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Las bajas por enfermedad, un derecho del que son más conscientes los jóvenes: "No vamos a acudir a trabajar enfermos"

Los especialistas ven diferencias entre antiguas y nuevas generaciones en el papel que otorgan al trabajo, pero advierten de que operan otros factores, como la clase social y las expectativas de futuro

Por Redacción Sinergia Empresarial · 19 de julio de 2026 · 9 min
Las bajas por enfermedad, un derecho del que son más conscientes los jóvenes: "No vamos a acudir a trabajar enfermos"

Los especialistas ven diferencias entre antiguas y nuevas generaciones en el papel que otorgan al trabajo, pero advierten de que operan otros factores, como la clase social y las expectativas de futuro

Carlos Martínez es técnico de laboratorio en una industria farmacéutica y tiene 28 años. Cuando se le pregunta por los discursos que señalan a los jóvenes por su presunta falta de compromiso ante el trabajo, responde: "Mi opinión, y en general la de todo mi grupo de amigos, es que si necesitamos una baja por cuestiones de salud es lo que hay, que la empresa no es nuestra vida. Que por más que hagamos no nos lo van a tener en cuenta y cuanto más hagamos, más nos van a pedir para darnos lo mismo". El joven madrileño agrega: "No voy a heredar la empresa. Igual que para la empresa nosotros somos un número, para mí ella también". Este profesional se posiciona radicalmente en contra del fraude en las bajas laborales. Tan en contra como de "regalar a la empresa tu tiempo" y que atropellen sus derechos laborales.

Su mención a la incapacidad temporal conecta con una conversación que gana decibelios desde hace meses en España y que ha terminado de explotar en las últimas semanas. Uno de los hitos que la impulsó fue una jornada de CEOE, celebrada con toda solemnidad en su sede de Madrid el pasado 16 de junio , sobre el aumento de las bajas laborales, que se han duplicado en la última década . Pocos días después, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, las catalogó como " un cáncer " y el debate subió de tono. Una vez que la reducción de la jornada laboral se estrelló en el Congreso, la preocupación empresarial por este asunto se ha convertido en el punto central de su discurso. Muchos intervinientes trataron el tema con mesura, pero otros no, como el presidente de CEOE en Castilla-La Mancha, Ángel Nicolás :

—Ahora tenemos una baja no porque la empresa le haya maltratado, sino porque le ha dejado la novia. [...] Tenemos una población joven que no es comparable a la nuestra. Sin ánimo de ofender, pero son unos memos [...] Que el jefe le diga que tiene que cumplir con su horario y su trabajo ya le supone un acoso laboral.

Nicolás se disculpó después , pero dejó clara una idea que cunde en parte del mundo empresarial: los jóvenes de hoy están hechos de otra pasta. En un planteamiento mucho más ordenado, una reciente encuesta de la Cámara de Comercio a más de 2.000 empresas pregunta por las razones por las que creen que crecen las bajas laborales. El motivo más mencionado, junto a la "protección normativa", es la "falta de compromiso o motivación entre ciertos perfiles", poniendo a los jóvenes como ejemplo.

Estos discursos patronales también se apoyan en un hecho que sostienen los datos oficiales : la incidencia de las bajas laborales es mayor entre los jóvenes que entre los veteranos. Los últimos datos de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, a partir de los que facilita la Seguridad Social, indican que la incidencia de la incapacidad temporal por contingencias comunes es de 41,1 por cada 1.000 afiliados en el grupo de 25 a 35 años (y ha aumentado un 66% de 2017 a 2024, con protagonismo de la salud mental) y de 29,7 en el grupo de 55 a 65 años (con un incremento del 43%). A la vez, como subraya un reciente informe de CC OO , las bajas de los jóvenes conllevan mucho menos gasto público que las de los veteranos, normalmente más largas. Y es que a más edad más probable es enfermar, pero muchos especialistas en salud laboral vienen advirtiendo desde hace tiempo de que los sénior son más reticentes a acogerse a este derecho, dudas menos comunes entre los jóvenes.

