José Antonio Rojas Nieto: La marcha de la economía estadunidense: la sexta
La marcha de la economía mexicana suele analizarse mediante cuatro indicadores fundamentales. Crecimiento del PIB, empleo, inflación y tipo de cambio.

La marcha de la economía mexicana suele analizarse mediante cuatro indicadores fundamentales.
a marcha de la economía mexicana suele analizarse mediante cuatro indicadores fundamentales. Crecimiento del PIB, empleo, inflación y tipo de cambio.
Los dos primeros, vinculados fundamentalmente a la inversión, capacidad instalada y productividad. Los dos segundos a demanda efectiva, productividad, energía, salarios, y capacidad competitiva. Sin embargo, ninguno revela por sí mismo la capacidad real del país para producir riqueza. Por ello conviene observar otro conjunto de variables: justamente las que hemos trabajado en estas notas. Nivel de producción industrial, capacidad industrial instalada y grado en el que esa capacidad se utiliza.
Ahí se encuentra una parte esencial de nuestro futuro económico. Desde mediados del siglo XX, México construyó una importante base industrial. La sustitución de importaciones permitió desarrollar industrias siderúrgicas, químicas, petroquímicas, eléctricas, automotrices, alimentarias, textiles y de bienes de capital. Con gran impulso estatal, durante varias décadas la expansión de la producción avanzó casi al mismo ritmo que la capacidad instalada.
La industrialización generó empleo, elevó la productividad y permitió integrar cadenas nacionales de proveedores. La crisis de la deuda de los años 80 modificó profundamente esa trayectoria. La apertura comercial, la privatización de numerosas empresas públicas y la reorganización internacional de la producción cambiaron la estructura industrial del país. México se incorporó exitosamente a numerosas cadenas manufactureras, especialmente las vinculadas con Estados Unidos, pero, al mismo tiempo, perdió parte de su capacidad para desarrollar proveedores nacionales y producir bienes de capital, maquinaria, componentes electrónicos y tecnologías estratégicas.Hoy, la industria manufacturera mexicana continúa siendo una de las más importantes del mundo. No se puede negar. El país ocupa posiciones destacadas en la producción de automóviles, autopartes, electrodomésticos, equipo médico, dispositivos electrónicos y alimentos procesados. Sin embargo, una parte creciente del valor agregado depende de insumos, componentes y maquinaria importados. El contenido nacional de muchas exportaciones permanece limitado.
En los años recientes, la producción industrial ha mostrado un comportamiento moderado. La recuperación posterior a la pandemia fue importante, pero la desaceleración de Estados Unidos, la incertidumbre internacional y las elevadas tasas de interés han reducido su dinamismo. Al mismo tiempo, la capacidad industrial continúa ampliándose mediante nuevas inversiones nacionales y extranjeras, particularmente en el norte y el Bajío, impulsadas por el fenómeno del nearshoring .
La pregunta central es si esa nueva capacidad encontrará suficiente demanda para operar con elevados niveles de utilización. La experiencia internacional ofrece una advertencia. Estados Unidos, Europa y ahora China muestran que la capacidad productiva puede crecer más rápidamente que la demanda efectiva. Cuando ello ocurre, aparecen capacidad ociosa, menores márgenes de ganancia, competencia más intensa y crecientes presiones para exportar.
México enfrenta un desafío distinto, pero relacionado. No basta con atraer nuevas plantas industriales, pues es indispensable elevar el contenido nacional de las cadenas productivas, desarrollar proveedores mexicanos, fortalecer la ingeniería, la investigación tecnológica y la producción nacional de equipos, materiales y bienes intermedios.
De otra manera, el crecimiento de la capacidad instalada se traducirá principalmente en mayores importaciones y no en una expansión equivalente del ingreso interno. La transición energética abre una oportunidad excepcional. La fabricación de transformadores, conductores, equipos eléctricos, baterías, sistemas de almacenamiento, paneles solares, componentes eólicos y redes inteligentes puede convertirse en una nueva etapa de industrialización nacional.
No obstante, exige una política industrial explícita, financiamiento de largo plazo, coordinación entre Estado y sector privado, desarrollo científico y formación acelerada de recursos humanos. Y una política monetaria muy rigurosamente atrevida con este cometido. El problema de México no consiste únicamente en producir más. Consiste en decidir qué producir, con qué contenido nacional, para qué mercados y con qué capacidad tecnológica propia.
La industria seguirá siendo el principal motor de la productividad, de los salarios y del desarrollo regional. El verdadero reto no es atraer inversión por sí misma, sino convertirla en capacidades nacionales permanentes que permitan al país aprovechar plenamente la nueva reorganización de la economía mundial. De veras.
NB.- Se nos fue nuestro admirado y querido Rolando Ramírez Bautista. Gran señor. Gran técnico. Gran electricista. Gran amigo. Gran influencia entre nosotros. Siempre con una palabra acertada y aguda, pero respetuosa y prospectiva. Abrazo enorme a su familia. Amén.
Sinergia Empresarial continuará el seguimiento de esta información sobre josé Antonio Rojas Nieto: La marcha de la economía estadunidense: la sexta y ampliará la cobertura conforme se confirmen nuevos elementos relevantes para el ecosistema empresarial.


