La belleza colateral del fracaso en el liderazgo

Antes cuando escuchaba la frase "celebremos el fracaso" no lo entendía.
Pero el tiempo y mis propios "fracasos" me han ayudado a entender lo valioso de ellos. Fracasos como salir de una organización por reestructura, que haya fallado un proyecto que lideré o incluso la decepción de un talento al que contraté y le aposté a su potencial. Todos estos han sido difíciles de vivir, pero cuando los veo de frente y con el corazón abierto para entenderlos, el aprendizaje ha sido valiosísimo y me han ayudado a crecer y expandir mi propio potencial. A esto llamo la Belleza Colateral del Fracaso.
Sin duda el éxito confirma muchas cosas, sobretodo confirma nuestro valor y que tuvimos la razón de decisiones que tomamos. El fracaso, en cambio, interrumpe la narrativa. Nos obliga a detenernos y sobretodo revisar cuál decisión, comportamiento o situación pensábamos que estaba correcta y no resultó como queríamos.
Además de los aprendizajes propios, ¿cómo puedes aprovechar como líder el fracaso? Cuando un proyecto falla, el equipo te observa con atención.
¿Las malas noticias te las pueden decir pronto o las tienen que ocultar o "maquillar" hasta que ya no haya remedio?
Tu respuesta en esas primeras horas define más la cultura de tu equipo que cualquier presentación o dinámica de valores.
Hoy te invito a tenerle menos miedo a tu propio fracaso y te comparto 4 regalos que yo he obtenido de mis propios fracasos:
Si veo para atrás puedo reconocer como antes, la mayoría de las veces, me pensaba infalible y poseedora de la verdad. Hoy me doy cuenta que la realidad no es blanco o negro, sino que tiene en su mayoría matices de grises y que muchas veces mi propia perspectiva empaña la realidad.
Cuando he tenido todo lo que quiero y no lo he perdido o ansiado, entonces lo he dado por sentado. Cuando he perdido algo o no he conseguido algo que deseaba, he podido apreciar lo que tengo. Realmente valorar los pequeños detalles y darme cuenta que a veces mi peor día puede ser el sueño de día de otra persona.
Cuando he fallado, he tenido que reflexionar qué parte del fracaso fue por las circunstancias, qué parte fue acciones de otros y qué parte fueron comportamientos u omisiones mías. Esto me ha dado capacidad de análisis, criterio y sabiduría de saber qué hacer la próxima vez que viva una situación similar.
Uno de los grandes regalos que me han dado mis fracasos es la empatía. Esta empatía me ayuda muchísimo tanto con mi familia y amigos, como con mi equipo y las personas a quienes doy mentorías. No es lo mismo hablar desde el concepto, que hablar con las cicatrices de fracasos que hemos tenido.
Se necesitan líderes capaces de explorar con criterio, reconocer pronto un error y compartir lo aprendido. El fracaso no necesita ser celebrado; necesita ser aprovechado. Su belleza colateral surge cuando una pérdida modifica la siguiente decisión y nos ayuda a crecer y a la vez ser más humanos, efectivos y creativos.
Si vemos la vida de personas muy exitosas, TODAS hablan de como los fracasos que tuvieron en el camino son parte de su éxito. Así que desmitifiquemos el fracaso y atrevámonos a vivir, a aventarnos, a ganar experiencias, a arriesgarnos y hacer cosas nuevas.
Dentro de una empresa el fracasar cuesta dinero, tiempo, confianza, clientes, reputación e incluso el empleo.
No es lo mismo hablar del concepto fracaso, que tener que enfrentarlo en la oficina del presidente de la corporación y dar una explicación al respecto.


