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Centroamérica y República Dominicana concentran el 77% de las zonas francas en América Latina

La subregión de CARD se ha vuelto un punto neurálgico para empresas que buscan reducir tiempos y operar cerca de EE.UU., de acuerdo con un informe de la consultora EY.

Por Redacción Sinergia Empresarial · 15 de julio de 2026 · 2 min
Centroamérica y República Dominicana concentran el 77% de las zonas francas en América Latina

La subregión de CARD se ha vuelto un punto neurálgico para empresas que buscan reducir tiempos y operar cerca de EE.UU., de acuerdo con un informe de la consultora EY.

Bloomberg Línea — Las zonas francas en América Latina operan bajo un profundo proceso de transformación estructural, presionadas por la relocalización de las cadenas de suministro globales ( nearshoring ) y la necesidad de las empresas de reducir riesgos logísticos.

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De acuerdo con un informe de la consultora EY, estos enclaves han pasado de ser herramientas de optimización fiscal a convertirse en un catalizador de transformación productiva y un punto de anclaje para la estrategia regional de competitividad.

El estudio detalla que la región cuenta con un sector maduro que ha superado la fase de adopción inicial.

En la actualidad, operan más de 800 zonas francas que albergan a unas 10.000 empresas. En conjunto, este tejido corporativo genera exportaciones anuales que superan los US$60.000 millones y sostiene más de 3,2 millones de empleos formales entre puestos de trabajo directos e indirectos.

De ese total, unas 633 zonas francas —el 77%— se concentran en Centroamérica, Panamá y República Dominicana, una subregión que ha aprovechado la proximidad geográfica con Estados Unidos y los tratados de libre comercio.

En contraste, países como Chile lideran en número de compañías instaladas con más de 2.170 firmas, aunque su modelo está mayoritariamente orientado al bodegaje y la comercialización en zonas como la de Iquique.

El estudio de EY traza además una cronología que explica la madurez diferenciada de los regímenes. Uruguay fue el pionero en implementar el régimen de zonas francas en América Latina en 1923, seguido por Colombia en 1958 y Chile en 1963.

En la década de 1990, coincidiendo con la ola de reformas comerciales, se sumaron en bloque Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Argentina, Paraguay y El Salvador, mientras que las incorporaciones más recientes, como las de Ecuador en 2010 o Perú en 2021, buscan adaptar la normativa a industrias tecnológicas y prácticas sostenibles.

"Las zonas francas transforman la geografía económica de la región, conectando países con cadenas de valor más profundas y resilientes".

Esta evolución histórica ha fragmentado la competitividad regional en dos modelos con implicaciones distintas para la inversión.

Por un lado, República Dominicana y el bloque centroamericano han construido una ventaja basada en la escala y la disponibilidad inmediata de infraestructura física para acelerar la velocidad de instalación de las empresas.

Panorámica de La Lima Free Zone & Business Park, en Costa Rica. (Cortesía)

Por el otro, economías como Colombia y Uruguay muestran ecosistemas más intensivos en uso, con una mayor concentración de empresas y modelos productivos enfocados en servicios globales y tecnología de alto valor agregado.

El impacto de esta infraestructura es especialmente crítico en el istmo, donde las zonas francas se han consolidado como un componente estructural del modelo exportador.

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En Costa Rica, las ventas bajo este régimen representan el 56,9% del total de las exportaciones del país, una tendencia que se replica en República Dominicana con un 51,5%, en Nicaragua con un 48,9% y en Honduras con un 46%.