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La economía pasa factura a Trump

Por MVS Noticias · 03 de noviembre de 2026 · 5 min
La economía pasa factura a Trump

El economista Luis Miguel González advierte que la inflación, los aranceles y la debilidad del empleo manufacturero alimentan el descontento electoral.

La economía estadounidense crece a un ritmo que envidiarían las principales potencias industrializadas, pero ese dinamismo no se refleja en los bolsillos de millones de ciudadanos.

La contradicción se ha convertido en uno de los principales problemas políticos de Donald Trump ante las elecciones intermedias, en las que los republicanos podrían pagar el costo de una inflación persistente, salarios insuficientes y promesas incumplidas en materia de empleo.

En entrevista con Ana Francisca Vega para MVS Noticias, el periodista especializado en economía Luis Miguel González explicó que el crecimiento del producto interior bruto (PIB) de Estados Unidos, situado en el 3.4% según la cifra citada durante la conversación, contrasta con el deterioro de la percepción económica de los hogares.

"No hay en el grupo de las siete mayores economías del mundo ninguna que crezca lo que crece Estados Unidos", señaló.

Sin embargo, el crecimiento económico no ha conseguido traducirse en una mejora proporcional de las condiciones de vida de los trabajadores. La inflación y el comportamiento del mercado laboral, sostuvo, pesan mucho más en las decisiones electorales que las cifras macroeconómicas.

Las barreras comerciales, presentadas por la Casa Blanca como un instrumento para proteger la producción nacional, también han elevado los costos de determinados bienes y productos importados.

A ello se suma el encarecimiento del petróleo y sus derivados, particularmente la gasolina y el diésel, cuyos precios tienen un impacto inmediato en la economía familiar estadounidense.

El analista destacó que, en un país donde buena parte de las ciudades dependen del automóvil, el precio de los combustibles constituye una preocupación cotidiana que puede influir decisivamente en las urnas.

La discusión recupera una de las frases más conocidas de la política estadounidense: It's the economy, stupid, popularizada durante la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992.

Más de tres décadas después, la percepción del bienestar económico continúa siendo un factor central para explicar el comportamiento de los votantes.

Según González, el número de trabajadores empleados en el sector manufacturero es inferior al registrado dos años atrás, pese a las medidas proteccionistas adoptadas por el Gobierno.

La explicación, sostuvo, va más allá de la competencia comercial con otros países.

La automatización, la robotización y las transformaciones tecnológicas están modificando profundamente la estructura del empleo industrial, por lo que imponer aranceles no garantiza el regreso de los puestos de trabajo perdidos.

A esta situación se suma el deterioro del poder adquisitivo de determinados trabajadores, especialmente aquellos que desempeñan actividades de menor cualificación.

Cuando los salarios crecen por debajo de la inflación, las familias pierden capacidad de compra incluso si conservan su empleo.

De acuerdo con un análisis de un centro de estudios estadounidense citado durante la entrevista, los hogares de mayores ingresos recibirían beneficios fiscales equivalentes a unos 12,000 dólares anuales, mientras que los sectores de menores ingresos y parte de las clases medias enfrentarían una mayor carga tributaria.

González consideró que esta desigualdad contribuye a alimentar el malestar social y la percepción de que las políticas económicas de la Casa Blanca favorecen principalmente a los sectores más acomodados.

El contraste entre los indicadores macroeconómicos y la experiencia cotidiana de los ciudadanos podría terminar beneficiando a los candidatos demócratas.

"Dentro de la economía cuenta mucho más la inflación, el empleo que el PIB", afirmó.

González destacó que el comercio entre ambos países creció casi un 17% entre enero y agosto, una cifra que calificó como una señal alentadora para la diversificación económica mexicana. "Para mí es una noticia espectacular", sostuvo.

El periodista explicó que la incertidumbre alrededor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha impulsado una mayor colaboración entre los otros dos socios norteamericanos.

Durante los últimos meses se han registrado visitas de delegaciones empresariales canadienses a México y misiones comerciales mexicanas a Canadá, con el objetivo de fortalecer los vínculos económicos.

Para González, este acercamiento representa una de las consecuencias positivas de las tensiones comerciales provocadas por Washington.

"Tengo la impresión que calladito, calladito, pero esta crisis del T-MEC ha tenido como efecto positivo unirnos a Canadá, no sólo en la retórica, sino en una relación comercial y económica más importante", señaló.

Pese al crecimiento reciente, el comercio entre México y Canadá continúa siendo reducido frente a la enorme dependencia que ambos países mantienen respecto de Estados Unidos.

González explicó que el intercambio bilateral entre México y Canadá representa menos del 5% del comercio de cada uno, mientras que Estados Unidos concentra una proporción considerablemente mayor de sus relaciones comerciales.

La distancia geográfica y los costos logísticos dificultan que otras regiones, como Europa o Medio Oriente, puedan convertirse rápidamente en alternativas de una magnitud comparable.

En ese contexto, Canadá y América Latina aparecen como algunos de los mercados más accesibles para ampliar las oportunidades comerciales de México.

El fortalecimiento de la relación con Ottawa no elimina la dependencia de Washington, pero permite construir nuevos espacios de cooperación en un escenario marcado por el proteccionismo estadounidense.

La paradoja es doble: mientras Trump enfrenta el descontento de un electorado que no percibe los beneficios del crecimiento económico, sus políticas comerciales están empujando a México y Canadá a estrechar una relación que durante décadas permaneció subordinada al peso de Estados Unidos.

El resultado de las elecciones intermedias podría modificar el equilibrio político en Washington, pero las consecuencias de la estrategia económica de Trump ya comienzan a transformar las relaciones comerciales de América del Norte.

La inflación y el comportamiento del mercado laboral, sostuvo, pesan mucho más en las decisiones electorales que las cifras macroeconómicas. "Querer argumentar que todo está bien porque el PIB crece más que lo que todo mundo esperaba, es no entender que la gente no come números", afirmó.

Los aranceles y la inflación, el costo de la política de Trump González identificó dos factores que, a su juicio, han contribuido directamente al encarecimiento de la vida en Estados Unidos: los aranceles impulsados por la Administración Trump y el aumento de los precios energéticos asociado con la guerra en Irán.

El empleo manufacturero, una promesa incumplida Otro de los puntos débiles de la política económica de Trump es el empleo industrial, uno de los pilares de su discurso político y de la promesa de recuperar la capacidad manufacturera estadounidense.

Los beneficios fiscales favorecen a los más ricos El economista también cuestionó la distribución de los beneficios derivados de las políticas fiscales de Trump.