Cómo pasó Escocia de ser la capital de los asesinatos en Europa a uno de los lugares más seguros del mundo
Para Escocia, tratar la violencia como un problema de salud pública le ha traído una reducción en el número de homicidios.

Para Escocia, tratar la violencia como un problema de salud pública le ha traído una reducción en el número de homicidios.
A principios de la década de 2000, la probabilidad de sufrir una agresión en Escocia era más de tres veces mayor que en Estados Unidos. Sin embargo, cuando las autoridades escocesas comenzaron a abordar los delitos violentos como un problema de salud pública, las cifras se desplomaron y la nación figura ahora entre las más seguras del mundo.
El 24 de octubre de 2008, en el Tribunal del Sheriff de Glasgow (el principal órgano judicial local en Escocia para casos civiles y penales) no había jurado, ni testigos, ni acusados en el banquillo.
En su lugar, frente al juez —que vestía su indumentaria oficial completa—, se encontraban 85 miembros de bandas rivales procedentes del East End de Glasgow, la ciudad más grande de Escocia.
Durante décadas, la zona estuvo azotada por bandas juveniles que se disputaban el territorio, por el crimen organizado y los enfrentamientos por drogas y armas, que convertían los ataques con arma blanca en algo casi cotidiano.
A pesar de sus constantes rencillas, los miembros de las bandas guardaron silencio mientras escuchaban, uno tras otro, a diversos oradores.
Una madre relató cómo vio el rostro irreconocible de su hijo tras sufrir, a los 13 años, un ataque con machete vinculado a las bandas.
Un jugador de baloncesto estadounidense recordó cómo perdió a su hermano a causa de la violencia armada. Médicos y cirujanos describieron laceraciones brutales y deformaciones permanentes.
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"Si yo hubiera sido la jefa de policía [de la Policía de Strathclyde], probablemente no habría permitido que hiciéramos eso", reflexiona Karyn McCluskey, cofundadora y exdirectora de la Unidad Escocesa de Reducción de la Violencia (SVRU).
Este grupo especializado creado por la policía en 2005 y ampliado a iniciativa nacional al año siguiente por el gobierno escocés fue el responsable de la insólita escena de aquel día.
"Debió de pensar que estábamos locos", comenta. "Ese día tuvimos caballos de la policía en el tribunal y barcos navegando arriba y abajo por el río Clyde, porque era una iniciativa realmente arriesgada. Pero existía cierta permisividad a la hora de intentar hacer algo".
Algo que pareció funcionar. A los miembros de bandas presentes se les facilitó un número de teléfono al que podían llamar posteriormente para recibir apoyo si deseaban abandonar la violencia; después de diez sesiones similares a las que asistieron 473 jóvenes, casi 400 de ellos realizaron la llamada.
La intervención en el tribunal fue la primera de las llamadas "sesiones de derivación voluntaria" de Escocia, parte de los esfuerzos del país para frenar las cifras récord de violencia que azotaban a la nación, y especialmente a Glasgow.
Entre 2003 y 2005, la ciudad registró la tasa de homicidios más alta de Europa.
Naciones Unidas declaró a Escocia el país más violento del mundo desarrollado: los escoceses tenían casi tres veces más probabilidades de sufrir una agresión que los estadounidenses.
Los periódicos informaban constantemente sobre asesinatos macabros y sangrientas peleas entre bandas.
En la década siguiente, la tasa de homicidios cayó un 56% en Glasgow y un 38% en el conjunto de Escocia.

