4 grandes cambios en Reino Unido 10 años después del referendo sobre su salida de la Unión Europea (y qué tan posible es ahora su regreso al bloque)

El Brexit ha tenido efectos perniciosos para la economía, el comercio y la política británica.
Hace exactamente 10 años, un terremoto político, económico y social sacudió Reino Unido cuando una ajustada mayoría de votantes apoyó la salida del país de la Unión Europea (UE) bajo la promesa de un futuro mejor en solitario.
Muchos de los que votaron a favor del Brexit buscaban una mayor soberanía para tomar sus propias decisiones políticas, comerciales o económicas sin la intervención de Bruselas, así como reducir la inmigración o ganar peso en el escenario geopolítico internacional.
Una década después, la Unión Europea ya no marca la pauta de las decisiones británicas, pero muchas de las consecuencias de aquel divorcio se alejan de lo que los promotores del Brexit vendieron a sus votantes.
El número 10 de Downing Street ha visto pasar a seis primeros ministros en esta década, y espera a su séptimo este mismo verano después de que Keir Starmer anunciara este lunes su dimisión, algo insólito en las últimas décadas.
Abandonar el mayor mercado común del mundo ha tenido también importantes consecuencias para la economía y el comercio británico, y no ha reducido los flujos migratorios, sino que los ha aumentado, cambiando profundamente su composición.
Esto hace que muchos de los que hace diez años votaron a favor de abandonar la UE ahora se arrepientan de su decisión, según las últimas encuestas. Entre los que no pudieron votar, aquellos jóvenes que aún no habían cumplido la mayoría de edad pero que vivirán con las consecuencias del Brexit, el deseo de regresar a la unión es apabullante, de acuerdo con los sondeos.
Estos últimos diez años han sido muy convulsos en todo el mundo. La pandemia y la guerra de Ucrania sacudieron las economías mundiales en general, no solo la británica. La fragmentación política y el auge del populismo tampoco son únicos de Reino Unido, sino una tendencia que se ha asentado en muchos países del mundo.
Pero los expertos advierten de que en Reino Unido, el Brexit acentuó todos los efectos de esas corrientes mundiales.
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Fuente de la imagen, Vuk Valcic/SOPA Images/LightRocket via Getty Images
Durante décadas, Reino Unido fue un reducto de predictibilidad y estabilidad. Conservadores y laboristas se sucedían en el poder en un país marcado por el bipartidismo y sin demasiados dramas.
Los votantes acomodados de clase media solían inclinarse por los conservadores mientras que las clases trabajadoras lo hacían por los laboristas. El Brexit hizo estallar esa dicotomía al introducir un nuevo eje: marcharse de la UE o permanecer.
Desde entonces, seis primeros ministros -a la espera del séptimo-, han intentado dirigir el barco británico sin lograr mantenerse, en el mejor de los casos, más de dos años al timón.
"El Brexit ha sido tóxico para la política británica", explica a BBC Mundo la profesora Jun Du, directora general del Instituto de la Productividad británico.
Para la economista, la salida de la UE ha acentuado las divisiones que ya existían antes del referéndum, y "ha traído consigo situaciones más caóticas, más división en la política y en la economía social, con un impacto profundo, persistente y fundamental".
Si, como dicen, los referendos los carga el diablo, nadie mejor para ejemplificarlo que el que fuera primer ministro hace justo una década, David Cameron, quien se convirtió en la primera víctima política del Brexit.
Convocó el voto con la esperanza de que los británicos apoyaran su postura de permanecer en la UE y se acallaran las voces populistas que habían surgido a la derecha de su partido, lideradas por Nigel Farage y algunos conservadores.
Cameron dimitió y a su sucesora, Theresa May, le tocó negociar con la UE un divorcio durísimo, con un Parlamento dominado por diputados que se oponían al Brexit y un gobierno que se había puesto el objetivo de poner en marcha la separación en una fecha concreta, lo que también le costó el puesto.
Le siguió Boris Johnson, uno de los conservadores que más ardientemente había hecho campaña a favor del Brexit, y que también acabó dimitiendo, aunque en su caso por los escándalos de las fiestas que se organizaron en la sede del gobierno durante la pandemia.
Su reemplazo, Liz Truss, se convirtió en la primera ministra británica que menos tiempo pasó en el cargo, apenas 45 días, después de que el plan económico que vislumbró para el país pusiera nerviosos a los mercados e hiciera que la libra se desplomara.
La siguió Rishi Sunak, quien tuvo que acarrear las consecuencias de todos esos fracasos y llevó a su partido al mayor batacazo de la política británica desde la Segunda Guerra Mundial en las elecciones de 2024.
Ganaron los laboristas, que llevaron a la jefatura del gobierno a Keir Starmer pero, sobre todo, perdieron los conservadores, lastrados por las promesas incumplidas del Brexit, los escándalos reputacionales y una economía estancada.
Pero también por la irrupción en la política británica del partido populista de derechas Reform UK, liderado por Nigel Farage, al que el Brexit dio un argumentario y una plataforma política, y que ha drenado las filas de votantes conservadores.
Ahora el propio Starmer acaba de dimitir tras dos años al frente del gobierno, y abandonará Downing Street tan pronto como su partido elija un reemplazo.
Starmer prometió acabar con el "caos" de la política británica, pero el alto coste de la vida, varios escándalos y la debacle electoral de las últimas elecciones locales, en las que Reform UK arrasó, han alimentado un motín dentro del propio Partido Laborista, y Starmer no ha aguantado la presión.
Para Jill Rutter, investigadora sénior del Institute for Government, "puede que eso no se deba al Brexit, pero es difícil afirmar que los cambios políticos de los últimos diez años no hayan influido en ello", escribe en un informe elaborado con motivo de los diez años del Brexit.
La fragmentación política no es un fenómeno único de Reino Unido, como tampoco lo es el auge de los partidos populistas de derechas, uno de los acontecimientos políticos más significativos del siglo XXI en los países occidentales.
Pero en Reino Unido, argumenta Anand Menon, director del centro de análisis UK in a Changing Europe (Reino Unido en una Europa cambiante), el Brexit se convirtió además en un factor que "podría haber facilitado el actual auge del apoyo a los partidos populistas".
Y eso fue uno de los factores de que el bipartidismo se haya erosionado.
Mientras que en 2019 los dos partidos gobernantes tradicionales obtuvieron el 76% del voto popular, esta cifra cayó al 58% en las elecciones de 2024, disminuyendo aún más en todas las elecciones desde entonces con el ascenso de Reform UK en la derecha y los Verdes en la izquierda, apunta Jill Rutter.
El embrión del partido que lidera Farage surgió tras la crisis de 2008. Entonces se llamaba UK Independence Party, y tenía como objetivo principal abandonar la UE.
Su ascenso en las encuestas llevó a David Cameron a convocar el referéndum del Brexit con la esperanza de acallarlos con una victoria en las urnas. Esto no sucedió y, lejos de hacer que la llama que portaba Farage se apagara una vez conseguido su objetivo, las ideas de la formación permearon el Partido Conservador.


