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El último truco del mago de las finanzas Juan González

Por El País — Economía · 02 de noviembre de 2026 · 5 min
El último truco del mago de las finanzas Juan González

El fundador de Herrero Brigantina promete a sus clientes multiplicar por tres sus fondos mientras está siendo investigado en la Audiencia Nacional por una estafa de 200 millones

El economista Juan González Herrero presume en privado de tener una fórmula de éxito infalible. Por cada euro depositado en sus bonos corporativo -asegura- sus inversores reciben tres en quince días. Es una suerte de versión contemporánea del bíblico milagro de los panes y los peces el que este financiero comercializa desde 2025 a través de una firma jurídica de Ponferrada (León). Pero en el relato falta un detalle de calado: el emprendedor está siendo investigado desde julio de 2024 por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz por una presunta estafa piramidal de 200 millones que fue destapada por EL PAÍS más de un año antes. Un timo que concibió a través del conglomerado financiero leonés Herrero Brigantina, que sedujo en Europa a 35.000 clientes —pymes, autónomos y familias— con sus soluciones de inversión, planes de pensiones, seguros e hipotecas.

Bajo el radar del juez Pedraz, que le retiró el pasaporte y mantiene sus cuentas embargadas, González vuelve a captar inversores. A sus 47 años, este asturiano canaliza sus promesas a través del despacho jurídico de Ponferrada Leyec 2024 SLP, que creó tres meses después de que arrancaran las pesquisas. El economista figura en él como administrador único junto a dos abogados, según la escritura. Los supuestos bonos corporativos que ofrece prometen una rentabilidad del 300% en 15 días.

La promesa de la fortuna exprés está plasmada en unos vídeos grabados con cámara oculta en 2025 por un excolaborador a los que ha tenido acceso este diario. El antiguo comercial denunció a González en un juzgado de Valladolid por pagarle 29.600 euros con dos cheques sin fondos. El denunciante sostiene que, para proyectar empaque, robustez y solvencia, el empresario le mostró escrituras, cuentas bancarias y le aseguró que el dinero de los inversores estaba garantizado por más de 100 millones procedentes de Herrero Brigantina ocultos en México. "Estaríamos ante los posibles delitos de falsedad documental y estafa", valora el abogado Jaime del Pozo, que defiende al excolaborador de González.

Captadas con un reloj espía, las imágenes muestran a González explicando en su despacho cómo obra el milagro de convertir 50.000 euros en 150.000 en 15 días. Y que, para calmar el nerviosismo de su colaborador, tira de explicaciones macroeconómicas o se retrotrae a las convulsiones de la Gran Depresión de 2008.

Cuando el comercial comunica a González que la mayoría de los clientes sospechan que sus bonos corporativos son una estafa, el financiero admite que "es lógico". Y para insuflar confianza, destaca que sería muy arriesgado cometer un delito estando bajo el foco de la Audiencia Nacional por el caso Herrero Brigantina. "Ahora mismo, estoy metido en un tema penal por una supuesta estafa. Si me cogen con cualquier historia de estas, ya no hay más. Me meten para dentro. ¿Crees que voy a estar haciendo el gilipollas de esta manera?", alega el emprendedor.

Cuando el comercial pone a González en el brete de mojarse —"Si reúno cinco millones de fondos de clientes y hay un problema en tu empresa, ¿te harías cargo?", pregunta—, el economista responde que una sociedad del entramado taparía el agujero.

La siguiente secuencia se desarrolla en una terraza de Valladolid. González sugiere a su interlocutor que oculta fondos en el extranjero y debe ser cauteloso. Si aflora su secreto, se frustraría su eventual acuerdo judicial en la Audiencia Nacional por la presunta estafa de Herrero Brigantina. "Debo tener un cuidado de la virgen porque, como me pillen lo que tú has visto, se me jodió la última salida que tengo, que es negociar con la Fiscalía y decir: 'Mire, oiga, yo no estaba, vendí la empresa, los administradores son estos".

Este diario ha intentado sin éxito recabar la versión de González. Luis Fernández, uno de los tres socios de Leyec 2024 SLP, dice desconocer que este despacho jurídico esté siendo usado por el fundador de Herrero Brigantina para recaudar fondos. "No tengo ni idea de eso que me cuenta. Soy socio de González en algunas cosas, pero no trabajamos juntos", zanja rápidamente por teléfono.

El abogado José Luis Ortiz, que defiende a 563 clientes que depositaron 25 millones en Herrero Brigantina, subraya que González ha creado tres empresas para operar mientras está bajo el radar de la Audiencia Nacional. "Además, se hace pasar por abogado sin serlo. Trata de sacar el dinero a un montón de incautos. Se queda con las provisiones de fondos. Les enreda. Por eso vamos a solicitar su prisión provisional sin fianza", indica el letrado.

Quienes han trabajado con él en el último año, describen a González como un hombre carismático, tocado por una proverbial labia y un insólito dominio de la jerga financiera. Con estos mimbres, este economista, que fue detenido por la Policía Nacional en 2023, se mete en el bolsillo a inversores y colaboradores, a los que remunera con comisiones de hasta un 30%. "Si habla contigo, a los cinco minutos le das el móvil de tu mujer y las llaves de tu casa", explica un financiero, que a última hora temió que la línea de crédito de 22 millones que González ofrecía a uno de sus clientes fuera un pufo. "Cuando le planteas dudas, te bloquea en el teléfono", añade este hombre que, como todos los consultados, pide el anonimato por "miedo".

"El tío está súper preparado. Controla mucho. Lleva un tren de vida muy alto. Trajes, restaurantes. Todo muy caro. Trata de impresionar. No le preocupa estar investigado", añade una exempleada que el pasado año dejó de trabajar con el economista al detectar supuestamente un rosario de largas e incongruencias.

Con Herrero Brigantina, González se acercó mucho a la cima. Su tinglado barruntó salir a Bolsa y el Financial Times lo encumbró en 2021 al puesto 149º de las 1.000 firmas europeas que más rápido crecían. A fuerza de labia y de garantizar una rentabilidad del 50% en diez años, el empresario edificó un emporio, que ahora trata de reconstruir mientras lidia con los tribunales.