Alejandra Jáidar, la primera física mexicana y su rol clave para que México albergara uno de los aceleradores de partículas en operación "más antiguos del mundo"
La científica fue una pionera de la ciencia mexicana. No sólo fue la primera mujer que se gradúo en Física en ese país, sino que ayudó a transformar la divulgación científica en español para hacerla más accesible al público en general.

Fueron lágrimas de alegría las que Alejandra Jáidar derramó cuando atendió esa llamada.
Al otro lado de la línea, en el Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estaba el físico Eduardo Andrade, quien -conmovido- le contaba que el acelerador de partículas había comenzado a funcionar.
La emoción de la científica "se propagó como fuego" entre quienes se encontraban con ella, cuenta Leonardo Patiño, uno de sus sobrinos, en el documental "Cartas a Alejandra".
Ya estaba anocheciendo y Leonardo y su madre ayudaban a cuidar a Alejandra, que padecía un cáncer.
Para Leonardo, presenciar esa llamada fue atestiguar un momento de "emotividad humana y académica".
No solo era escuchar en la voz de su tía la satisfacción de que un objetivo se había cumplido, sino que quien la llamaba -"tan involucrado como ella para que eso pasara"- le trasmitiera "amor diciéndole: 'eso es tu obra'".
Esa llamada ocurrió a finales de julio de 1988. En septiembre de ese año, Alejandra moriría. Tenía 51 años.
"En mi familia no somos muy religiosos", le cuenta a BBC News Mundo su hijo Arturo de Alba.
"Al mausoleo de mi madre he ido poco, pero cada vez que voy a México, voy al Instituto de Física y ahí es donde siento que ella está".
Esta es la historia de una de las científicas más destacadas de México, cuyo legado es muy posible que te haya tocado a ti o a alguien que conoces.
El padre de Alejandra Jáidar Matalobos había llegado a México, junto a su familia, procedente del Líbano.
"Fueron inmigrantes de primera generación. Mi abuelo y sus hermanos eran muy empresariales y desde jóvenes se dedicaron a los negocios", cuenta Arturo.
En Veracruz, José Teodoro Jáidar Jacob conoció a Guadalupe Matalobos de la Flor. Se enamoraron, se casaron y tuvieron cuatro hijos: Alejandra, Julieta, Isabel y Pedro.
"Mi mamá nació en el Puerto de Veracruz y eso influyó en su personalidad. Veracruz es famoso por ser el más caribeño de los estados mexicanos, hay mucha alegría".
Le gustaba tocar el piano y cantar. Entre sus compositores favoritos estaba Chopin y, también, Agustín Lara.
"Algo muy formativo para ella fue una mina de mercurio que tuvo mi abuelo en Guerrero. Ella pasó mucho tiempo ahí", recuerda su hijo.
Como la mayor de los hermanos, asumió varias responsabilidades, entre ellas, conducir.
"No solo era su deseo de independencia, sino también porque mi abuelo la mandaba, a los 15, 16 años, con lo que llaman 'la raya' a pagarle la nómina a los trabajadores de la mina".
