La burbuja de Pikachu y el 'grading': así triplica su valor el cartón en perfecto estado

Las empresas que certifican el estado de coleccionables como cartas o entradas no dan abasto. El sector vive su fiebre del oro particular y triplica el precio de los bienes
El 6 de octubre, PSA, una empresa que se dedica a autenticar y evaluar la calidad de objetos de coleccionismo -principalmente, entradas de eventos histricos, cromos o cartas- dio una buena noticia a sus usuarios: la cola de productos a analizar era ya de tan solo 8,2 millones de unidades. Es decir, quien quiera que PSA certifique el estado de, por ejemplo, su Pikachu del juego de cartas coleccionables (TCG, por sus siglas en ingls) de Pokmon tan solo tendr que esperar a que el atasco se reduzca en tres millones de productos para poder ponerse a la cola. Porque unos meses antes, el 2 de junio, PSA haba anunciado un parn temporal en la recepcin de las cartas ms baratas para ponerse al da. Entonces haba 10 millones a la espera, pero llegaron a ser 12,4 millones a finales de julio.
Tal vez todo esto le resulte chocante. Por qu querra alguien certificar que un trozo de cartn est en perfecto estado? Cmo es posible que haya literalmente millones de paquetes yendo y viniendo de las casas de los coleccionistas a las instalaciones de la empresa? En realidad, el motivo es muy sencillo y difcilmente le resultar un concepto ajeno: es una cuestin de dinero.
PSA es la ms importante de las empresas de grading, que se dedican a graduar o calificar -aunque, para desgracia de la RAE, se est imponiendo la adopcin ms literal gradear- estos objetos. Principalmente, cartas de TGC, ya sea el de Pokmon, el ms jugado -pero menos coleccionado- Magic o nuevas incorporaciones como One Piece o Dragon Ball Super. Tambin hay cromos y cartas de deportes que, eso s, poco tienen que ver con la coleccin de pegatinas del Mundial de 1998 que tanto le cost completar y an guarda en un trastero. La clave est en que dentro de todos estos productos hay distintas rarezas: las cartas comunes aparecen con frecuencia, mientras que hay otras que nicamente se encuentran en uno de cada varios miles de sobres. Y donde hay un bien escaso poco tarda en aparecer alguien dispuesto a especular con ello.
"El gradeo es un poco como la polica del coleccionismo o el que pone las normas, el juez", ilustra Sebasti Font, propietario de Grading Club, una empresa de asesoramiento que trabaja con PSA. El grading, explica, "ha ordenado todo", porque permite garantizar que una carta es autntica y su estado, lo que facilita comprar y vender cartas. Segn detalla Font, en los ltimos aos han pasado de enviar unas 150 cartas semanales a PSA a mandarles cerca de 3.000 cada semana antes de su parn. Cree que puede haber cierta burbuja, aunque ms por modas puntuales que en la calificacin de cartas. "Lamine Yamal, por ejemplo, ahora est de moda y todo el mundo est comprando cromos y cartas", apunta, pero "igual se lesiona y pasa de moda, as que todo se ha quedado en una burbuja de Lamine Yamal". Porque el valor no lo pone la empresa de gradeo ni la que imprime la carta, sino "el coleccionista o el inversor".
Aqu entra de nuevo la rareza, lo difcil que es encontrar cada carta. "Le da ms valor porque de todas las cartas difciles de conseguir, t quieres la mejor: cuanto ms perfecta sea, ms cara", contextualiza Jos Antonio Vera, jugador profesional de Pokmon. Cmo de ms cara? "No hablamos de rentabilidad del 2,5% anual como puede ser un banco remunerado, no son rentabilidades del 5% como puede ser S&P500...", advierte Vera, que lo compara con una ruleta. "Puedes multiplicar por dos, por tres...". O por mucho ms. "Hay gente que se dedica exclusivamente al tema de compraventa de cartas", detalla, y lo hace en lote. Compra 100 unidades de una carta -lo que ya de por s puede mandar una seal al mercado secundario de que hay inters por ese producto concreto-, y las enva a graduar para conseguir la mayor nota posible. "Si de las 100 que enva, 30 son dieces, las vende y les saca rentabilidad", resume.
Tambin ocurre con el material sellado, las cajas y los sobres en los que vienen los coleccionables, que igualmente multiplican su valor -en menor medida- porque albergan la posibilidad de tener dentro el billete dorado para la jubilacin. No es una exageracin: en 1999, una caja de la primera edicin de Pokmon costaba unos 100 euros (en realidad, 16.000 pesetas, eran otros tiempos); hoy se venden por cerca de 20.000 euros. Pero es que dentro pueden tener la carta ms cara de esa coleccin, Charizard, que en su versin hologrfica est en el entorno de los 9.000 dlares y si PSA le pone un 10, se va a los 300.000 sin mucho problema. Se han llegado a vender por medio milln de euros.
