La UE acelera para tener listos sus próximos presupuestos bajo la amenaza de los recortes
Irlanda se hace cargo de la presidencia del Consejo de la UE con la prioridad de tener listas las cuentas 2028-34, mientras Alemania reclama grandes ajustes

Irlanda se hace cargo de la presidencia del Consejo de la UE con la prioridad de tener listas las cuentas 2028-34, mientras Alemania reclama grandes ajustes
Irlanda apenas tiene algo más de tres meses, con el parón de agosto en medio, para desencallar la negociación sobre los próximos presupuestos europeos. "Haremos lo que esté en nuestra mano para alcanzar un acuerdo en el Consejo antes de que termine el año sobre el próximo presupuesto. No nos hacemos ilusiones sobre la cantidad de trabajo que hay que realizar para lograrlo", ha declarado recientemente el primer ministro, Micheál Martin. Poco después de que se supiera que un documento interno del Gobierno alemán reclama un ajuste del 400.000 millones sobre la propuesta de unos dos billones que fue presentada hace ahora un año. La posición de Alemania no sorprende, pero la magnitud del recorte dificulta la tarea de lograr un acuerdo que todos dicen que debe estar listo antes de acabar este año. "Lo necesitamos", advirtió el presidente del Consejo Europeo, António Costa, este 1 de julio en la ceremonia que inauguraba el semestre en el que Irlanda tendrá que coordinar las negociaciones entre los Estados miembros.
La Comisión Europea lanzó su propuesta para los próximos presupuestos europeos , los que van de 2028 a 2034, hace ahora un año. En este tiempo se ha avanzado en la estructura legal de las cuentas, pero apenas se ha entrado a hablar de cifras. Le corresponde a Irlanda remangarse y presentar una plataforma de negociación en octubre, con tiempo para poder acabar con el tira y afloja antes del 31 de diciembre. La que hay, presentada por Chipre hace unas semanas, no gustó a nadie. Ni a los autodenominados "Amigos de la Cohesión", un grupo de países que apuesta por unas cuentas más generosas que mantengan los niveles de gasto de partidas tradicionales de la UE (política agraria y Cohesión), entre los que está España; ni a los llamados frugales, inclinados por unos presupuestos más reducidos con más peso en el gasto de capítulos que apuntan a las nuevas prioridades europea (Defensa, Seguridad, Competitividad). En estos países se incluye Alemania, el Estado más grande de la Unión, y que inmerso como está en ajustes internos también los exige para la Unión, según el documento que pedía ese recorte de cerca del 20% del presupuesto de la UE.
Para evitar la rebaja −o, al menos, para minorarla- en el horizonte aparece la creación de una suerte de impuestos europeos que en el argot comunitario se le llaman "nuevos recursos propios" . "Necesitamos unos 66.000 millones al año en nuevos recursos propios", explicó la presidenta de Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras uno de los actos protocolarios de la inauguración de la presidencia irlandesa el viernes. Hay tres opciones, vino a decir. Esos impuestos serían una. Otra es "aumentar las contribuciones nacionales", señalando una alternativa que Alemania, Países Bajos, Austria o Suecia no contemplan. La otra sería "recortar para compensar esos 66.000 millones". Y eso, según explicó hace unos días el comisario europeo de Presupuestos, Piotr Serafin, puede acabar por afectar a las partidas que los países frugales quieren impulsar: Defensa y Competitividad. "La verdad es que un presupuesto más frugal no tiene que ser necesariamente más moderno", apunta el polaco.
Von der Leyen no tiene dudas: "Esto demuestra la importancia crucial de los nuevos recursos propios". La Comisión puso sobre la mesa varias opciones: un impuesto sobre las empresas que facturan más de 100 millones, otro sobre el tabaco y una tercera que pasa por quedarse parte de lo que ahora recaudan los Estados por los derechos de emisión de carbono. El Parlamento Europeo ha añadido otras tres tasas al debate: sobre criptoactivos, sobre apuestas digitales y sobre servicios digitales. Esta última, en realidad, tiene poco de nueva. Es una vieja idea que estaba en estudio por la OCDE para ver su viabilidad, pero que perdió fuelle con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Ha sido precisamente la propia reacción de Trump a que la UE baraje esa opción la que ha mostrado que no será fácil sacarla adelante. El presidente de Estados Unidos amenazó con imponer aranceles −una vez más− si la idea cogía fuerza. No obstante, la potencial recaudación de esta tasa también explica por qué suele renacer la idea: la Comisión calculó en mayo que si se hacía como lo hacen ahora España, Francia o Italia se podrían ingresar unos 5.000 millones al año; un mes después, el Parlamento Europeo, incluyendo el comercio electrónico y los servicios en la nube, entre otros, elevó la cifra a 43.000 millones.
Pero esta opción pone en una posición incómoda a Irlanda, donde se ubican las sedes en Europa de la mayoría de grandes empresas tecnológicas, principalmente procedentes de Estados Unidos, pero también de China (ByteDance, la matriz de Tiktok). Por eso, el primer ministro o Taoiseach, nombre oficial del jefe del Gobierno irlandés, no ha dejado de recordar en los actos con los que se inauguraba la presidencia del Consejo de la UE por su país que su papel durante estos seis meses será "imparcial", como corresponde al Estado que debe coordinar los debates.
"Hay empresas tecnológicas en muchas economías de Estados miembros, y nosotros, como Irlanda, también contamos con un número considerable de ellas. Estábamos analizando los recursos propios", apuntó de forma genérica sin entrar en más detalles ni compromiso.
Sinergia Empresarial continuará el seguimiento de esta información sobre la UE acelera para tener listos sus próximos presupuestos bajo la amenaza de los recortes y ampliará la cobertura conforme se confirmen nuevos elementos relevantes para el ecosistema empresarial.
