De los sellos a las criptos: ¿qué saben los ciudadanos de los productos financieros que compran?

Las estafas, las inversiones fallidas y las espirales de endeudamiento ponen a prueba la educación financiera de cada generación
Laura Salgado recibió el consejo de un pariente que trabajaba en una gestoría y le recomendaba invertir en sellos. Miguel García contestó la llamada del director de su sucursal, quien le ofrecía depositar sus ahorros en preferentes. Jordi Guirao escuchó a un amigo, que ganaba grandes cantidades de dinero comprando memecoins. Son escenas con años de diferencia —2006, 2011 y 2021— pero unidas por un factor común: todos debían decidir si confían en alguien que promete grandes rentabilidades a través de productos novedosos. Todos aceptaron. ¿Cuánto sabían cuando tomaron la decisión?
Laura Salgado invirtió 60.000 euros en Afinsa, un grupo empresarial español que aseguraba altos rendimientos a través de la venta de sellos con compromiso de recompra futura. Ni siquiera vio las estampillas, custodiadas por la empresa, y reconoce que tampoco entendía bien lo que compraba, pero se fiaba de un pariente que ya había comprometido su dinero y, al trabajar en el sector, presumía que tendría mayor conocimiento. Pasado un año, podía recuperar la inversión con intereses, pero un mes antes de la fecha, en mayo de 2006, "todo quebró". Se destapó una estafa piramidal, porque los sellos no tenían el valor que decían o directamente no existían. 400.000 personas se vieron afectadas por esta trama sumada a la de Fórum Filatélico, que provocó un agujero de 2.800 millones de euros. Salgado recuperó solo una décima parte de su dinero, después de que Afinsa presentase concurso de acreedores. Su pariente, el de la gestoría, tampoco se libró, y sus pérdidas superaron los 100.000 euros, según afirma Salgado.
En aquellas mismas fechas, España estaba contagiada de una fiebre: la burbuja inmobiliaria. Fruto del ansia por comprar vivienda, la población contrae masivamente deudas, sin ser siempre consciente del riesgo que asume. Es lo que le ocurrió a Antonio López con una hipoteca multidivisa. Se trata de un préstamo en divisa extranjera, en este caso el yen, con un interés variable vinculado a los tipos de interés de Japón, más bajos que el clásico euríbor, lo que permitía pagar una letra mensual menor. Pero en 2008, en paralelo al estallido de la crisis financiera, el valor de la moneda japonesa se disparó y la deuda contraída en yenes creció. "Pasaban los años y no amortizaba la hipoteca, todo lo que pagaba era por intereses", lamenta Antonio López. "No nos informaron de que puedes acabar debiendo cada día más". En ese entonces no existía el código de buenas prácticas de la banca, que con el tiempo le ha permitido reclamar y recuperar parte de los intereses pagados.
El Banco de España reconoce que con la crisis de 2008 se puso de manifiesto la necesidad de promover la educación financiera: "Se evidenciaron casos en los que se ofrecían y adquirían productos financieros sin la adecuada información y valoración de los riesgos. A partir de entonces, se desarrollaron estrategias nacionales de educación financiera", asegura en un informe el supervisor. Junto a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) crearon ese mismo año el primer Plan de Educación Financiera. Hasta ese momento, según reconocía el pasado lunes el gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, la educación financiera "era un elemento al que prácticamente no se le prestaba atención".
La crisis dejó a las cajas de ahorro en una situación complicada, por su exposición extrema a promotoras inmobiliarias en muchos casos quebradas. "Necesitaban capital, por lo que recurrieron a la venta masiva de un producto complejo, las preferentes", explica Tania Fernández, parte del equipo de relación con inversores de Cobas Asset Management. Estas participaciones son un instrumento híbrido entre las acciones y los bonos: pagan un tipo de interés, pero están expuestas a sufrir pérdidas. Un tipo de activo con el que hoy por hoy solo operan inversores muy avanzados.
