, un punto porcentual menos que la media comunitaria. La diferencia es aún mayor respecto a algunos de los países que más invierten, como Finlandia, Suecia o Francia, donde el esfuerzo público supera ampliamente el español.