La empresa editora de Pokmon se ha encontrado con un bendito problema debido a esta burbuja: no sabe cuntas cartas debe producir. Generalmente hace sus predicciones a un ao vista, pero ltimamente le cuesta atinar por este furor y las estanteras se vacan prcticamente el primer da en que se ponen en venta. Para comprender hasta qu punto llega esto es necesario entender que ahora mismo Pokmon tiene poco que envidiarle a la fiebre del oro que llev a miles de personas a la California del siglo XIX. Todo producto oficial que tenga algo que ver con Pikachu se ve como una oportunidad para especular. Desde un monopatn a unos donuts pasando por un Happy Meal de McDonald's en el que el tradicional regalo no es un peluche, sino una carta. Todos son ejemplos reales que al ponerse en venta han generado colas y, cuando no disturbios, s al menos frenes desmesurado para hacerse con la mayor cantidad de las hamburguesas que prometen multiplicar la rentabilidad si se suben a Wallapop.
PSA es consciente de esto. En mayo, Collectors, su matriz, anunci una inversin de 200 millones de dlares para expandir sus operaciones y la contratacin de 1.000 personas a lo largo de 2026. En septiembre de 2025 abri su primera instalacin en Europa -tienen otras cinco-, en Frncfort. Todas ellas trabajan para reducir la cola de 8 millones de cartas en espera. El sector est en auge y se pagan autnticas y literales millonadas por las cartas.
Detrs de este xito asoma un problema, y no es pequeo: a los propios jugadores les cuesta acceder al producto, que se encarece ante el inters de curiosos, coleccionistas y oportunistas. Sin ir ms lejos, Jos Lpez, jugador profesional de UCAM eSports, renunci a acudir a un torneo reciente con las cartas ms nuevas porque daba por hecho que sera imposible encontrarlas a tiempo. O, al menos, a un precio asequible. "Si la carta vale un euro, como acaba de salir, sale a ocho o diez euros y como tengo que comprar cuatro, pago un 200% ms de lo que debera pagar si no fuese por tanta especulacin", expone.
La situacin vara en funcin del TGC. Por ejemplo, en Magic, que tiene un entorno competitivo ms maduro, las mejores cartas suelen ser las ms caras, as que el alto precio de entrada dificulta enormemente formar un circuito profesional potente. Al mismo tiempo surgen formatos ms casuales, donde hay opciones ms asequibles para montar un mazo con el que jugar una partida, como Commander o Pauper (en este ltimo nicamente estn permitidas las cartas comunes). Pero cada vez salen ms expansiones y, adems, Wizards of the Coast -propiedad del gigante Hasbro y editora de Magic- ha comenzado a lanzar ediciones con los populares personajes de Marvel, El seor de los anillos, Las Tortugas Ninja o Final Fantasy, lo que ha aumentado el inters por este juego... y tensionado el mercado.
Sin embargo, el hecho de ser ms jugable ha ayudado a frenar en cierta medida la especulacin. Las cartas que devuelven las empresas de grading llegan en un contenedor de plstico transparente sellado -lo que se llama slab-, con su nota visible, lo que garantiza que el objeto no ha sufrido modificaciones desde que fue evaluado. El problema es que en esta comunidad son menos los que quieren tener una carta inaccesible en este recipiente, por mucho que eso certifique su calidad.
Con todo, Vera piensa que, tarde o temprano, la burbuja explotar. "Lo que le da valor a esa carta no es una entidad, es la comunidad", recuerda, as que fuera de contexto no deja de ser un trozo de cartn con nfulas. "Los TCG son una nueva cripto fsica y no regulable", afirma Vera, "si se va la economa a tomar por saco sern cartn y lo que tendr valor sern las materias primas". No obstante, mientras se han convertido en un objeto de lujo. O ms que eso. "Hay gente que tiene tan estudiado al mercado y lleva tantos aos en esto que tiene contacto con futbolistas, gente famosa o influencers que buscan especialistas que les asesoren para invertir en Pokmon", apunta. "Oye, quiero dejarme 100.000 euros en Pokmon, t que llevas 20 aos en el mercado y vives de esto, por favor, aconsjame cmo puedo invertirlos".
Vera va ms all. Al no haber regulacin, recuerda, puede ser hasta una forma de blanquear dinero. "Cmo regula eso una entidad pblica? Es un producto que lo abres y te pueden tocar cntimos o 500 euros", destaca. Es ms, afirma que en los aeropuertos comienzan a tenerlo en cuenta en las aduanas: "T te quieres llevar dinero y no puedes llevar 50.000 euros en efectivo... No pasa nada, me llevo 50.000 euros en Pokmon y cuando llegue al pas de destino lo vendo". Ahora en las aduanas lo tienen ms en cuenta y pueden pedir tiquets, "pero t le puedes decir que tu objetivo no es blanquear dinero, sino llevarte tu coleccin de cartas".
Lpez, mientras, entiende esta fiebre, aunque no la comparte. "Cualquier carta que te salga tienes que meterla en una funda para que no pierda todo su valor", expone. "Al final son cartas; hay gente que deja la carta en un armario en un lbum para toda la vida y la ve de vez en cuando. A m me gusta exhibirla, jugarla y poder utilizarla, porque si no para m no tiene sentido".
Y donde hay un bien escaso poco tarda en aparecer alguien dispuesto a especular con ello. "El gradeo es un poco como la polica del coleccionismo o el que pone las normas, el juez", ilustra Sebasti Font, propietario de Grading Club, una empresa de asesoramiento que trabaja con PSA.
ESTANTERAS VACAS La empresa editora de Pokmon se ha encontrado con un bendito problema debido a esta burbuja: no sabe cuntas cartas debe producir.
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