Miguel García oyó hablar por primera vez de este activo en 2011, al recibir la llamada del director de la sucursal de Caixa Galicia en Ares (A Coruña), quien le pidió que se pasase por la oficina para ofrecerle un nuevo producto que le daría una mejor rentabilidad por sus ahorros: "Insistí en que solo me interesaba si tenía riesgo cero. Me dice que no me preocupe y me pide firmar un montón de papeles. Le dije que no lo iba a leer, que me fiaba de él". Menos de un año después las cajas colapsaron, y este sistema de venta minorista, que en su momento álgido llegó a mover 30.000 millones, cayó a la par. "Entonces todo el mundo empezó a llamar a sus bancos, pero a los directores los cambiaron de sucursal. Al mío no lo volví a ver", recuerda. En su caso, aceptó un acuerdo ofrecido por la compañía para no acabar en los tribunales.
La crisis de las preferentes desató una gran indignación, con los directivos de muchas cajas de ahorro como principales señalados. De nuevo, el foco también se puso en el papel de los supervisores. En una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados, el exgobernador del Banco de España, Jaime Caruana, declaró que las preferentes eran valores admitidos por la normativa. Sin embargo, reconocía que sí que existía una preocupación por la "comercialización equivocada de esos productos sin que se supiese cuáles eran los riesgos que estaban detrás". La mayoría de los afectados, personas de edad avanzada, no tenían los conocimientos necesarios para reconocer el riesgo que asumían, como sentenciaron los jueces.
Desde entonces, al Plan de Educación se ha sumado el Ministerio de Economía. En su última renovación, de 2022 a 2025, se presupuestaron para su desarrollo 3,6 millones de euros. Fuentes del proyecto aseguran que los avances son innegables. En el marco de esta iniciativa se han realizado encuestas para evaluar las competencias financieras de la población. La más reciente es de 2021. De ella se desprende una ligera mejoría en las respuestas con respecto a la realizada cinco años antes, y sitúa a los españoles cercanos a la media de los países de la OCDE. Sin embargo, se obtiene una peor puntuación en lo referido a los comportamientos financieros.
En los últimos años, otros productos de deuda han centrado las quejas de los usuarios y la preocupación de los supervisores: las tarjetas revolving o los créditos rápidos han expuesto a miles de ciudadanos mal informados a espirales de endeudamiento de las que es muy difícil salir. Paralelamente, entre los nuevos activos de inversión, destaca la preocupación por las criptomonedas. La CNMV alerta de que no todos estos activos digitales están regulados: "Eso significa que, si algo sale mal, puedes perder tu dinero sin posibilidad de reclamar", advierte el supervisor.
Jordi Guirao invirtió parte de sus ahorros en algo que en ese momento reconoce que era "poco conocido"; las memecoins. Son criptomonedas inspiradas en chistes o tendencias virales de internet. Pueden tener la imagen de un perro asustado, una rana ingeniosa o de Donald Trump, y todo su valor puede desaparecer en cuestión de minutos según el entusiasmo de la red. "Hay que saber analizar los gráficos porque existen patrones", asegura Guirao. Cuenta que al principio perdía dinero "porque es muy volátil, como las apuestas", pero asegura que tuvo "mucha suerte" y a él le acabó yendo bien. Es un caso excepcional, admite. El 97% de las memecoins que salen al mercado terminan por no valer nada.
En los casos anteriores fueron personas conocidas las que recomendaron el método de inversión, o lo que es peor aún, de endeudamiento. Ahora, cada vez más, este papel lo ejercen las redes sociales y la inteligencia artificial, señala el Banco de España. Los riesgos no han cambiado, solo los mecanismos de difusión: el supervisor detecta un alarmante incremento de fraudes en las redes, donde en muchas ocasiones los más jóvenes se empapan de dudoso asesoramiento financiero. Contrarrestar esa desinformación es, admite el supervisor, el principal reto pendiente.


