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Control, amenazas y cirugías para cambiar la apariencia: mi vida dentro de la "secta" de Jeffrey Epstein

Anya (nombre ficticio para preservar la privacidad) ofrece a la BBC un relato de cómo el financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein atrajo y abusó de sus "asistentes".

Por Redacción Sinergia Empresarial · 23 de julio de 2026 · 2 min
Control, amenazas y cirugías para cambiar la apariencia: mi vida dentro de la "secta" de Jeffrey Epstein

Anya (nombre ficticio para preservar la privacidad) ofrece a la BBC un relato de cómo el financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein atrajo y abusó de sus "asistentes".

La semana posterior a la muerte del financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein, Anya (nombre ficticio) abrió la puerta de su apartamento en Nueva York. Afuera estaba Mark, el hermano de Epstein, diciéndole que debía irse, según cuenta.

Anya había vivido durante años en uno de los varios apartamentos de la calle 66 Este de Manhattan que Jeffrey Epstein utilizaba para alojar a las mujeres de las que abusaba.

En un instante, Anya perdió su hogar, pero escapó de una pesadilla.

Mark Epstein niega haber estado al tanto de las actividades ilícitas de su hermano.

"Todavía me cuesta asimilar que fui víctima de abuso durante años", dice Anya. "No te encadenaban a una puerta ni nada parecido. No te encerraban en un sótano. Las cadenas eran menos evidentes, pero estaban ahí".

Epstein, que murió en 2019 mientras esperaba ser juzgado por tráfico sexual de menores, solía decir que su organización era "como una secta, y que él era el líder de la secta", dice Anya.

La mujer le ofrece a la BBC un relato excepcional sobre su vida como una de las "asistentes" de Epstein, detallando cómo el financiero mantuvo el control sobre muchas de sus víctimas durante tanto tiempo.

Las asistentes eran un grupo de mujeres —unas 12 a la vez, según estima Anya— que vivían alojadas en casa de Epstein, trabajaban a todas horas a su entera disposición y eran víctimas de abusos sexuales por parte de él con regularidad.

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Anya afirma que fueron objeto de elaborados engaños y promesas vacías de trabajo, antes de que él comenzara a controlar de forma coercitiva casi todos los aspectos de sus vidas, explotando cualquier vulnerabilidad que pudiera descubrir.

Según cuenta, él controlaba sus finanzas, les dictaba con quién se veían y las humillaba psicológicamente.

Anya asegura que él vigilaba sus cuerpos de forma obsesiva y la obligó a someterse a cirugías innecesarias que la desfiguraron.

Sarah Kellen, otra exasistente, confirma el relato de Anya sobre el control que ejercía Epstein.

A principios de este año, Kellen declaró ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos cómo Epstein se presentaba como el salvador de las asistentes.

"Era muy hábil para aniquilar tu capacidad de tomar tus propias decisiones y tener autonomía. Y eso te hacía cada vez más dependiente de él", sostuvo.

Existe un sesgo que tiende a hacer creer a la gente que solo los niños son susceptibles a este tipo de coacción, pero "uno puede ser manipulado siendo adulto", afirma Tara Quinn-Cirillo, psicóloga clínica que ha trabajado con víctimas de control coercitivo.

Tras la condena de Jeffrey Epstein en 2008 por abuso de una adolescente —a quien llevaba a sus casas con la promesa de trabajar como masajista—, cambió de táctica.