"De un tiempo a esta parte, las bajas laborales derivadas de contingencias comunes están creciendo a un ritmo alarmante y alcanzando unos niveles muy preocupantes", reflexiona Pedro Pablo Sanz, director gerente de la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo. "Preocupa especialmente", añade la patronal de las mutuas ( que tanto recelo despiertan en muchos trabajadores ), "el aumento de este tipo de bajas en los trabajadores más jóvenes dado que paulatinamente, esas cohortes irán desplazando al resto de trabajadores en la pirámide demográfica laboral".

Los encargados de gestionar las plantillas en las empresas creen que sí, que la diferencia en el enfoque laboral entre generaciones es evidente. Jesús Torres, presidente de la Asociación Española de Directores de Recursos Humanos, cree que esto no es "ni bueno ni malo, simplemente es la realidad a la que nos enfrentamos". También reconoce esa diferencia el responsable del área socioeconómica del Consejo de la Juventud de España, Javier Muñoz: "Creo que en nuestra generación se considera que la vida no gira en torno al trabajo, que es una herramienta para vivir, no por la que vivir, y que no vamos a acudir a trabajar enfermos como sí han aceptado algunas personas de otras generaciones". Este especialista considera que, realmente, esta tendencia no es extraordinaria, sino la evolución natural de la sociedad: "Es lo que ha pasado siempre, las generaciones van avanzando hacia más derechos. Lo normal es que los jóvenes estén a la vanguardia, que cuestionen el modelo anterior".

A sus 70 años, José Manuel Lasierra, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Zaragoza, aprecia esas diferencias en su vida cotidiana y las analizó en el estudio Diferencias generacionales en el trabajo en España. Una revisión . En él distinguía entre "un colectivo de trabajadores de un perfil más tradicional que responde al perfil del trabajador fordista y una generación de trabajadores más jóvenes menos comprometidos con la empresa, menos identificados con el trabajo, para los que el trabajo no es más que un medio de vida y del que no obtienen un valor inmaterial".

Este especialista cree que buena parte de la diferencia se explica por el contexto en el que ha crecido cada generación: "Para la gente de mi edad, que ha pasado tantas carencias, el trabajo no era abundante. Eso te marca toda tu vida. Ahora los jóvenes lo tienen mucho más fácil para conseguir un empleo". Es una idea en la que abunda Juan Ángel Alonso, que a sus 59 años es jefe de producción en una compañía de equipamientos: "He detectado mucha diferencia de actitud en el trabajo entre los jóvenes y los mayores. Creo que se debe a que se han educado en un contexto muy distinto. Hace 40 años, nosotros teníamos que buscarnos la vida sí o sí porque nuestros padres no tenían capacidad para mantenernos, ni siquiera para casi darnos estudios". Sanz ahonda en esa lectura: "Ha habido un cambio de valores y de preferencias frente al compromiso y responsabilidad con el trabajo, unido o derivado de una altísima querencia por la inmediatez en el logro de objetivos deseados, que en gran parte de los casos deriva en frustración".

El especialista en recursos humanos, Torres, habla de una explicación ligada a oferta y demanda: "La competencia antes era mucho más dura, en una generación pobladísima y escasos empleos. La aspiración era conseguir un puesto y estar en esa empresa cuanto más tiempo mejor, y si había que echar 14 horas se echaban". "Ahora", continúa Torres, "la pirámide demográfica se ha dado la vuelta. Hay sectores con problemas para encontrar personal y los jóvenes tienen cierta confianza en que si se van de una empresa van a encontrar otro puesto más o menos rápido. No tienen miedo al cambio".

Que el mercado laboral es menos hostil que antes con los jóvenes se aprecia en la tasa de paro juvenil. Sigue siendo altísima en España en comparación con la de otros países europeos ( 23,7% , frente a la media comunitaria del 15,2%), pero se ha reducido a la mitad desde la Gran Recesión. Entonces se hablaba constantemente de los jóvenes que ni estudian ni trabajan (fenómeno en mínimos históricos actualmente), pero ahora Lasierra ve más relevante a los sísís : "En mis clases veo cada vez más que estudian y trabajan". Según los últimos datos del INE, 1,11 millones de trabajadores de 16 a 29 años a la vez cursan estudios, un 33% de los ocupados en ese tramo de edad. Justo antes de la pandemia eran el 25%.

