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La cultura aporta casi el 3% del PIB de México y genera 1.4 millones de empleos

Por MVS Noticias · 09 de octubre de 2026 · 5 min
La cultura aporta casi el 3% del PIB de México y genera 1.4 millones de empleos

La cultura aporta casi el 3% del PIB de México y genera 1.4 millones de empleos

El economista Luis Miguel González destaca el peso económico de las industrias creativas, desde la gastronomía hasta los videojuegos, y advierte sobre la necesidad de medir mejor su contribución. En entrevista con Ana Francisca Vega también alertó sobre la creciente dependencia de México del gas natural estadounidense.

La cultura mexicana es mucho más que una expresión de identidad nacional. También representa una actividad económica que aporta casi el 3% del producto interior bruto (PIB) y genera alrededor de 1,4 millones de empleos. Detrás de esas cifras se encuentra un sector que abarca desde las artes tradicionales hasta actividades como el diseño gráfico, la producción audiovisual y el desarrollo de videojuegos.

El economista Luis Miguel González puso sobre la mesa la importancia de esta industria durante su participación en MVS Noticias con Ana Francisca Vega, a propósito del Festival Internacional Cervantino, uno de los encuentros culturales más importantes de México.

Para González, el principal desafío consiste en reconocer que la cultura no se limita a los museos, el teatro o la danza, sino que también incluye actividades que forman parte de la economía cotidiana.

"Si entendemos cultura en el sentido más amplio, que incluye, por ejemplo, diseño gráfico, gastronomía, producciones audiovisuales y artesanías, resulta que la cultura aporta casi el 3% del PIB y genera más o menos 1.400.000 empleos", explicó.

El especialista señaló que las transformaciones tecnológicas han ampliado las fronteras de lo que se considera una actividad cultural. El desarrollo de software, los videojuegos y otros productos digitales plantean nuevas preguntas sobre la manera en que se mide su impacto económico.

González explicó que reconocer estas industrias permite comprender mejor su funcionamiento y diseñar políticas públicas capaces de impulsar su crecimiento.

"Si no lo mides bien, no puedes hacer política pública, no puedes cobrar impuestos, pero tampoco puedes generar los empleos que se necesitan o que podrías generar", afirmó.

La medición representa uno de los principales desafíos. Algunas actividades, como el cine o el teatro, pueden identificarse con relativa facilidad dentro de las estadísticas culturales. Otras, como la gastronomía o determinadas actividades digitales, presentan fronteras menos claras.

El economista puso como ejemplo la comida mexicana, cuya presencia internacional se ha convertido en un activo económico y cultural.

"Los restaurantes mexicanos compiten en prestigio con franceses, italianos, chinos", señaló.

Sin embargo, advirtió que resulta complejo determinar qué parte de la actividad gastronómica debe considerarse dentro de la economía cultural.

"¿En qué momento un puesto de quesadillas de la esquina se convierte en parte del PIB cultural?", cuestionó.

El planteamiento refleja las dificultades que enfrentan instituciones como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para clasificar actividades económicas que combinan producción, servicios, tradición e innovación.

La periodista planteó que los recortes presupuestarios recientes forman parte de una discusión más amplia sobre la inversión pública en cultura, un problema que, a su juicio, no se limita a una administración.

González coincidió en la importancia de los recursos, aunque subrayó que el crecimiento del sector no depende exclusivamente del gasto gubernamental.

La gastronomía, explicó, demuestra que las actividades culturales también pueden expandirse mediante inversión privada, emprendimientos y reconocimiento internacional.

El desafío consiste en identificar las oportunidades económicas que ofrece el sector y establecer condiciones que permitan desarrollar nuevos proyectos, generar empleos y fortalecer las industrias creativas.

El especialista retomó un reporte de El Economista sobre el volumen histórico que alcanzaron las importaciones mexicanas de gas natural durante julio.

A su juicio, esta situación responde a dos factores principales: la insuficiente inversión mexicana en infraestructura de producción y transporte, y la capacidad de Estados Unidos para suministrar gas natural a precios competitivos.

"Más allá de la retórica de la soberanía, la realidad es que se juntan dos cosas: México no invirtió, no ha desarrollado suficiente su plataforma de producción y de transporte y, del otro lado, el mejor productor del mundo, el que produce a menores precios, es Estados Unidos", explicó.

González señaló que la relación comercial ha resultado económicamente conveniente, pero advirtió que la dependencia de un solo proveedor también representa un riesgo.

El problema, sostuvo, aparece cuando el suministro energético deja de ser únicamente un asunto comercial y se convierte en una herramienta de presión geopolítica.

"En el momento en que esto se vuelva un asunto geopolítico, la cosa se complica muchísimo", afirmó.

El gas natural es fundamental para el funcionamiento de una parte importante del sistema eléctrico mexicano, particularmente de las centrales de ciclo combinado, que utilizan este combustible para generar electricidad.

También tiene una presencia creciente en hogares e industrias, especialmente en el norte del país.

Por ello, González advirtió que una eventual interrupción del suministro desde Estados Unidos podría tener consecuencias que irían más allá del sector energético.

"Cuando surge la versión, la amenaza o la realidad de que te pueden cerrar la llave por unos días, pues se prenden todos los focos", señaló.

Ana Francisca Vega coincidió en que esta dependencia coloca al país en una situación de vulnerabilidad.

El economista sostuvo que revertirla requerirá una estrategia de largo plazo que combine inversiones públicas y privadas, ampliación de infraestructura y reglas claras para los participantes del sector.

"Para corregir esto se van a necesitar muchos años, mucha inversión pública y privada y reglas del juego que convengan a todos", afirmó.

La conversación dejó dos desafíos económicos distintos, pero relacionados por la necesidad de planear a largo plazo. Por un lado, reconocer y aprovechar el potencial de una industria cultural que genera empleo y riqueza. Por otro, reducir los riesgos asociados con una dependencia energética que, aunque ha resultado económicamente conveniente, puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica.

En ambos casos, la advertencia de González apunta a una misma necesidad: medir adecuadamente los problemas, diseñar políticas públicas y sostener inversiones capaces de producir resultados más allá del corto plazo.

La economía naranja y el valor de la creatividad El concepto de economía naranja, popularizado durante las primeras décadas del siglo XXI, busca identificar el valor económico de las actividades vinculadas con la creatividad, el conocimiento y la propiedad intelectual.

Una industria que necesita inversión Durante la conversación, Ana Francisca Vega señaló que México mantiene una relación contradictoria con su patrimonio cultural: mientras lo presenta como uno de sus principales motivos de orgullo, históricamente ha destinado recursos limitados a su desarrollo.