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Funcas ve señales de ralentización en la economía española por la persistencia de la inflación

Por El País — Economía · 15 de octubre de 2026 · 5 min
Funcas ve señales de ralentización en la economía española por la persistencia de la inflación

El servicio de estudios matiene que el PIB crecerá un 2,5% este año, pero rebaja su previsión hasta el 1,8% en 2027

La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) ha actualizado este jueves sus previsiones macroeconómicas para el periodo 2026-2028, anticipando una paulatina desaceleración de la economía española que comenzará a percibirse con mayor claridad el próximo año. De esta forma, el Producto Interior Bruto (PIB) pasaría de crecer un 2,5% este año (una décima menos de lo que espera el Gobierno), a moderarse hasta el 1,8% en 2027 y el 1,7% en 2028. Este enfriamiento del ciclo económico responde principalmente al enquistamiento de las presiones inflacionistas, el incremento de los tipos de interés y que algunos sectores que han sostenido la actividad en los últimos años, como el turismo, perderán empuje. Además, el centro de análisis eleva su estimación de inflación media anual hasta el 3,7% para este año y el 3,1% para el que viene, medio punto porcentual por encima de sus anteriores cálculos.

El cambio en el ritmo de crecimiento empezará a verse en los datos trimestrales. Funcas calcula que el PIB crecerá un 0,5% en el tercer trimestre, frente al 0,7% del segundo, y un 0,4% en los tres últimos meses del año. La economía no se para, pero pierde velocidad. Y esa pérdida de impulso será cada vez más visible en la demanda interna, cuya contribución al crecimiento pasará de tres puntos este año a dos en 2027. El deterioro llega además en un momento en el que el sector exterior no puede compensar esa pérdida de fuerza. La debilidad de los principales mercados europeos, lastrados por la guerra en Oriente Próximo, limita las exportaciones, mientras que las importaciones crecen a un ritmo superior al de las ventas al exterior.

Frente a estas tensiones, la prioridad es atajar la escalada inflacionista antes de que se contagie al conjunto del tejido productivo. Al respecto, Carlos Ocaña, director general de Funcas, ha insistido en que "el principal riesgo para el país es una inflación persistente que erosiona la renta de los hogares y la competitividad de las empresas". El principal problema viene por la parte energética. Los cuellos de botella en el transporte marítimo por los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb (que separa el golfo de Adén del mar Rojo) y las restricciones europeas de refino han mantenido elevados los costes.

Además, la retirada gradual de las rebajas fiscales ha encarecido los precios de los carburantes y la electricidad. El resultado ha sido especialmente intenso durante el verano, con subidas del 26% en la gasolina, del 29% en el gasóleo y del 59% en la electricidad, pese a los 12.000 millones de euros movilizados en ayudas públicas.

A pesar de estas cifras, el dato que más preocupa a los analistas viene de la inflación subyacente ―que excluye alimentos no elaborados y productos energéticos por ser los más volátiles―. Según sus cálculos, el 90% del diferencial de inflación entre España y la zona euro procede de aquí, impulsada sobre todo por los servicios, cuyos precios crecen a un ritmo que ronda el 4%. La brecha hace pensar a los economistas que el problema inflacionario está dejando de ser un impacto puntual.

Funcas teme que esa persistencia en la inflación termine afectando al consumo. Los salarios pactados en convenio crecen un 3,6%, por debajo de la inflación media prevista, de modo que las familias siguen perdiendo poder adquisitivo. Hasta ahora han podido mantener el gasto recurriendo al ahorro acumulado durante la pandemia, pero llegará un punto en el que ese colchón no exista. La tasa de ahorro ha bajado del 13% de hace un año al 11%. Y los datos muestras que las familias están gastando más dinero de lo que suponen sus ingresos. En concreto, la renta disponible neta de los hogares ha crecido un 4,9%, mientras que el consumo ha aumentado un 6,3%. A este respecto, el director de Coyuntura de Funcas, Raymond Torres, ha advertido de que "las familias han ido tirando del ahorro para mantener el tren de vida, pero esto no es algo sostenible a muy largo plazo".

El mercado laboral también sufrirá un menor ritmo de creación de empleo, aunque esto no impedirá un descenso paulatino de la tasa de paro, que podría situarse en el 9% en 2028. Funcas prevé la creación de 770.000 empleos netos hasta ese año, pero la ocupación crecerá a una tasa media del 1,3% anual durante los dos próximos años, la mitad que en el trienio previo. En cualquier caso, el principal límite para seguir creciendo no será la falta de puestos de trabajo, sino la ausencia de trabajadores. Ambos economistas han recordado que la economía española depende cada vez más de la llegada de trabajadores extranjeros para cubrir vacantes en sectores como la construcción, el turismo y los servicios a las personas. Funcas calcula que si la llegada de migrantes se redujera a la mitad respecto a lo previsto, el crecimiento del PIB perdería dos décimas anuales entre 2027 y 2030 y la deuda pública alcanzaría el 97,8% del PIB.

Junto al desafío inflacionario, el endurecimiento de la política monetaria es el segundo gran condicionante para el entorno macroeconómico y fiscal. Funcas prevé dos subidas adicionales en los tipos de interés hasta situarlos en el 3%, lo que podría empujar la rentabilidad del bono público español a diez años hasta el 4%. Para las familias y las empresas, esto significa crédito más caro. Para el Estado, el problema es todavía mayor porque cada año tiene que refinanciar una parte de la deuda emitida con tipos más caros. En consecuencia, el coste de los intereses de la deuda pública superará los 60.000 millones de aquí a 2030, restando un importante volumen de recursos al margen presupuestario. En palabras de Ocaña, "son 20.000 millones cada año que dejan de estar disponibles para otras políticas y que habrá que dedicar a pagar esos intereses".

El problema es que el margen presupuestario ya es estrecho. La revalorización de las pensiones con una inflación de referencia del 3,6% supondrá otros 8.400 millones de euros de gasto el próximo año. Y si los tipos se mantienen en el 4% desde 2027, Funcas calcula que los intereses de la deuda llegarían a 65.000 millones en 2030. Con este escenario, el déficit público se situará en el 2,5% del PIB este año, subirá al 2,7% en 2027 y alcanzará el 2,9% en 2028. España seguiría dentro del límite del 3% establecido por las reglas fiscales europeas, pero con un margen cada vez más reducido.

Ahí aparece otra vulnerabilidad de la economía nacional, pues según Funcas, cuando el crecimiento del PIB reduzca, habrá poco margen para corregir los desequilibrios presupuestarios. Torres ha comparado la situación con la que sufre Francia, señalando que "la principal diferencia entre la economía española y la francesa no es el déficit público, sino el crecimiento económico; en España un crecimiento al 2,5% permite enmascarar la brecha, pero cuando no hay crecimiento el déficit surge plenamente". Por lo tanto, sería deseable ampliar el margen fiscal antes de que llegue una etapa de menor crecimiento.