La flor que guía a los muertos también genera millones de pesos en México

El cempasúchil es uno de los íconos más importantes del Día de Muertos, que combina raíces indígenas, fe católica y creatividad popular.
Cada año, antes de que las ofrendas iluminen los hogares mexicanos, miles de trabajadores comienzan una de las cosechas más representativas del país. El cempasúchil, la flor que tradicionalmente guía a las almas de regreso a casa durante el Día de Muertos, también es una importante fuente de ingresos para las comunidades agrícolas.
En Atlixco, Puebla, los campos se transforman en extensiones de flores amarillas y naranjas listas para ser cortadas y enviadas a mercados de diferentes entidades.
La demanda se concentra en los días previos al 1 y 2 de noviembre, cuando familias, comerciantes y organizadores de celebraciones compran flores para decorar altares, panteones y espacios públicos.
Para 2026, Puebla reporta más de 1,000 hectáreas sembradas de cempasúchil y una producción superior a 9,600 toneladas, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural estatal.
La región de Atlixco es uno de los principales centros de producción y distribución de esta flor.
Durante la temporada de cosecha, los trabajadores utilizan herramientas de corte para seleccionar flores en buenas condiciones, formar manojos y preparar los cargamentos que serán trasladados hacia distintos mercados.
Lorenzo Díaz Ortega, productor de Atlixco, explicó a EFE en 2025 que cada año llegan compradores de entidades como Hidalgo, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Sonora y Quintana Roo.
La actividad continúa siendo relevante en 2026. Productores de Atlixco reportaron aproximadamente 300 hectáreas sembradas de cempasúchil y otras 200 de flor de terciopelo, utilizada también en las ofrendas.
La comercialización atrae compradores de diversas partes de la República y genera actividad para agricultores, transportistas, distribuidores y comerciantes.
El cultivo de cempasúchil tiene un impacto económico que se extiende más allá de los campos.
Para 2026, la Secretaría de Agricultura de Puebla estima ventas por alrededor de 100 millones de pesos durante la temporada de comercialización de cempasúchil y flor de terciopelo.
La dependencia señala que esta producción genera aproximadamente 4,000 empleos directos y 9,000 indirectos, entre labores de cultivo, corte, distribución y venta.
En Atlixco también participan miles de familias dedicadas a la floricultura, algunas de ellas con una tradición que se ha transmitido durante generaciones.
El crecimiento de la demanda ha favorecido nuevas formas de comercialización, desde flores de corte y manojos hasta plantas en maceta.
Según las autoridades poblanas, la producción estatal de cempasúchil en maceta pasó de 5,000 unidades en 2016 a 2.5 millones en 2026.
El nombre cempasúchil proviene del náhuatl cempohualxochitl, expresión que suele traducirse como veinte flores.
Desde la época prehispánica, sus tonalidades amarillas y naranjas se relacionaban con el sol y la renovación de la vida.
De acuerdo con la tradición, el color y aroma de sus pétalos ayudan a marcar el camino que siguen las almas de los difuntos hacia las ofrendas preparadas por sus familiares.
Por ello, el cempasúchil se utiliza para decorar altares, tumbas, entradas de viviendas y senderos.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explica que su simbolismo también representa el vínculo entre el mundo natural y el espiritual.
En México existen diferentes especies del género Tagetes, entre ellas Tagetes erecta, una de las más utilizadas durante estas celebraciones.
Del campo a la ofrenda: una oportunidad para los negocios locales
Además de su valor ceremonial, la flor representa oportunidades para pequeños productores y comerciantes.
La temporada impulsa la venta de arreglos florales, plantas ornamentales, decoraciones, servicios de transporte y experiencias relacionadas con el turismo rural.
En Puebla, las autoridades también promueven recorridos por campos de cempasúchil y actividades culturales, como la Ruta del Mictlán en Atlixco.
La flor tiene otros usos potenciales: sus pigmentos naturales pueden aprovecharse en diversas industrias y algunas variedades se utilizan en productos agropecuarios.
Sin embargo, el principal mercado estacional de la flor ornamental sigue vinculado con las celebraciones de Día de Muertos.
La Secretaría de Agricultura recomienda comprar directamente a productores y comercios locales para fortalecer sus ingresos y preservar esta actividad.íder en producción de cempasúchil y terciopelo al concentrar un 72% de la producción nacional.
Esta flor endémica del país tiene forma especial y cuenta con alrededor de 56 especies en todo el territorio. Sin embargo, no pierde su esencia de exhibir más de veinte pétalos de colores amarillo, oro o naranja, con un olor penetrante que sólo se puede disfrutar en los meses de octubre y noviembre y con un singular periodo de vida de máximo cuatro meses.
El cempasúchil es uno de los símbolos más reconocibles del Día de Muertos, pero su importancia no termina en el altar.
Detrás de cada ramo hay agricultores, jornaleros, transportistas y vendedores que dependen de una temporada comercial intensa.
Preservar esta tradición también significa reconocer el trabajo de las comunidades que mantienen vivo su cultivo y contribuyen a que millones de hogares mexicanos reciban a sus difuntos entre flores.
Con información de EFE, Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Puebla, INAH y Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural federal.
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