Ángela Gómez, investigadora de 38 años y doctora por la UNED, también ha estudiado específicamente las distintas actitudes ante el trabajo por generaciones en su tesis doctoral, Valores laborales de las generaciones en el mercado de trabajo ¿Existe una necesidad real de transformación radical? A continuación detalla algunos aspectos que caracterizan a distintas cohortes de edad: "Los baby boomers (nacidos de 1946 a 1964) suelen asociarse más con la estabilidad, el compromiso y la permanencia en la empresa. La generación X (de 1965 a 1980) se caracteriza por valorar la autonomía, la adaptación al cambio y el equilibrio entre la vida personal y profesional. Los millennials (de 1981 a 1996) suelen dar más importancia al desarrollo profesional, la flexibilidad, el buen ambiente laboral y la coherencia con sus valores personales. Y la generación Z (de 1997 a 2012) ha crecido en un entorno completamente digital, por lo que suele sentirse más cómoda con la tecnología, el aprendizaje continuo y formas de trabajo más flexibles".

"Aun así", insiste esta especialista, "estas características son tendencias generales y no definen igual a todas las personas de cada generación". Es una idea a la que se apunta Pablo Martínez, canario de 27 años y que se está doctorando en Física: "Creo que las generaciones anteriores eran más sacrificadas en promedio porque venían de un contexto diferente, de mayor escasez. Pero ni jóvenes ni mayores quieren trabajar. Te garantizo que si mi tío pudiera cerrar la tienda y pasar el día con sus hijos, no la abría. Creo que ambas generaciones lo ven como un mal necesario".

Gómez subraya que hay otros muchos factores que condicionan el enfoque sobre el trabajo, que trascienden la edad. "El género, la clase social, el venir de un país percibido como con una educación de calidad o el haber estudiado en una universidad de prestigio condicionan las oportunidades laborales, las expectativas y las prioridades de cada individuo", sostiene esta especialista, que añade: "Por ejemplo, alguien que ha crecido en un entorno con menos recursos puede dar más importancia a la estabilidad económica, mientras que otra persona puede priorizar el desarrollo profesional o la flexibilidad".

Dado este escenario, Gómez considera "importante" no atribuir todas las diferencias "únicamente" a la generación. "Estos factores pueden tener tanto o incluso más peso que la edad. Este tipo de creencias pueden favorecer estereotipos poco ajustados a la realidad", añade. Y subraya que estas visiones cambian con la edad, que no son estancas: "A medida que las personas adquieren experiencia y pasan por diferentes etapas de su vida, aspectos como la estabilidad laboral, la conciliación o la seguridad económica suelen ganar importancia conforme aumentan las responsabilidades personales y profesionales".

Sara Pérez, que a sus 22 años ha trabajado de cara al público en varios comercios, pone ahí el foco: "He visto que las trabajadoras mayores tragan más que nosotras porque son el sustento de sus familias, que no cogen una baja independientemente de cómo se encuentren. Nosotras no permitimos ni esos abusos ni que no nos paguen las horas extra ". Su amiga Paula Corral, de 21 años y que trabaja en una heladería, abunda: "Creo que nos imponemos más para que no nos exploten, pero depende de la necesidad de cada persona". Es decir, cree que un joven del que depende el sustento familiar "traga" tanto como un adulto, incidiendo en la idea de Gómez: hay factores mucho más importantes que los generacionales.

La secretaria confederal de Juventud de CC OO, Pau Garcia, ve un "avance" en la resistencia de muchos jóvenes a asumir abusos laborales y, en línea con el resto de especialistas consultados, señala otra clave: la desesperanza ante las condiciones futuras. "El esfuerzo en el trabajo ya no reporta lo mismo que antes. Si por muchas horas que eches no te puedes permitir una casa, si por mucho que te hayas formado eso no se aprecia en tus condiciones materiales, es normal que no estés tan dispuesto a tragar con lo que sea".