El fin de las ayudas a los carburantes amenaza con elevar hasta un punto la inflación en otoño

El repunte del IPC en julio con parte del decreto anticrisis aún en vigor hace presagiar subidas muy superiores tras el verano si el petróleo mantiene su escalada
El primer golpe inflacionario por la guerra en Oriente Próximo ya ha llegado. El IPC repuntó en julio hasta el 3,5% , según el dato adelantado publicado este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Son tres décimas más que la tasa registrada el mes anterior y coincide con el mes de inicio de la retirada gradual de las rebajas fiscales a los carburantes. El dato es un anticipo del impacto que tendrá el fin de estas ayudas en los próximos meses y apunta a un otoño con mayores presiones en el índice de precios. Todos los analistas asumen que la tasa aumentará cuando los descuentos desaparezcan. La cuestión es cuánto y cuándo ocurrirá. El calendario del Gobierno se mantiene por ahora con la vista puesta en octubre, pero la gran volatilidad en el mercado energético derivada de la crisis en Oriente Próximo pone en duda ese calendario.
La reciente convalidación en el Congreso del Real Decreto-ley 18/2026, para aliviar los efectos de la crisis energética, mantiene las rebajas fiscales a los carburantes durante el verano, pero deja al Gobierno pendiente de una evolución geopolítica que no está en su mano controlar. El calendario de la norma se diseñó con la expectativa de que, para septiembre, el conflicto en Oriente Próximo habría perdido intensidad y los mercados energéticos recuperarían cierta estabilidad. Hasta el momento, ese escenario está lejos de cumplirse. El petróleo vuelve a estar bajo presión y nuevas previsiones apuntan a un escenario más complejo de cara al invierno. Goldman Sachs contempla que el brent pueda rozar los 120 dólares por barril . En este contexto, la retirada gradual de las ayudas —15 céntimos por litro en julio, 10 en agosto y cinco en septiembre, antes de desaparecer en octubre— se ha convertido en una de las incógnitas que marcarán la inflación del otoño. Si los precios energéticos siguen al alza, el Gobierno tendrá que decidir si mantiene el calendario previsto, asumiendo el coste inflacionario que ello pueda conllevar, o si prolonga unas medidas que, en principio, estaban diseñadas para desaparecer.
En este mes, el gas natural en Europa se ha disparado al nivel más alto desde que empezó la guerra de Irán y el petróleo también ha tocado los 100 dólares ―su nivel más alto desde finales de mayo―, lo que puede llevar al Ejecutivo a mantener las medidas más allá de septiembre si la presión sobre la energía persiste. Mientras tanto, las estimaciones de los expertos apuntan a un aumento de la inflación de al menos otro medio punto para octubre, en el mejor de los escenarios. El dato de junio ofrece pistas sobre la magnitud del efecto. El último IPC habría superado el 4% sin las rebajas fiscales, según los cálculos de Gregorio Izquierdo Llanes, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE).
La fuerza con la que esa inflación contenida aflore a partir de otoño depende de varios factores. En primer lugar, del peso de los combustibles y carburantes en el índice general. Salvador Marín, director del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas (CGE), recuerda que ambos representan alrededor del 5% de la cesta de la compra. "La rebaja fiscal llegó a reducir el precio en el surtidor entre un 15% y un 17%, unos 30 céntimos por litro cuando el precio rondaba los 1,80 euros. Por tanto, si la ayuda desaparece por completo y el resto de factores permanece estable, el efecto directo sobre la inflación podría alcanzar los 0,85 puntos porcentuales (ocho décimas)", detalla.
La estimación de Funcas se sitúa en la parte alta de esta horquilla. Su cálculo apunta a que la eliminación completa de las rebajas fiscales sobre los combustibles añadiría entre ocho y nueve décimas a la inflación, siempre que las ayudas desaparezcan en otoño y los costes energéticos evolucionen en línea con lo que descuentan los mercados a largo plazo. La casa de análisis precisa que, dado que una parte de esta normalización ya se hizo efectiva durante los meses de junio y julio, el impacto pendiente de lo que queda por normalizar en los próximos meses sería de cinco décimas. La cifra no responde únicamente al efecto directo de recuperar el impuesto sobre los carburantes, sino que incorpora el impacto que el encarecimiento de la energía seguirá teniendo sobre el resto de la economía a medida que se traslade a los costes de producción y distribución, así como a los servicios. En todos los casos, el efecto llega con cierto retraso y puede prolongar el impacto inicial sobre la inflación .
Funcas considera que ese proceso no se detendrá de forma inmediata aunque se normalice la situación en el estrecho de Ormuz , porque el impacto energético tarda en recorrer el tejido productivo. A ello se suma una inflación subyacente más resistente de lo previsto, especialmente en los servicios. Con este escenario, Funcas calcula que el deflactor del consumo (un indicador que mide la evolución de los precios de los bienes y servicios que consumen los hogares) alcanzará una media del 3,2% en 2026, ocho décimas por encima de su previsión anterior a la crisis de Oriente Próximo, desatada en febrero.
El riesgo de transmisión a otras partes de la economía preocupa especialmente en un escenario en el que algunos componentes de la cesta de la compra siguen mostrando resistencia. BBVA Research señala que la inflación de los servicios se mantiene en el 3,9% y apunta a otros factores, como la menor capacidad disponible en algunos sectores y el encarecimiento de la vivienda, que pueden dificultar una rápida moderación de los precios. Un mercado laboral con una tasa de paro en descenso también puede favorecer el crecimiento de los salarios y contribuir a que parte del aumento de los costes termine llegando al consumidor.
Otros analistas manejan una estimación más contenida. Rafael Salas, del ICAE, calcula que el impacto pendiente para el otoño es de unas cuatro décimas. En lo que sí coincide con el resto de analistas es en que la cifra no es estática, sino que dependerá de la evolución en los próximos meses del coste del crudo y del refino en los mercados internacionales . Y aquí entra el principal factor de incertidumbre.
El recrudecimiento de las hostilidades en Oriente Próximo hace bailar los precios en el mercado energético al son de la geopolítica. Uno de los últimos golpes ha venido asestado por los rebeldes hutíes de Yemen, que han cumplido su amenaza de imponer un bloqueo naval a Arabia Saudí mediante ataques con misiles y drones contra petroleros en el mar Rojo. De esta forma, ahora se ve amenazada una vía de exportación alternativa a Ormuz que se ha mostrado crucial para dar salida en los últimos meses a unos cuatro millones de barriles diarios de crudo.
El decreto convalidado esta semana en el Congreso incorpora una cláusula que permite reactivar la rebaja de 20 céntimos por litro si el Instituto Nacional de Estadística confirma que el precio de los carburantes aumenta más de un 15% interanual. El mecanismo busca ofrecer una respuesta automática ante un nuevo repunte de los precios y evitar que el Ejecutivo tenga que aprobar una nueva medida cada vez que las cotizaciones energéticas se disparen. Pero su aplicación dependerá, en cualquier caso, de cómo evolucione el mercado internacional y de si se cumplen las condiciones establecidas en la norma.
Información con base en Redacción Sinergia Empresarial. Redacción y edición: Sinergia Empresarial.


